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Mujeres y varones, desiguales también en lo económico

El 70% entre los más pobres del país son mujeres, y 70% entre los más ricos son varones. Este desbalance por género se repite en desempleo, informalidad e ingresos. La recesión actual acentúa el sesgo regresivo.

La economía feminista revela la importancia de atravesar la variable de género en los análisis económicos y políticos. Porque mujeres y varones mantenemos posiciones diferenciadas en la estructura social, algo que se ve en las cuentas nacionales de Argentina. La feminización de la pobreza se observa en los informes del INDEC: más de 7 de cada 10 personas del grupo poblacional con menores ingresos son mujeres. No es casual que la relación se invierta para el grupo de mayores ingresos, donde más del 70% son varones.

Una fuente central de la desigualdad de género es el trabajo doméstico no remunerado, esto es, todas las tareas que quedan invisibilizadas en los hogares y que a pesar de no tener paga, conllevan tiempo y esfuerzo. En nuestro país las mujeres realizan casi el 75% del trabajo doméstico no pago, que demanda una media de 6,4 horas al día. Esto deja a las mujeres con menos horas disponibles para destinar al mercado de trabajo remunerado y repercute en sus oportunidades reales.

En el mismo sentido, el hecho de que las mujeres tengan una licencia por maternidad de tres meses mientras que los varones, a nivel nacional, mantengan una de dos días demuestra que para el Estado argentino la crianza y cuidado de los hijos e hijas es responsabilidad plena de las madres. Además, aunque la licencia sea pagada por ANSES, para el empleador se vuelve un diferencial, ya que supone que una mujer en edad fértil quedará embarazada y no podrá contar con ella por al menos 3 meses.

Estas desigualdades muestran sus implicancias en el mercado laboral, donde las mujeres se encuentran en una posición de mayor vulnerabilidad. Si vemos el informe del INDEC del 2° trimestre de 2018, la tasa de desocupación subió a 9,6%. Casi en dos dígitos, es el peor resultado en los últimos 12 años. Pero es aún peor para las trabajadoras: las mujeres tenemos un 10,8% de desempleo, mientras los varones mantienen un 8,7%. La situación de mayor emergencia se da en las mujeres menores de 29 años, con 21,5%. A las mujeres les cuesta más conseguir trabajo, y el que consiguen suele ser de peor calidad. El 36% de las trabajadoras está en la informalidad, sin aportes ni obra social. A su vez, hay una continuidad entre el trabajo que realizamos en los hogares y los que luego conseguimos remuneradamente, como si existieran cualidades naturalmente femeninas que dispusieran a las mujeres a concentrarse en los trabajos de docencia, enfermería y servicio doméstico. No es casual que estos sectores tengan salarios promedio más bajos que los sectores masculinizados, como logística y construcción.

La diferencia promedio entre los ingresos femeninos y masculinos en Argentina es del 28,2%. Es la cereza del postre de la desigualdad económica, donde las mujeres tenemos mayores niveles de desempleo, precarización laboral y menores ingresos.

Si bien desde 2015 desde EcoFeminita trabajamos visibilizando esta desigualdad, no hemos atestiguado el desarrollo de políticas proactivas que busquen achicar las brechas de género. A su vez, la proyección de caída del PBI para este año, que según el FMI será del 2,6%, y una inflación de al menos el 45% muestra un escenario recesivo e inflacionario para el conjunto del pueblo trabajador, que viene perdiendo poder adquisitivo devaluación a devaluación con su consecuente impacto en el consumo y por ende, en toda la economía interna. El Presupuesto para el próximo año mantiene un panorama recesivo con una caída estimada en 0,5% para 2019, aunque el FMI la proyecta en 1,6%. Este presupuesto de ajuste es incompatible con achicar las brechas de género. En una estructura desigual, está claro que ante los recortes y la recesión las mujeres son quienes más se ven afectadas.

(*) Economista de Economía Feminista (economiafeminita.com)

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