El debate por la transformación de las condiciones laborales en México ha tomado un giro radical desde el norte del país. Mientras que a nivel federal se avanza hacia la aprobación de la reforma para reducir el horario de 48 a 40 horas, diversas organizaciones de trabajadores en Tijuana han puesto sobre la mesa una contrapropuesta mucho más ambiciosa: reducir la jornada laboral a 35 horas semanales. Esta iniciativa local no solo busca un cambio profundo en beneficio del sector asalariado, sino que desafía la pauta de gradualidad que defienden los organismos patronales de cara al año 2030.
Ni 48 ni 40 horas: esta es la propuesta de Tijuana para reducir la jornada laboral
Organizaciones de trabajadores en Baja California impulsan un cambio histórico que desafía el esquema de gradualidad empresarial y busca revolucionar la productividad nacional.
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Checa la situación que se plantea en la ciudad de Tijuana.
El dilema de la viabilidad: productividad vs. costos operativos
Quienes encabezan este proyecto en la frontera aseguran que una semana laboral de 35 horas no solo elevará de forma inmediata la calidad de vida y la salud mental de los empleados, sino que representa la gran oportunidad para modernizar la forma en que produce el país. El argumento central se basa en tendencias globales, respaldadas por declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, que demuestran que laborar menos horas estimula un mayor rendimiento y eficiencia en los centros de trabajo.
No obstante, el sector empresarial, representado por organismos como la Coparmex y el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index) en la Zona Costa, observa el panorama con cautela. Los líderes patronales advierten que un recorte tan drástico de horas sin una transición progresiva podría impactar la oferta laboral y la competitividad de la industria pesada y la maquila. El reto principal para las compañías radicaría en mantener los volúmenes de producción actuales con el mismo número de personal, lo que obligaría a reestructurar turnos, recurrir al pago de horas extras o asumir contrataciones adicionales que elevarían los costos de operación.
A pesar de las fricciones económicas y el temor de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) ante un desbalance financiero, el movimiento en Tijuana deja en claro que el piso mínimo de la discusión ha cambiado. La exigencia social demuestra que el sector trabajador ya no solo busca alcanzar las 40 horas, sino avanzar de forma decidida hacia esquemas que pongan el bienestar familiar y la modernización laboral en el centro de la agenda nacional.
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