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22 de marzo 2024 - 18:00

El salmo que para los católicos es infalible para quienes quieren tener abundancia y prosperidad

En las próximas horas se intensificarán los momentos de oración para los creyentes y por eso es bueno saber cuál es el camino que recomienda la Biblia.

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 El salmo que para los católicos es infalible para quienes quieren tener abundancia y prosperidad

Durante la próxima semana, los católicos vivirán la Semana Santa, que es un tiempo de preparación para la Pascua, es decir, cuando se conmemora la resurrección de Jesucristo. Una manera de estar más cerca de Dios en esos días es siguiendo el camino que indica la Biblia.

Los especialistas indican que en el Libro de Proverbios se le recuerda a los católicos que no solo se trata de recibir, sino de dar; de ponerse en el papel del pobre: “Hay gente desprendida que recibe más de lo queda, y gente tacaña que acaba en la pobreza. El que es generoso, prospera; el que da, también recibe; al que acapara trigo, la gente lo maldice, al que lo vende, lo bendice” (Proverbios 11:24-26).

A su vez, recomiendan comenzar la lectura con una Lectio Divina, es decir, una lectura orante que tiene unos pasos definidos para poder meditar sobre el texto sagrado elegido:

Biblia

Este es el idioma al que la Biblia nunca había sido traducida pero que ya tiene su propia edición

Cuál es el salmo que rezan los católicos para la abundancia y la prosperidad

En la Biblia dispone de 150 salmos, es decir, oraciones sobre la experiencia del diálogo con Dios. “En los salmos, el creyente encuentra una respuesta. Él sabe que, incluso si todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta. Si incluso todo el mundo hubiera emitido un veredicto de condena, en Dios hay salvación”, explicó en su momento el Papa Francisco, citado por la Arquidiócesis de Bogotá.

Para la prosperidad y la abundancia está el Salmo 144: 1-15 - Gratitud de un rey a Dios De David.

Bendito sea el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la batalla y mis puños para el combate;

mi amor, mi fortaleza, mi ciudadela y mi libertador, el escudo con el que me protejo, el que somete a los pueblos bajo mi poder.

Señor, ¿qué es el hombre para que te cuides de él, este mortal para que en él pienses?

El hombre es como un soplo, sus días como sombra que pasa.

Señor, despliega los cielos y desciende, toca los montes para que echen humo;

haz estallar el rayo y dispérsalos, lanza tus saetas y destrúyelos.

Extiende tu mano desde lo alto y sálvame, líbrame de las aguas torrenciales, de la mano de una raza extranjera,

cuya boca dice falsedades y cuya diestra jura en falso.

Oh Dios, voy a cantarte un cantar nuevo, a tocar para ti la lira de diez cuerdas.

Tú das a los reyes la victoria, tú salvas a tu siervo David de la espada mortal.

Sálvame y líbrame de las manos de una raza extranjera, cuya boca dice falsedades y cuya diestra jura en falso.

Que nuestros hijos sean en su juventud como plantas frondosas, y nuestras hijas como cariátides, modelos de palacios;

que nuestros graneros estén llenos, rebosantes de frutas de todas las especies; que nuestros rebaños se multipliquen a millares, a miles y miles por nuestras praderías;

que nuestros bueyes vengan bien cargados, que no haya brechas ni fugas, ni gritos de alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que tiene todo esto, dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

En términos de abundancia, no solo se trata de recibir, sino también de dar - crédito Pixabay

En términos de abundancia, no solo se trata de recibir, sino también de dar - crédito Pixabay

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