La jardinería y el coleccionismo de suculentas se han consolidado como uno de los pasatiempos favoritos de las familias mexicanas. Gracias a la inmensa diversidad biológica que caracteriza a nuestro país, es común encontrar una amplia variedad de especies adornando patios, balcones y salas de estar. Sin embargo, el entusiasmo por la botánica puede cruzar la línea de la legalidad si no se tiene cuidado con los ejemplares que se adquieren, especialmente cuando se trata de cactáceas endémicas que se encuentran bajo estricta protección gubernamental.
Para este mes de julio de 2026, las autoridades ambientales y judiciales mantienen una fuerte advertencia sobre la tenencia, extracción y comercialización de una planta en particular: la biznaga. Poseer esta especie en el hogar, extraída de su hábitat natural, no es considerado una simple falta administrativa, sino un delito federal grave. El desconocimiento de la ley no exime a los ciudadanos de enfrentarse a un proceso penal que puede culminar en multas exorbitantes e, incluso, en la privación de la libertad.
El dulce costo de la tradición: ¿por qué está en peligro la biznaga?
Gran parte de la depredación que sufre esta especie en los desiertos y zonas semiáridas de México está directamente vinculada a la gastronomía tradicional. Las biznagas son obtenidas y taladas ilegalmente porque su pulpa es el ingrediente principal para cocinar el famoso acitrón, un dulce cristalizado tradicional mexicano.
Este ingrediente es altamente demandado durante temporadas festivas específicas, ya que es un elemento clásico para la elaboración de los chiles en nogada (durante las fiestas patrias de septiembre) y para decorar la tradicional rosca de reyes (en enero). El gran problema biológico radica en el tiempo que le toma a la naturaleza reponer estas plantas.
A diferencia de otras cactáceas de rápido crecimiento, las biznagas tienen un ciclo de vida extremadamente lento, tardando hasta 40 años en alcanzar su madurez y un tamaño adecuado, lo que hace que su extracción desmedida las ponga al borde de la extinción.
Legislación ambiental y las severas sanciones para los infractores
Debido a su vulnerabilidad y a su importancia en el ecosistema nacional, el Gobierno Federal ha blindado legalmente a la biznaga, catalogándola como una especie en riesgo. Su extracción, transporte, comercialización y posesión están estrictamente penalizados.
Para entender la magnitud del riesgo legal que implica tener una biznaga silvestre en casa, a continuación se desglosa el marco normativo y las sanciones correspondientes:
-
Marco regulatorio protector: La especie se encuentra regulada y protegida bajo la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, además de estar amparada por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010, la cual enlista a las especies de flora y fauna silvestres de México en categorías de riesgo.
Multa económica: La sanción financiera por la extracción o posesión ilegal de esta cactácea es un duro golpe al bolsillo. Las multas pueden ascender a más de 360 mil pesos mexicanos, dependiendo de la gravedad del daño ambiental o del volumen de plantas incautadas.
Penas de cárcel: Más allá de la sanción monetaria, este ilícito está tipificado como un delito contra la biodiversidad, lo que hace al infractor acreedor a una sanción que puede alcanzar hasta los 9 años de prisión.
Ante este panorama legal, la recomendación de las autoridades y de las organizaciones ecologistas es contundente: se debe evitar a toda costa intentar extraerlas del desierto o comprarlas en mercados donde no se acredite su legal procedencia (a través de viveros autorizados como Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre o UMA). Cuidar nuestras tradiciones también implica encontrar sustitutos sostenibles para el acitrón y preservar el patrimonio natural de México.