La reconocida conductora Galilea Montijo rompió el silencio sobre uno de los episodios más oscuros y angustiantes de su vida personal y profesional. Durante su reciente participación en el podcast Bajo la piel de la doctora Marimar Guerra, la presentadora relató el calvario médico que vivió tras someterse a una cirugía estética en febrero de 2026, la cual terminó ocasionándole graves e inesperadas secuelas físicas.
Con treinta años de trayectoria ininterrumpida en la televisión mexicana, Montijo confesó que el mayor impacto no provino del escrutinio público ni de los crueles memes en internet, sino de la desesperación absoluta al perder el control físico sobre su propio rostro. El intento del equipo quirúrgico por corregir la inflamación posoperatoria desencadenó quemaduras severas que comprometieron su sistema linfático, dejando una dolorosa lección sobre los riesgos que conllevan los procedimientos estéticos.
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De una simple elevación de ceja a quemaduras de tercer grado
El plan original era realizar una intervención menor. Galilea buscaba únicamente una elevación lateral de la ceja, inspirada en la actriz Lindsay Lohan. Sin embargo, el cirujano —cuyo nombre prefirió mantener en el anonimato por respeto y razones éticas— le sugirió retirar parte de las glándulas del cuello para perfilar la zona, prometiéndole un tiempo de recuperación récord de tan solo tres semanas.
Lamentablemente, el escenario se complicó drásticamente alejándose del plan inicial. A través de un desglose clínico, repasamos cómo evolucionó la crisis médica que deformó su rostro temporalmente:
Fase posoperatoria: La inflamación natural de la cirugía no cedió en el tiempo estipulado originalmente por el médico tratante.
Reacción química: El equipo médico recetó un líquido desinflamante que le provocó un intenso ardor a la presentadora al momento de aplicarlo.
Quemadura severa: Tras tres o cuatro días, la piel se tornó blanca, derivando irremediablemente en quemaduras de segundo y tercer grado.
Daño colateral: El sistema linfático colapsó, generando una contractura severa que jaló su boca hacia un lado e irritó el nervio ocular.
El diagnóstico remoto y el tortuoso camino a la recuperación
La intervención oportuna ocurrió mientras la conductora se encontraba trabajando en Nueva York. Fue la doctora Marimar Guerra quien, al recibir fotografías de la lesión, identificó la gravedad extrema del cuadro clínico y le exigió regresar de inmediato a México. Tras una tensa reunión con el cirujano original, se inició un protocolo de emergencia que incluyó la aplicación de células madre y terapias de descontracturación muscular en el área afectada.
Para contrarrestar la desinformación mediática, Galilea desmintió rotundamente haber sufrido una parálisis facial, como llegaron a asegurar diversos médicos en redes sociales. Estos son los detalles de cómo enfrentó públicamente esta severa secuela:
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Dedicación laboral: A pesar del tremendo dolor físico y emocional, no se ausentó un solo día de sus labores diarias en el programa Hoy.
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El impacto visual: Las potentes luces del foro de televisión acentuaban severamente la asimetría facial frente a las cámaras, la cual era mucho menos notoria en persona.
Crisis en vivo: Mientras entrevistaba al actor Ernesto Laguardia, notó en los monitores cómo su boca se desviaba sin poder sentirlo ni controlarlo, generándole gran angustia.
Indignación médica: Le generó un enorme coraje ver a colegas cirujanos opinando y diagnosticando erróneamente su caso en internet, llegando una doctora a sugerirle públicamente que se escondiera del ojo público durante tres meses.
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Una lección sobre envejecer con seguridad
Tras un largo tratamiento que incluyó el uso de maquinaria especializada en un centro en Barcelona, la presentadora aseguró encontrarse hoy en día recuperada al noventa por ciento. El dolor crónico del cuello que la atormentó durante las grabaciones del reality Hoy soy el chef finalmente ha cedido de forma considerable.
A pesar de la traumática experiencia y de confesar que llegó a temer el fin de su carrera televisiva al sentir que ya no reconocía su propia mirada, Montijo no se declara en contra de la medicina estética. Su mensaje final es claro: ella busca "envejecer bonita", pero subraya la vital importancia de investigar exhaustivamente la ética del médico y exigir un acompañamiento posoperatorio responsable antes de someterse a cualquier alteración.