La presencia de fauna silvestre en áreas urbanas y suburbanas suele generar complicaciones en el mantenimiento de las viviendas y preocupaciones relacionadas con la higiene. Entre las especies que buscan refugio en los techos, bodegas o jardines de los hogares, los murciélagos representan un reto común para los habitantes debido a la dificultad de su manejo.
Para solucionar esta problemática sin recurrir a métodos químicos que puedan resultar nocivos para el medio ambiente o la salud humana, existen opciones basadas en el uso de la vegetación. Una variedad herbácea específica destaca por poseer propiedades aromáticas que actúan como un repelente natural contra estos ejemplares.
Se trata de la menta y, a continuación, conoceremos de que forma es altamente efectiva para, al menos, ahuyentarlos.
El mito de la menta contra los murciélagos: ¿de verdad sirve para espantarlos?
Estos mamíferos voladores son criaturas sorprendentes y resultan fundamentales para el equilibrio ecológico, ya que un solo individuo es capaz de devorar miles de mosquitos en una sola noche. No obstante, cuando eligen instalarse en los rollos de las persianas, los tapancos o los áticos, pasan a ser un riesgo sanitario por culpa de la acumulación de sus excrementos, conocidos como guano.
En la red abundan los remedios caseros que prometen alejarlos sin lastimarlos, y uno de los más recomendados es el uso de plantas o aceite esencial de menta. Pero, ¿qué tan real es su efectividad? Analizamos a fondo lo que dice la práctica sobre este método.
Un olfato sumamente sensible
A diferencia de la creencia popular, los murciélagos no son ciegos; sin embargo, dependen por completo de su oído (mediante la ecolocalización) y de un olfato sumamente desarrollado. Este último sentido les permite guiarse en el espacio, ubicar a sus crías dentro de la colonia y buscar su comida.
La menta, sobre todo la variedad piperita, posee una gran concentración de mentol, un compuesto que se evapora con facilidad y que produce un olor muy fuerte, además de una sensación de picor en las vías respiratorias. La lógica detrás del remedio es que este aroma tan denso satura su capacidad olfativa, transformando el sitio en un entorno intolerable para ellos.
Un alivio inmediato pero pasajero
Las observaciones en campo y los expertos en el control de fauna silvestre coinciden en los siguientes puntos sobre este remedio: Sirve como molestia inicial: Si se colocan algodones empapados con aceite puro de menta o bolsas llenas de hojas secas en un rincón reducido y sin ventilación, los animales se van a incomodar y se alejarán del sitio al momento.
El factor de la costumbre: Los murciélagos destacan por su inteligencia y terquedad. Si el espacio donde viven los protege de las inclemencias del tiempo y de los depredadores, la necesidad de refugio pesará más que la molestia del olor. En pocos días, terminarán acostumbrándose a la fragancia.
El aroma se disipa rápido: Este tipo de aceite esencial se evapora de forma acelerada. En zonas con corrientes de aire, como tejados o grietas en las fachadas, el olor se esfuma en horas, lo que exige estar aplicando el producto constantemente, algo poco viable a largo plazo.