El sueño de alcanzar las estrellas comenzó frente a un televisor en un salón de clases en San Miguel de Allende, Guanajuato. Manuel Retana Parra, un joven que de pequeño no hablaba inglés y no sabía ubicar a Florida en el mapa, es hoy el líder detrás de la seguridad de la misión espacial más ambiciosa de esta década. A sus 30 años de edad, este ingeniero de raíces mexicanas encabezó al equipo de la NASA responsable de proteger la vida de la tripulación durante el histórico vuelo orbital hacia la Luna.
Su camino hacia la cima de la exploración espacial estuvo marcado por la resiliencia y el sacrificio familiar. De padres duranguenses que emigraron para trabajar en el campo, Manuel nació en Texas pero regresó a México siendo apenas un bebé, donde su madre sostenía el hogar vendiendo ropa. Fue hasta los 15 años que tomó la decisión de regresar a Estados Unidos, apoyado por una tía y con una determinación inquebrantable.
Logró obtener más de diez becas académicas que le permitieron graduarse como ingeniero mecánico y, posteriormente, culminar una maestría en la prestigiosa Universidad de Stanford.
La perseverancia frente al rechazo: el intento número 12
El éxito en la agencia espacial estadounidense no llegó por arte de magia. Retana experimentó el duro rechazo de la NASA en once ocasiones distintas antes de recibir su primera oportunidad. Su suerte cambió gracias al aliento de otros ingenieros hispanos que lo convencieron de no claudicar; así, a los 20 años y en su intento número doce, logró ingresar como pasante al Centro Espacial Johnson en Houston.
Su incipiente carrera inició de forma explosiva, probando pirotecnia para la separación de naves espaciales. Posteriormente pasó por operaciones espaciales y robótica, hasta afianzarse en 2020 como gerente de proyectos de vuelo para sistemas de soporte vital. Este departamento —que él mismo describe coloquialmente como "el aire acondicionado de la nave"— lo preparó para su máximo reto: la misión Artemis II.
El equipo de 250 mil dólares que salvaguarda vidas
Como el único mexicano en un grupo de 15 talentosos ingenieros, Manuel lideró durante aproximadamente cinco años la construcción del Sistema de Contingencia para Respiración (CBS) de la cápsula Orion. Su extenuante labor culminó en el desarrollo milimétrico de 46 piezas críticas de emergencia que viajaron al espacio sideral.
El inventario de alta tecnología diseñado por su equipo para salvaguardar a los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen estuvo compuesto por:
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5 máscaras de respiración limpia con duración de ocho horas (valuadas en $20,000 dólares cada una).
16 cartuchos contra fuego y 24 prefiltros.
1 filtro comehumo (OSEF) diseñado para remover ceniza y partículas mortales. Este componente esencial pesa ocho kilos y representó una inversión de $250,000 dólares.
La responsabilidad sobre sus hombros era abrumadora. Como el propio ingeniero reconoció durante el desarrollo: si su equipo fallaba, ponía en riesgo mortal a los seres humanos encargados de devolver a la humanidad a la órbita lunar. Afortunadamente, los años de correcciones rindieron frutos y el equipo operó sin contratiempos.
Identidad, raíces y un contundente mensaje para México
El meticuloso trabajo de Retana quedó validado el pasado 10 de abril de 2026, cuando la cápsula de Artemis II amerizó de forma exitosa frente a las costas de San Diego. Aunque su madre tuvo que presenciar el apoteósico lanzamiento desde Guanajuato debido a complicaciones para obtener una visa, el ingeniero mantiene sus raíces firmemente plantadas en la tierra.
Orgulloso de su doble nacionalidad, Manuel atribuye gran parte de su éxito profesional al "ingenio mexicano": esa capacidad innata y práctica de resolver problemas complejos sin ahogarse en un vaso de agua. Para mantener viva su cultura, incluso fundó el "Mariachi Celestial" dentro de las instalaciones de la NASA.
Hoy, sus prioridades han cambiado. Tras ser rechazado como astronauta en dos ocasiones y convertirse en padre, Retana apunta a un nuevo objetivo: dedicarse a la docencia para inspirar a la próxima generación. Asimismo, lanza una reflexión crítica hacia el Gobierno Mexicano, urgiendo a las autoridades a establecer convenios espaciales oficiales con Estados Unidos y a destinar mayor presupuesto a la investigación, para que el talento nacional de ingeniería no se vea obligado a huir por la falta de empleo y oportunidades en su propio país.
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