El contador de la UNAM que se hizo cargo del negocio familiar de CDMX tras la muerte de su padre y la convirtió en uno de los mayores imperios de México
El empresario fundó la empresa a los 26 años tras heredar el negocio familiar. Así construyó el mayor imperio panificador del mundo desde la CDMX.
El contador de la UNAM que se hizo cargo del negocio familiar de CDMX tras la muerte de su padre y la convirtió en uno de los mayores imperios de México
Hay historias empresariales que nacen de la ambición. Otras, de la necesidad. La de Lorenzo Servitje Sendra pertenece a la segunda categoría, aunque con el tiempo derivó en algo que pocos hubieran imaginado en los pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde este joven de origen catalán estudiaba contaduría pública a mediados de la década de 1930. Tenía 18 años, libros bajo el brazo y un padre que acababa de morir. No había tiempo para el duelo: había una pastelería que sostener.
Lo que vino después no fue un camino recto ni sencillo. Fue el resultado de dos décadas de aprendizaje forzoso, lecturas de revistas especializadas importadas de Estados Unidos, y una obstinación particular por hacer las cosas a escala. El joven contador que atendía clientes y cuadraba cuentas en El Molino de Argentina —la pastelería que su padre Juan Servitje había fundado a finales de los años veinte— fue acumulando silenciosamente una visión que iba mucho más allá de vender pan en la Ciudad de México.
Cuando en 1945 abrió las puertas de la Panificadora Bimbo, Servitje tenía 26 años, 34 empleados, cuatro productos y un local que no era suyo. Hoy, siete décadas después de ese arranque modesto, Grupo Bimbo es la panificadora más grande del mundo. No el más grande de México. Del mundo.
bimbo
Desde un local prestado por su suegro, el egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México levantó la panificadora más grande del planeta.
Así nació el imperio Bimbo: la historia de Lorenzo Servitje
Todo comenzó mucho antes de Bimbo. Lorenzo nació el 20 de noviembre de 1918 en la Ciudad de México, hijo de inmigrantes españoles de raíz catalana. Su padre, Juan Servitje, había llegado a México en 1904 desde Ódena, Barcelona, y encontró en la panadería su modo de vida. Su madre, Josefina Sendra, llegó diez años después. Lorenzo fue el mayor de cinco hermanos y creció literalmente entre harina y hornos.
La muerte de Juan Servitje en diciembre de 1936 golpeó a la familia en el peor momento posible: Lorenzo era universitario, el mayor de los hijos, y de pronto era también el responsable de que el negocio no cerrara. Dejó de ser estudiante a tiempo completo para convertirse en gerente a tiempo completo, aunque nunca abandonó la formación que la UNAM le había dado. Al contrario: la contaduría le permitió leer el negocio con una precisión que pocos en su entorno tenían.
Lorenzo Servitje
Lorenzo Servitje estudió contaduría en la Universidad Nacional Autónoma de México y usó cada número aprendido para construir un emporio.
Durante años manejó El Molino, lo hizo crecer, lo convirtió en referencia dentro de la Ciudad de México. Pero su cabeza estaba en otro lado. Las revistas estadounidenses del sector, como Baker's Helper, le mostraban un modelo industrial que en México apenas existía: pan producido en serie, empacado, distribuido masivamente. En 1944, su tío Jaime Sendra Grimau —encargado de producción en El Molino— le plantó la semilla definitiva: era momento de dar el salto.
Un año después, el 2 de diciembre de 1945, Lorenzo Servitje fundó junto a su hermano Roberto y su cuñado Jaime Jorba Sendra la Panificadora Bimbo. El local lo facilitó su suegro, Daniel Montull Segura, empresario del ramo cerillero que había llegado desde España y que vio en su yerno algo que valía la pena apostar. La empresa arrancó con cuatro productos: pan grande, pan chico, pan negro y pan tostado. Nada extraordinario en papel. Extraordinario en ejecución.
Lo que diferenció a Bimbo desde el principio no fue solo el producto, sino la forma de venderlo. Servitje entendió antes que nadie que el pan industrial necesitaba marca, no solo sabor. Invirtió en publicidad radiofónica, creó historietas protagonizadas por el osito Bimbo —hoy uno de los logos más reconocibles de México— y construyó una red de distribución que fue creciendo ciudad por ciudad, estado por estado, país por país.
Encabezó el Grupo Industrial Bimbo entre 1963 y 1993, tres décadas en las que la empresa dejó de ser una panificadora capitalina para convertirse en un gigante con presencia internacional. Desde los años noventa y hasta su muerte, siguió activo como parte del consejo de administración. No era un fundador que se retira a cobrar dividendos: era un constructor que nunca dejó de construir.
Lorenzo Servitje
La Universidad Nacional Autónoma de México formó al hombre que convirtió cuatro tipos de pan en un negocio multimillonario con presencia global.
Fuera del mundo de los negocios, Servitje fue igual de metódico. Ocupó cargos en la Cámara Nacional de Comercio, en el Consejo Coordinador Empresarial y en el Consejo Nacional de la Publicidad. Promovió la reforestación —en 2008 impulsó la siembra de 9.3 millones de árboles en un solo día— y dedicó sus últimos años a la Asociación Más Ciudadanía, convencido de que un buen empresario tenía obligaciones con algo más grande que su propio balance.
En 2013, el World Business Forum le rindió homenaje como uno de los grandes empresarios que cambiaron la forma de hacer negocios en México. No lo recibió como una distinción honorífica: aprovechó el micrófono para hablar de valores, responsabilidades y de lo que significa construir algo que trascienda a quien lo fundó.
Lorenzo Servitje murió el 3 de febrero de 2017 en la Ciudad de México, a los 98 años. Dejó una empresa valuada en miles de millones de dólares, presencia en decenas de países y una historia que empezó con un padre que murió demasiado pronto y un hijo que decidió no dejar caer lo que ese padre había levantado. El pan que horneó su familia durante generaciones terminó alimentando al mundo.
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