Política

Mujeres sindicalistas: quiénes son y cómo luchan por su espacio en un mundo dominado por hombres

El pasado 22 de agosto, fecha en la que la Confederación General del Trabajo (CGT) eligió a su nueva conducción en el congreso normalizador en Obras, a simple vista parecía que la única presencia femenina estaba en el escenario.

Una bandera con la cara de Eva Perón se montó detrás de la mesa que encabezó el triunvirato conformado por Héctor Daer, Juan Carlos Schmid, y Carlos Acuña. En la otra mitad, claro está, la imagen de Juan Domingo Perón.

Ese día, los sindicalistas se dieron cita con su uniforme gremial de punta en blanco: la camisa, el pantalón de jean y la infaltable campera de cuero. Sin embargo, los cientos de papelitos repartidos al inicio del cónclave daban cuenta de un faltante. La consigna de los volantes era clara: "Están todos en la mesa. Menos nosotras".

Pero esa frase tenía un reparo. De un total de 37 secretarías que conforman la central obrera, sólo dos de ellas quedaron en manos de mujeres: Sandra Maiorana (Asociación de Médicos) al frente de la Secretaría de Salud, y Noé Ruiz (Asociación de Modelos Argentinas) en la Secretaría de Igualdad de Oportunidades y Género.

Si bien la ley 25.674, de cupo femenino en los sindicatos, está sancionada desde noviembre 2002, en la práctica no se cumple. De acuerdo a su texto, "cada unidad de negociación colectiva de las condiciones laborales, deberá contar con la participación proporcional de mujeres delegadas en función de la cantidad de trabajadoras de dicha rama o actividad", es decir que la cantidad de mujeres delegadas se decide de acuerdo al nivel de afiliación femenino.

Además, la ley consigna que "la representación femenina en los cargos electivos y representativos de las asociaciones sindicales será de un mínimo del 30%, cuando el número de mujeres alcance o supere ese porcentual sobre el total de los trabajadores".

Al momento de su sanción, la entonces ministra de Trabajo, Graciela Camaño, dijo que las mujeres afiliadas a sindicatos representaban el 31% del total, pero en la conducción sólo alcanzaban el 5%. A casi quince años después, los niveles de afiliación aumentaron, pero la conducción sigue en manos masculinas.

"Que no haya representación de las mujeres muestra lo quietos que están los sindicatos con relación a cuestiones de género, en la práctica democrática, en la práctica participativa". Quien habla es Cecilia "Checha" Merchán, exdiputada por Libres del Sur, y referente de Las Juanas Sindicalistas, la agrupación encargada de hacer circular los papelitos en el Congreso normalizador de la CGT.

"Revisemos cada sindicato y en todos va a haber un nivel de afiliación mucho más alto que la representación real. Lo que se plantea en las cúpulas es una forma de dejar el patriarcado tranquilo", agrega Merchán a ámbito.com.

Las Juanas Sindicalistas surgió de un programa de fortalecimiento de derechos llamado Juana Azurduy, coordinado por Merchán desde 2006 a 2011. Participan mujeres de todo el país y buscan concientizar en cuestiones de género no sólo a nivel sindical, sino en barrios y universidades. "Las células más activas son canillitas, APUBA -Asociación del Personal no Docente de la Universidad de Buenos Aires- y ATE -Asociación de Trabajadores de Estado-", afirma la exdiputada.

"La iniciativa de hacer circular los papelitos en la elección del triunvirato de la CGT surgió de una charla entre distintas compañeras de varios sindicatos. Nos dimos un debate muy veloz sobre cómo hacer para visibilizar que algunas compañeras no tuvieran representación sindical", explica Merchán. "Los mismos compañeros varones sindicalistas se encontraron sorprendidos, y entregaban los papeles a secretarios generales de los gremios", añade.


Mientras hoy se discute en el ámbito legislativo la paridad en la conformación de las listas para diputados y senadores, lo cierto es que en el rubro sindical, el tema es poco debatido. Si bien al momento de su aprobación la ley fue votada por unanimidad, el proyecto no salió acorde a lo que las sindicalistas esperaban.

"El proyecto va a salir, pero en la implementación va a aparecer algo que no les va a gustar nada", dijo en ese momento Camaño a Noé Ruiz, actual titular del gremio de modelos y secretaria de Género de la CGT. "La representatividad va a estar dada en función del empadronamiento, intenté negociar, pero no se puede más que esto", añadió la entonces ministra. "Lo primero que le dije fue que todos iban a salir a decir que no hay mujeres en el padrón", dice Ruiz.

Ruiz comenzó a militar en el sindicalismo a los 16 años. Para entonces, ya era una modelo reconocida. Pero el mundo del modelaje -el mundo en general-, no aceptaba su lucha por el espacio de las mujeres en el movimiento sindical. "Es un espacio de mucha discriminación, y mucho prejuicio", explica.

