Zacatlán de las Manzanas se consolidó como el pueblo de Puebla con mayor afluencia turística durante el primer trimestre de 2026, al registrar más de 105 mil visitantes según las estadísticas oficiales del sector. Este rincón serrano atrae a miles de viajeros que buscan escapar de las altas temperaturas gracias a su privilegiada ubicación geográfica a más de dos mil metros sobre el nivel del mar.
La Secretaría de Turismo federal, conocida por sus siglas SECTUR, reveló en su reporte trimestral que las doce localidades con denominación típica en el estado acumularon medio millón de llegadas. Dentro de este selecto grupo, la tierra de las manzanas y los relojes monumentales superó por amplio margen a otros puntos emblemáticos gracias a su clima fresco constante y su cercanía con la capital del país.
Llegar desde la Ciudad de México resulta sumamente sencillo para quienes viajan en auto particular o autobús, tomando la autopista rumbo a Pachuca y desviándose hacia Tulancingo para conectar directamente con la carretera federal. Este trayecto de aproximadamente tres horas regala una transición inmediata entre el bullicio urbano y los paisajes boscosos envueltos en neblina.
La bruma matinal y la densa vegetación de la Sierra Norte garantizan un microclima fresco durante todo el año.
Qué hacer en este pueblo de Puebla: el secreto térmico de la Sierra Norte frente al bochorno metropolitano
El principal imán de este destino radica en sus condiciones meteorológicas, donde los termómetros oscilan plácidamente entre los 18 y 22 grados centígrados durante el día. Por las noches, el ambiente desciende por debajo de los diez grados, obligando a los visitantes a buscar abrigo y cobijas sin importar la época del año en que decidan realizar su visita.
Esta singularidad climática se debe a su abundante vegetación y a una altitud que frena los rayos solares más intensos, generando brumas matinales que arropan las calles empedradas del centro histórico. Los turistas que caminan junto al emblemático Reloj Floral encuentran un piso fresco y un aire ligero que invita a recorrer cada rincón sin el agobio característico de las grandes urbes.
Las calles empedradas del centro histórico permiten un recorrido relajado sin la preocupación del calor intenso.
El turismo activo encuentra en este municipio un escenario ideal para explorar senderos boscosos que conducen hacia impresionantes caídas de agua como el Salto de Tulimán. Al atardecer, la recomendación de los lugareños es caminar por los miradores de cristal suspendidos sobre la Barranca de los Jilgueros, donde la neblina danza entre los abismos y la temperatura desciende notablemente.
Para completar la experiencia de viaje, resulta indispensable visitar las huertas locales dedicadas a la producción de manzana y la elaboración artesanal de sidra. La oferta culinaria complementa el paseo con el tradicional pan relleno de queso y diversas opciones de repostería que se disfrutan mejor acompañadas de una bebida caliente al caer la noche.