30 de agosto 2026 - 14:00

De vendedor ambulante a magnate: el insólito primer gran éxito del creador de Televisa

El imperio del entretenimiento no nació en un foro de televisión. El verdadero capital inicial se levantó vendiendo autos a crédito.

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De vendedor ambulante a magnate: el insólito primer gran éxito del creador de Televisa

La historia de los grandes consorcios de medios en México suele asociarse de inmediato con frecuencias de radio, estudios de grabación y la icónica señal de Televisa. Sin embargo, las raíces financieras de la familia Azcárraga no surgieron frente a las cámaras ni detrás de un micrófono. A principios del siglo XX, Emilio Azcárraga Vidaurreta inició la construcción de su fortuna personal en un terreno completamente ajeno al espectáculo: la importación y comercialización de automóviles estadounidenses en el norte del país.

El empresario oriundo de Tampico, Tamaulipas, demostró desde muy joven un olfato agudo para detectar nichos de mercado emergentes en momentos de incertidumbre política y económica. Tras sus primeros pasos en el comercio informal durante la etapa revolucionaria, Azcárraga Vidaurreta comprendió que el futuro de la economía nacional dependía de la modernización del transporte. Su visión pionera lo llevó a aliarse con socios extranjeros y con sus propios hermanos para crear esquemas de financiamiento automotriz inéditos en la región.

Aquella rentable incursión sobre ruedas fue la verdadera plataforma económica que financió sus posteriores inversiones en la industria discográfica, las cadenas radiodifusoras y las primeras transmisiones de televisión abierta. Sin la liquidez ni la experiencia ejecutiva acumuladas durante su faceta como distribuidor de vehículos, el surgimiento del consorcio mediático más influyente de la región habría tomado un rumbo completamente distinto.

Televisa: la alianza automotriz que sembró el capital de la familia

El camino empresarial de Emilio Azcárraga Vidaurreta comenzó a formalizarse en 1917, cuando arrancó la compra de vehículos producidos por Ford Motor Company (FMC) en Estados Unidos para revenderlos a crédito en el mercado mexicano. Esta estrategia la ejecutó en compañía de sus hermanos Gastón y Rogerio Azcárraga. El modelo resultó ser una novedad financiera sumamente atractiva, pues facilitó la adquisición de unidades en una época donde los préstamos bancarios eran prácticamente inexistentes.

Antes de levantar un imperio de medios de comunicación, Emilio Azcárraga Vidaurreta consolidó su primer gran patrimonio vendiendo vehículos importados a crédito.

El éxito de las operaciones motivó al patriarca a dar un salto decisivo en 1918 al asociarse con el inversionista estadounidense Stanley Copeland. Juntos constituyeron formalmente la firma Azcárraga y Copeland S.A. en Monterrey, Nuevo León. La entidad jurídica se dedicó de lleno a la venta de unidades y refacciones automotrices, convirtiéndose en el motor financiero que capitalizó sus proyectos futuros antes de la existencia de Televisa.

La audacia de la familia Azcárraga se adelantó por varios años al desembarco oficial de las armadoras internacionales. Cuando el fabricante estadounidense inició operaciones industriales directas e instaló su planta de ensamblaje en México durante junio de 1925, el futuro magnate ya dominaba la red comercial del rubro en el norte del país. Esta experiencia en la distribución y el crédito le dio la estructura gerencial necesaria para buscar nuevas oportunidades de inversión.

Con las ganancias consolidadas del sector automotriz, Azcárraga Vidaurreta decidió incursionar en el mundo de las bellas artes y la música en la década de 1920. En 1922 participó en la creación de The Mexican Music Company S.A. y pactó alianzas comerciales con la empresa estadounidense Victor Talking Machine Company para vender fonógrafos y discos. Este movimiento significó el puente definitivo entre el comercio tradicional y las industrias culturales masivas.

La legendaria estación radiofónica XEW nació gracias al flujo de capital que el empresario tamaulipeco generó previamente en la industria automotriz y discográfica.

El verdadero hito en la radiodifusión ocurrió a inicios de la década de 1930. En junio de ese año fundó la estación XET en Monterrey y, solo tres meses después, el 18 de septiembre, inauguró desde la capital del país la icónica XEW. La emisora revolucionó el consumo de contenidos en la República Mexicana al dotar a la radio de una estructura comercial e industrial altamente profesionalizada.

La evolución continuó con la puesta en marcha del Canal 2 XEW-TV en la década de 1950, dando origen a una red de medios que con los años se fusionaría para constituir Grupo Televisa S.A.B. (TELEVISA). La cadena de diversificación de Azcárraga demostró cómo las ganancias generadas en las agencias de autos terminaron por financiar las primeras antenas de transmisión y foros del país.

Televisa: el legado de un gigante corporativo que inició en la calle

Más de un siglo después de que aquel joven tamaulipeco vendiera calzado de forma ambulante a los 17 años, la infraestructura comercial que derivó de su visión mantiene una presencia dominante en el entretenimiento. La transformación de una agencia local de autos en un conglomerado multinacional posiciona a la estirpe fundada por Azcárraga Vidaurreta, desarrollada por su hijo Emilio Azcárraga Milmo y continuada por su nieto Emilio Azcárraga Jean, como un referente histórico de los negocios en América Latina.

Las mediciones financieras reflejan la dimensión actual del grupo que nació a partir de los negocios automotrices del norte. De acuerdo con el ranking corporativo del periodismo de negocios en México, la firma registró al cierre del ejercicio 2025 ingresos acumulados por 58,878.2 millones de pesos, sosteniendo además una fuerza laboral superior a los 26,000 empleados a nivel nacional.

El modelo de negocios enfocado al entretenimiento masivo mutó con las décadas hasta transformarse en el consorcio de telecomunicaciones más grande del país.

El origen empresarial del mayor grupo de telecomunicaciones de México demuestra que los grandes consorcios no siempre nacen en el sector donde alcanzan el éxito. Antes de las telenovelas, los programas de variedad y los derechos de transmisión deportiva, el pilar económico fundamental de la dinastía estuvo firme sobre cuatro ruedas, gasolina y contratos de financiamiento automotriz.

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