Para entender por qué un médico que imparte clases en Querétaro es considerado una figura "non grata" en el imaginario futbolístico de Argentina, es necesario viajar en el tiempo hasta el verano europeo de 1990. Hablamos de Edgardo Codesal Méndez, un hombre cuya silueta vestida de negro quedó grabada en la memoria amarga de millones de sudamericanos, pero que en la actualidad lleva una vida tranquila, académica y profesional en territorio mexicano.
Aunque ostenta la nacionalidad mexicana con mucho orgullo y representó a nuestro país en la máxima justa del fútbol mundial, sus raíces provienen de otra latitud: nacido en Montevideo, Uruguay, el 2 de junio de 1951, Codesal llevaba el reglamento en la sangre. Hijo del también árbitro mundialista uruguayo José María Codesal, su vínculo con el balón comenzó desde su etapa de jugador en el Baby Fútbol y, posteriormente, atajando como portero en las fuerzas juveniles del Club Atlético Cerro de Montevideo.
No obstante, su verdadero llamado estaba en impartir justicia. En 1976 comenzó su carrera como juez en Uruguay y para 1977 ya pitaba en la Primera División. Fue en el año 1980 cuando su vida dio un giro definitivo al viajar a México. En tierras aztecas tuvo contacto con la Federación Mexicana de Fútbol, se naturalizó y comenzó a dirigir en el balompié nacional, ganándose el respeto y el gafete para partidos internacionales.
Italia 1990: el torneo que lo marcó para siempre
La cúspide de su carrera llegó al ser designado para representar a México y a la CONCACAF en la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990. Su paso por aquel torneo estuvo lleno de decisiones determinantes antes de llegar al partido por el título:
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Fase de grupos (Italia vs. Estados Unidos): Concedió un penal a favor de la selección anfitriona, cuyo remate terminó impactando contra el poste.
Cuartos de final (Camerún vs. Inglaterra): Fue el encargado de señalar tres penales en un mismo juego; uno a favor de los africanos y dos decisivos para los ingleses, mismos que fueron convertidos por el histórico Gary Lineker.
La final que desató la furia de Argentina
El punto de quiebre absoluto en su carrera ocurrió en la gran final disputada entre Argentina y Alemania Federal. Aquel partido no solo definió al campeón del mundo, sino que también convirtió a Codesal en el blanco de las críticas argentinas de por vida.
Durante el tenso encuentro, el árbitro mexico-uruguayo tomó decisiones que la albiceleste jamás perdonaría:
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Las expulsiones: Mostró la tarjeta roja a dos jugadores argentinos; primero a Pedro Monzón en el minuto 65, y luego a Gustavo Dezotti en la recta final (minuto 87).
El penal decisivo: En el minuto 84, marcó una falta dentro del área sobre el delantero alemán Rudi Völler. La pena máxima fue convertida en gol por Andreas Brehme, sentenciando el triunfo germano por 1-0.
Tras escuchar el silbatazo final en ese estadio de Roma, Edgardo Codesal jamás volvió a arbitrar de manera profesional. Esa final representó su despedida definitiva de las canchas como juez central.
El presente: medicina, medios de comunicación y Querétaro
Lejos del bullicio de los estadios mundialistas, la vida actual de Codesal es multifacética y fuertemente arraigada en nuestro país. En el ámbito directivo, ha sido miembro de la comisión de arbitrajes de la FIFA, director de los árbitros de la CONCACAF y, de 2014 a 2017, encabezó la Dirección de la Comisión de Arbitraje en México.
En el mundo de los medios, ha colaborado activamente aportando su análisis en el programa "Los Deportes" de ESPN Deportes Radio, fungió como el juez en "La Corte del Fútbol" por TDN y ha escrito columnas para el portal web Mediotiempo.com.
Sin embargo, su faceta más sosegada la ejerce hoy en día en el estado de Querétaro. Retomando su profesión de la salud, Codesal Méndez dedica su tiempo libre a compartir su conocimiento científico, impartiendo clases en la licenciatura en Medicina dentro de las aulas de la Universidad del Valle de México (UVM) Campus Querétaro. Un giro de vida total para el hombre que un día tuvo el destino del fútbol mundial en el silbato.