Su compañera dentro de la CGT, la titular del sindicato de Médicos, Sandra Maiorana, no se queda atrás. "En mi caso empecé como vocal suplente, pero es cierto que una vez que una tiene su familia ya formada, es más fácil dedicarse de lleno a la actividad sindical", argumenta.



Tanto para Ruiz como para Maiorana, la afiliación de las mujeres a los sindicatos es clave: "Las mujeres tenemos que pelear por nuestros lugares, y para eso es necesaria la afiliación", sostiene Maiorana.

Según la titular del gremio de médicos, las mujeres comienzan más tarde que los hombres su actividad sindical. Entre las causas, combinar el trabajo, con la actividad que la mujer realiza en el hogar, es la primordial: "La cuestión familiar la rezaga a la mujer en su actividad sindical. El tema no es sencillo, la tarea gremial insume mucho tiempo".

"Si las reuniones de los sindicatos son en el asadito de la noche, o en el partido del domingo, entonces lamentablemente la mayoría de las mujeres no vamos a poder participar", comparte por su parte Merchán, al tiempo que propone "rediscutir las prácticas sindicales".

Para Noé Ruiz, "afiliarse es una adquisición de derechos". Es por esto que desde su sindicato realizan "un llamamiento constante a que las mujeres se saquen el miedo a afiliarse". Pero sacarse el miedo no es fácil. Las sindicalistas han recibido amenazas de todo tipo, incluida la de muerte.

"A nosotras nos han llegado a cruzar coches en la calle. La pregunta '¿Hasta dónde querés llegar?', era constante", señala Ruiz. Desde las Juanas Sindicalistas por su parte, afirman que "todo el tiempo" están siendo discriminadas", teniendo que "batallar cada espacio".

Según las economistas Mercedes D' Alessandro y Magalí Brosio, las mujeres ganan un 27% menos que los varones a igual tarea realizada. La brecha es mayor para los cargos ejecutivos, en donde una mujer gana en promedio un 40% menos que un hombre.

Si a esto se le suma que
según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC en el tercer trimestre de 2013 (últimas estadísticas realizadas) en el hogar de una pareja el 95% de las mujeres tuvo participación en el trabajo doméstico no remunerado y el 54% de los hombres participaron de estas tareas, la necesidad de contar con una mirada de género a nivel sindical, se hace evidente.

Pero las sindicalistas discrepan en los modos.
Tanto Ruiz como Maiorana aseguran sentirse "escuchadas" y "respetadas" en su espacio dentro de la central obrera. Pero varios actores del feminismo reclaman mayor participación de la mujer en el sindicato, y fundamentalmente, en la negociación salarial.

"La foto de la negociación del bono de fin de año demuestra claramente desde qué lugar de poder están discutiendo los sindicatos y los políticos hoy", ilustra Cecilia Merchán. Allí, la única mujer que participó fue la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley.

Sin embargo, para las sindicalistas de la CGT, la lucha debe darse dentro del aparato sindical. "Yo lo valoro, porque para las que venimos de una lucha como la mía, cualquier papel es maravilloso. Pero sinceramente no mueve nada eso", sostiene Ruiz. "Muchas veces me dije 'estoy harta', pero la pelea hay que darla ahí, los sindicalistas ponemos el cuerpo, y la cara", añade.

Según la exmodelo, "la cartera de Trabajo debe ser la encargada de controlar las listas sindicales, y en los últimos años dejó de hacerlo. Esos papelitos en realidad se deberían haber puesto en el ministerio. Se equivocaron de lugar".

Más allá de las diferencias entre las sindicalistas, todas coinciden en algo: l
a participación sindical femenina está limitada, y en la lucha por ocupar cargos de poder, aún falta avanzar muchos casilleros.

En este marco, el 19 de octubre, por primera vez en Argentina se llevó a cabo un paro nacional de mujeres. Tanto el establishment, como el anti-establishment sindical, adhirieron a la consigna, y trabajadoras del todo el país dejaron sus tareas por una hora, entre las 13 a las 14.

El cese de actividades tuvo como disparador el femicidio de Lucía Pérez,
la adolescente de 16 años que fue drogada, violada y empalada hasta la muerte en Mar del Plata. La consigna de la huelga era a prueba de desentendidos: "Si mi vida no vale, produzcan sin mi". La iniciativa tuvo un alcance inesperado, con réplicas en varias ciudades de Latinoamérica y Europa.

Ante la consulta de este medio a las sindicalistas entrevistadas por el balance de la movilización de las trabajadoras, todas coincidieron en la respuesta: las mujeres son el nuevo actor político en la escena.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario