Las predicciones sobre terremotos siguen siendo uno de los grandes desafíos de la ciencia. Durante 2026, varios sismos de magnitud elevada en distintas regiones del planeta alimentaron la percepción de que la Tierra está temblando más de lo habitual, pero los especialistas consultados por ABC advierten que los datos disponibles no permiten sostener esa conclusión ni vincular todos los eventos entre sí.
Las predicciones sobre los terremotos crecen: qué dice la ciencia ante el aumento de sismos en distintas partes del mundo
Predicciones sobre terremotos: los datos de 2026 no prueban un aumento global de sismos y la ciencia aún no puede anticipar fechas exactas.
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Las predicciones sobre los terremotos crecen: qué dice la ciencia ante el aumento de sismos en distintas partes del mundo.
La dificultad no está en reconocer las regiones donde existe peligro sísmico, sino en anticipar con precisión cuándo se producirá un terremoto. Los investigadores pueden estudiar fallas, registrar movimientos anteriores y estimar periodos de recurrencia, pero todavía no cuentan con un método que determine de forma fiable la fecha de un gran sismo.
Qué dicen las predicciones: está aumentando la actividad sísmica en el mundo
La sucesión de terremotos de gran magnitud durante 2026 puede dar la impresión de que la actividad sísmica se intensificó. Entre los episodios destacados por ABC figuran movimientos en Filipinas, Venezuela, México, Colombia e Indonesia, algunos de ellos con consecuencias graves para la población.
Sin embargo, la frecuencia de los eventos debe analizarse en una serie más amplia y no solamente a partir de los terremotos que ocuparon titulares. Los datos del Centro Nacional de Información sobre Terremotos (NEIC, por sus siglas en inglés), citados en el artículo, contabilizaban 11 sismos de magnitud igual o superior a 7 hasta el 17 de agosto de 2026.
El registro anual presenta variaciones importantes: en 2020 se contabilizaron nueve terremotos de esa magnitud; en 2021 fueron 19; en 2022, 11; en 2023, 19; en 2024, 10; y en 2025, 16. El número de 2026 hasta mediados de agosto se encontraba dentro de esa variabilidad, por lo que no constituía evidencia suficiente de un aumento sostenido.
Los expertos citados en la publicación también descartan que los grandes sismos ocurridos en lugares distantes tengan necesariamente una causa común. Los terremotos registrados durante el año se produjeron en ambientes tectónicos diferentes, lo que impide atribuirlos a un único fenómeno global con la información disponible.
La percepción social también puede verse afectada por la gravedad de algunos episodios. Cuando un terremoto golpea una zona densamente poblada y deja víctimas o daños extensos, recibe una atención mucho mayor que un movimiento de magnitud similar ocurrido lejos de centros habitados.
A esto se suma la velocidad con la que circulan las noticias. Los teléfonos móviles, las redes sociales, los satélites y los medios digitales permiten conocer casi de inmediato un terremoto ocurrido en otro continente. Esa visibilidad global puede hacer que los eventos parezcan más frecuentes, aunque los registros no indiquen una tendencia creciente.
Por qué todavía no se puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto
La actividad sísmica está relacionada con el movimiento continuo de las placas tectónicas. La litosfera, la capa rígida exterior de la Tierra, está dividida en bloques que se desplazan y acumulan tensiones; cuando esas tensiones se liberan, pueden producirse terremotos.
El sistema es complejo porque las placas y las fallas interactúan entre sí. Los movimientos de una zona pueden modificar las condiciones de otras partes del sistema, pero eso no significa que cualquier terremoto desencadene otro en una región distante. Para establecer una relación entre dos eventos se necesitan pruebas específicas, no solamente que hayan ocurrido con pocos días de diferencia.
Los especialistas pueden identificar zonas sísmicas, estudiar el comportamiento de las fallas y calcular periodos aproximados de recurrencia. No obstante, esas estimaciones pueden abarcar siglos y tener márgenes de error muy amplios, un horizonte que resulta difícil de traducir en una fecha útil para la población.
La falla de San Andrés, en California, es un ejemplo de esa limitación. Los modelos consideran posible que en la región se produzcan grandes terremotos con cierta recurrencia, pero no permiten afirmar con precisión si el siguiente ocurrirá en cinco, diez o quince años.
La diferencia entre pronóstico y predicción es fundamental. La ciencia puede estimar probabilidades de que ocurra un terremoto en determinada región durante un periodo amplio; eso no equivale a saber el día y la hora en que se producirá un evento concreto.
Los sismólogos también estudian los registros históricos y las observaciones sobre el terreno, pero todavía existen muchas incógnitas acerca del comportamiento detallado de las fallas. Por ello, las declaraciones sobre una fecha exacta o sobre una supuesta cadena mundial de terremotos deben evaluarse con cautela.
Aunque la fecha de un terremoto no pueda determinarse con precisión, sí es posible reducir sus consecuencias. La calidad de las construcciones, el cumplimiento de las normas de seguridad y la preparación de las comunidades tienen un papel central en la prevención de daños y muertes.
Los especialistas citados por ABC recuerdan que un mismo movimiento puede tener consecuencias muy diferentes según dónde ocurra, la profundidad, las características del suelo y la resistencia de los edificios. Un terremoto en una zona remota puede producir menos impacto social que otro de menor magnitud en una ciudad densamente poblada.
Por esa razón, el seguimiento científico no debe confundirse con la posibilidad de anunciar terremotos con anticipación exacta. Los mapas de peligro y los estudios de fallas sirven para orientar decisiones de planificación y construcción, aunque no permitan establecer una fecha concreta para el próximo evento.
La conclusión de los expertos es que los datos disponibles hasta agosto de 2026 no mostraban una tendencia creciente clara en la cantidad de terremotos de magnitud 7 o superior. La actividad sísmica continúa siendo un fenómeno natural complejo y, por ahora, la prevención y la preparación siguen siendo herramientas mucho más fiables que cualquier anuncio de una fecha precisa.



