A nivel global se conoce que hay dos tipos de biblias: la Biblia católica y la Biblia protestante. Esta distinción significativa se da porque la primera tiene 73 libros (46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento); mientras que la protestante consta de 66 libros.
El término "canon bíblico", originado del griego "kánon" que significa "vara de medir", se usa para designar los libros considerados sagrados en el cristianismo, como se estableció en varios concilios, incluidos los de Roma, Hipona y Cartago, y más tarde reafirmado en los de Florencia y Trento.
Además de la cantidad de libros, las Biblias católicas y protestantes varían en la traducción de ciertos pasajes, como en Lucas 1, 28, donde "Kejaritomene" se traduce como "llena de gracia" o "muy favorecida" respectivamente. Sin embargo, la diferencia más notable es la exclusión de los siete libros deuterocanónicos en la versión protestante: Tobías, Judit, Baruc, Ester, I de Macabeos, II de Macabeos, Sabiduría y Eclesiástico (Sirácides), a menudo referidos como apócrifos por las comunidades protestantes.
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Quién fue el responsable de que la Biblia sea más pequeña
En 1534, Marín Lutero realizó la traducción de la Biblia al alemán, y ahí fue cuando situó estos libros en un apéndice, y se consolidó un siglo después en la Confesión de fe de Westminster, excluyendo definitivamente estos libros deuterocanónicos de las Biblias protestantes.
De esta manera, Martín Lutero aseguraba que los siete libros deuterocanónicos eran apócrifos, basándose en su criterio de que estos libros no estaban en armonía con el resto de las Escrituras y que no eran consistentes con las enseñanzas centrales que él consideraba fundamentales para la fe cristiana. Lutero buscaba una base más sólida en las Escrituras para las doctrinas cristianas y no encontraba en estos libros el mismo nivel de autoridad que en otros textos bíblicos.
Otra razón importante fue que estos libros no formaban parte del Tanaj, el canon judío del Antiguo Testamento. Lutero, en su esfuerzo por alinear las Escrituras cristianas más estrechamente con las hebreas, optó por excluir los libros que no estaban presentes en el canon judío.
Cabe destacar que, aunque Lutero cuestionaba la autoridad de estos libros, no los eliminó completamente de su traducción de la Biblia; en cambio, los trasladó a un apéndice, indicando que podrían ser edificantes para leer, pero no debían utilizarse para establecer ninguna doctrina de la Iglesia.
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