A dos horas y media de Acapulco, en el municipio de Copala sobre la Costa Chica de Guerrero, existe una playa que la mayoría de los turistas nunca pone en su mapa. No aparece en los circuitos comerciales ni en los paquetes de agencias, pero quienes la visitan una vez difícilmente dejan de regresar. Se llama Playa Ventura, y combina con una naturalidad poco común lo que muchos viajeros buscan por separado: tranquilidad, gastronomía auténtica, naturaleza viva y precios accesibles para todos los bolsillos.
La playa escondida de Guerrero donde los ostiones son del tamaño de tu mano y el mar es solo tuyo: ideal para visitar en junio 2026
En la Costa Chica de Guerrero hay un rincón con mariscos gigantes, tortugas marinas y ballenas. Pocos lo visitan. Aquí te contamos por qué vale la pena ir.
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La playa escondida de Guerrero donde los ostiones son del tamaño de tu mano y el mar es solo tuyo
El destino ha crecido de forma orgánica, sin grandes inversiones publicitarias, impulsado principalmente por el boca a boca de quienes se topan con él casi por accidente. Hoy opera con más de 600 habitaciones distribuidas entre hoteles boutique, cabañas familiares y zonas de acampado, con tarifas que van desde los 400 hasta los 3 mil 500 pesos por noche. Esa amplitud de oferta es, en sí misma, una rareza en el turismo de playa mexicano.
Lo que hace diferente a Playa Ventura no es solo su paisaje —aunque sus aguas tranquilas y sus riscos rocosos ya serían suficiente argumento— sino la calidez con la que recibe a sus visitantes. "Es un lugar mágico, muy tranquilo y seguro. Las familias completas son las que te atienden, y eso genera una calidez que un visitante difícilmente encuentra en otro lado", describe Juan Carlos Romero Rogel, asesor turístico de la Secretaría de Turismo del municipio de Copala.
Guerrero tiene una ruta turística que casi nadie conoce
El municipio de Copala no se conformó con ofrecer solo playa. En los últimos años diseñó una ruta turística completa que convierte el viaje en una experiencia cultural y sensorial desde el primer kilómetro. La primera parada es la localidad de San Francisco, conocida por sus plantaciones de plátano, sus artesanías locales, las pulpas de tamarindo y la ropa típica de la región.
A cinco kilómetros de Playa Ventura se encuentra Ojo de Agua Las Salinas, un poblado donde se produce sal de grano de forma artesanal. Ahí, los visitantes pueden comprar directamente a los productores y observar cómo se extrae la sal del cuerpo lagunar formado por el agua del mar. Es uno de esos procesos que uno da por sentado hasta que lo ve de cerca.
El recorrido también incluye el corredor turístico de La Parota, donde se concentran vendedores de ropa típica de la Costa Chica, artesanías, dulces regionales y costales de sal de grano con precios que van de los 50 a los 200 pesos. Las prendas —blusas, huipiles, camisas y guayaberas— son elaboradas a mano por artesanos locales durante meses de tejido y bordado, y sus precios van desde los 300 hasta más de 4 mil pesos, dependiendo de la complejidad del trabajo.
Para quienes prefieren la naturaleza al comercio, las Cascadas del Arroz son una parada obligada. Están ubicadas a diez minutos del puente que conecta con el municipio de Marquelia y representan uno de esos secretos que el turismo masivo todavía no ha llegado a explotar.
Guerrero: los ostiones más grandes del Pacífico mexicano
Si hay un producto que define la identidad gastronómica de Playa Ventura, son sus ostiones. No son los ostiones pequeños y discretos que se sirven en los restaurantes de ciudad: los de estos riscos costeros son famosos por su tamaño fuera de lo común y por un sabor que los lugareños describen sin modestia como inigualable. Se obtienen de los riscos de la playa y se someten a periodos de veda de entre uno y un año y medio para garantizar su calidad y preservar la especie.
"Contamos con los ostiones más grandes, más frescos y a buen costo. Son mariscos frescos, y eso es lo que más presumimos", afirma Romario Ventura, chef y promotor turístico del destino. La docena se consigue entre 250 y 300 pesos, y la porción es tan generosa que difícilmente alguien sale con hambre.
Más allá de los ostiones, la oferta gastronómica incluye platillos de la cocina tradicional guerrerense que se preparan a leña en el mercado de la cabecera municipal de Copala: enchimolado de puerco, caldo de cuatete, barbacoa de chivo y pancita de res. Son recetas conservadas por cocineras locales que no han cedido ante las modas culinarias. Para comer en los restaurantes de la zona —Las Palmeras, Bar Bolumba, El Faro, Casa Tecata en Playa Ventura, y Don Lucho o Mahumar en Playa Azul— los precios oscilan entre los 100 y los 500 pesos.
Guerrero: ballenas, tortugas y bodas frente al mar
Playa Ventura no es solo un destino de verano. Entre noviembre y marzo, la zona se convierte en punto de avistamiento de ballenas y delfines, y la mejor parte es que el espectáculo es completamente gratuito. Es el tipo de experiencia que normalmente se cobra como tour premium en otros destinos del Pacífico.
El compromiso ambiental del lugar va más allá del turismo contemplativo. Los campamentos tortugueros activos en la zona permiten que los visitantes participen activamente en la recolección y resguardo de huevos de tortuga, contribuyendo a la conservación de una especie en riesgo mientras viven una experiencia que ningún parque temático podría replicar.
Para quienes buscan algo más íntimo, Playa Ventura se ha posicionado también como destino de bodas, aprovechando sus escenarios naturales y la disponibilidad de servicios especializados de romance frente al mar. Una opción que cada vez más parejas consideran frente a los destinos convencionales del Caribe mexicano.




