2 de octubre 2026 - 14:37

Por qué la Luna se observa más grande en octubre que el resto del año: la explicación de la NASA

La "ilusión lunar" y su posición en el horizonte engañan a nuestro cerebro, creando un fascinante trampantojo visual sin importar la distancia real.

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La Luna de octubre.

Canva

La creencia popular dicta que la luna llena de octubre es la más grande del año, atribuyendo equivocadamente este fenómeno a la presencia de cristales de hielo en la atmósfera otoñal. Sin embargo, la realidad detrás de este espectáculo celeste es un fascinante engaño visual. En promedio, nuestro satélite natural se ubica a una distancia de 385 mil kilómetros de la Tierra, una lejanía tan vasta que a la luz le toma más de un segundo rebotar en su superficie y llegar hasta nuestras retinas, por lo que siempre la observamos con un ligero retraso temporal.

La posición de la Luna en el espacio no es fija y su órbita dicta cómo la percibimos. Cuando alcanza su punto más lejano, conocido astronómicamente como apogeo, se ubica a poco más de 400 mil kilómetros, generando una "microluna" que luce ligeramente más pequeña y opaca. En contraste, cuando transita por su punto más cercano o perigeo, la distancia se reduce a 356 mil kilómetros, dando origen a las famosas superlunas. No obstante, la ciencia advierte que el satélite no necesariamente se percibe gigantesco solo por su extrema cercanía.

La ilusión lunar y el enigma visual que confunde al cerebro

Todo dependerá del momento exacto de la noche en que miremos la bóveda celeste. El punto más alto en el cielo, ubicado invariablemente a 90 grados sobre nosotros, recibe el nombre de cenit. Curiosamente, cuando la Luna transita cerca del cenit, el ojo humano la percibe notoriamente más pequeña. Esta percepción opera con una intensidad avasalladora en sentido contrario: el satélite se ve colosal y desproporcionado cuando está apenas asomándose o escondiéndose cerca del horizonte.

A este peculiar fenómeno la ciencia lo ha bautizado como la "ilusión lunar", un trampantojo óptico que ha desconcertado a los especialistas desde los tiempos del astrónomo Ptolomeo en el siglo II. En la actualidad no existe un consenso científico absoluto; sin embargo, Preston Dyches, divulgador de la NASA, señala que nuestro cerebro simplemente falla al registrar que la distancia de la Luna no varía significativamente durante una misma noche. Aunque pareciera que los edificios o árboles del horizonte causan el efecto, los astronautas en el espacio también reportan experimentar este mismo trampantojo visual sin tener objetos de referencia que confundan a la vista.

El filtro de la atmósfera y la verdadera razón del mito otoñal

Además del tamaño aparente, el color también sufre una transformación drástica. La densa capa de la atmósfera no magnifica físicamente a la Luna en el horizonte, pero sí la hace lucir mucho más amarilla o rojiza debido a que filtra los tonos azules de la luz reflejada. Por el contrario, cuando el satélite asciende hacia el cenit, la luz atraviesa menos atmósfera y la Luna recobra un tono notoriamente más blanco.

En estricto sentido astronómico, la luna llena de octubre no posee mayores dimensiones físicas ni se acerca más a la Tierra que en los demás meses. El secreto de su inmensa fama radica puramente en la expectativa psicológica: las personas anticipan ver un astro gigante, salen a buscarlo a la hora indicada cuando apenas despunta en el horizonte, y la portentosa ilusión óptica de nuestro cerebro hace todo el trabajo para convencernos de que hemos presenciado la luna más grande del año.

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