Las investigaciones sobre la tragedia que sacudió a la zona arqueológica de Teotihuacán siguen arrojando escalofriantes detalles. Recientemente, han salido a la luz los mensajes de texto que intercambió Julio César Jasso Ramírez con el personal de un hotel local, evidencia que da un giro a la narrativa del caso: el ataque no fue un arranque de locura improvisado, sino un acto premeditado y fríamente calculado con meses de anticipación en el Estado de México (Edomex).
De acuerdo con las filtraciones y los reportes integrados a la carpeta de investigación de las autoridades mexiquenses, el agresor dejó un rastro digital que permite reconstruir sus movimientos y su escalofriante nivel de planeación antes de desatar el terror en la Pirámide de la Luna.
La cronología de una tragedia anunciada: los mensajes
El contacto inicial entre Julio César y la administración del hotel se registró a mediados del mes de febrero. A través de mensajería directa, el tirador comenzó a gestionar su logística para ejecutar el ataque en abril.
Los puntos clave que revelan estas conversaciones son los siguientes:
Días de "cacería visual" en Teotihuacán
El periodo que va del 8 de abril hasta el día del ataque fue crucial. Durante su estancia de varios días en el hotel, Julio César no se limitó a descansar; las autoridades presumen que utilizó este tiempo para realizar visitas recurrentes al sitio arqueológico a modo de reconocimiento del terreno.
Tras el ataque, las autoridades catearon su habitación y encontraron pruebas contundentes de este "scouting" criminal. En el cuarto se hallaron diversos objetos relacionados con Teotihuacán, destacando imágenes impresas y fotografías tomadas previamente desde la cima de la Pirámide de la Luna. Esto sugiere que el agresor ya dominaba el entorno, conocía los puntos ciegos y había elegido estratégicamente el lugar con mayor afluencia de turistas para ejecutar la matanza.