19 de marzo 2026 - 21:00

El pueblito de Jalisco con pirámides únicas en el mundo para hacer una escapada durante el Mundial 2026

Una localidad jalisciense destaca en el mapa arqueológico nacional por albergar estructuras prehispánicas con características arquitectónicas que no se repiten en otros sitios.

Una visita obligada si viajas a Jalisco por el Mundial 2026.

Una visita obligada si viajas a Jalisco por el Mundial 2026.

El estado de Jalisco resguarda entre sus límites geográficos una localidad que destaca por su riqueza histórica y arqueológica.

A diferencia de los centros ceremoniales más conocidos del país, este destino cuenta con edificaciones que desafían los patrones convencionales de la arquitectura mesoamericana, atrayendo la atención de investigadores internacionales.

Si tienes ganas de salir de la rutina sin manejar demasiadas horas, Jalisco esconde un rincón que combina perfectamente la historia antigua, paisajes naturales y una gastronomía que ya es marca registrada de la zona. Se trata de Teuchitlán, un destino que muchos habitantes de la capital tienen en la mira y que, sin duda, debe ser tu próxima parada en el calendario.

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Cómo es Teuchitlán, Jalisco

Situado a solo 55 kilómetros hacia el poniente de Guadalajara, el nombre de este municipio proviene del náhuatl y se traduce como "lugar dedicado a la divinidad". Y no es para menos: el sitio alberga uno de los asentamientos arqueológicos más singulares del planeta, además de una presa con un corredor de restaurantes donde se come de maravilla. Lo mejor es su cercanía; puedes aventurarte en un viaje de ida y vuelta el mismo día o, si prefieres desconectarte de verdad, quedarte todo el fin de semana.

Normalmente, al hablar de pirámides en México, lo primero que viene a la mente es el estilo de Teotihuacán o la zona maya. Sin embargo, los Guachimontones rompen con todo lo establecido, y ahí radica su magia. Este centro ceremonial fue el corazón de la "Tradición Teuchitlán", una cultura que tuvo su esplendor entre los años 350 a.C. y 350 d.C.

Lo que realmente impacta es su arquitectura: son estructuras circulares escalonadas con un altar al centro y plataformas rectangulares que las rodean, creando una silueta similar a los radios de una rueda. Se dice que estas edificaciones estaban dedicadas a Ehécatl, el dios del viento, y que en su época dorada solo la élite religiosa y política tenía permitido el acceso.

Gran parte de lo que hoy conocemos se lo debemos al arqueólogo Phil Weigand, quien pasó décadas estudiando la zona. Él definió los cinco pilares que componen estos conjuntos: el altar central, el patio elevado, la banqueta anular, las plataformas y las tumbas de tiro subterráneas. Cabe destacar que el sitio es tan vasto que todavía hay mucho por descubrir bajo la tierra.

Antes de subir a las ruinas o al terminar el recorrido, es indispensable pasar por el Centro Interpretativo Guachimontones. Ahí podrás ver de cerca las piezas originales, figuras de barro y herramientas rescatadas en las excavaciones que ayudan a entender cómo vivía esta civilización del occidente mexicano.

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