Economía

Muchos empresarios argentinos sufren el síndrome de Peter Pan

Dan Kiley detalló en 1983 “El síndrome de Peter Pan” mencionando que afecta a personas con miedo a crecer y asumir sus responsabilidades. Sin embargo, hoy podemos ver que esto les pasa a muchas pymes en nuestro país.

Todos sabemos que la carga impositiva es exagerada y que son muy pocas las empresas o actividades que pueden soportarla en su totalidad y ser rentables. Por eso, cuando no hay un accionista (en general extranjero) que esté dispuesto a invertir por varios años y con la espalda financiera suficiente para hacerlo, muchos eligen como herramienta de supervivencia, en mayor o menor medida, la participación en la economía informal. Lo cual no es el camino correcto y genera contingencias. Para ello es necesario no sobresalir, no ser un gran contribuyente, no tener un gran nombre y presencia en el mercado. Es decir, no dejar de ser pyme o micro empresa.

El costo impositivo en Argentina no es solamente el costo de los impuestos, también lo forman los saldos a favor que los distintos fiscos no devuelven al contribuyente, el costo de administrar 20 o 30 regímenes de retención y percepción, sufrir la persecución de municipios que tratan de cobrarle impuestos a cualquier empresa que tiene clientes en su jurisdicción, litigar con provincias que reclaman el impuesto sobre los ingresos brutos que ya cobro otra provincia, etc.

También existen costos laborales difíciles de afrontar. Además de los sueldos y sus cargas sociales es necesario lidiar con los sindicatos. Cuanto más grande la empresa, hay mas empleados y mas sindicalistas. Mayor riesgo de paradas de plantas y reclamos que afectan la eficiencia y la rentabilidad. En el caso de un reclamo judicial, aunque el empresario tenga razón y haya hecho todo bien, su abogado le aconsejará un arreglo o conciliación debiendo afrontar un costo que no tenía en sus planes.

Si a esto le agregamos los ciclos económicos tan dispares que generan años muy buenos (donde todos quisiéramos tener una pyme) pero también años muy malos donde mantener una estructura grande puede consumir gran parte de los ahorros e inversiones del empresario o incluso llevarlo a la quiebra, es fácil entender porqué no quieren crecer.

Finalmente, también se debe batallar contra la burocracia y las “ventanillas”. Un nuevo mercado (exportación por ejemplo), una ampliación de una planta, un producto innovador, necesita de licencias, permisos o autorizaciones que suelen ser muy difíciles de conseguir. Los gestores y especialistas en estos trámites suelen ser caros y de resultados muchas veces dudosos.

Por eso, muchos se sienten identificados con “Peter Pan” y tratan de mantener su actividad en el mínimo tamaño posible. Esperamos un futuro donde la modernización del estado y la racionalidad tributaria modifiquen este escenario y permita a los empresarios llevar adelante planes de expansión e innovación para generar empresas para un mercado regional o internacional.

(*) Socio de Ernst & Young

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Temas

Dejá tu comentario