13 de enero 2003 - 00:00

Juan Pablo II condena la guerra ante embajadores

Juan Pablo II hizo hoy un duro alegato contra la guerra y en defensa de la vida, el respeto del derecho y la solidaridad, durante un discurso en el que expresó su preocupación por el miedo y la precariedad que atenazan al mundo.

En su alocución anual al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa denunció la crisis de Oriente Medio, el terrorismo, los conflictos que impiden el desarrollo de Africa, la escalada de las enfermedades contagiosas, el problema del hambre y la explotación irracional de la naturaleza.

También tuvo palabras el Pontífice para expresar su conmoción y dolor por los vaivenes que conmueven Latinoamérica, particularmente Argentina, Colombia y Venezuela.

"Nunca como en este inicio de milenio el hombre ha experimentado lo precario que es el mundo que ha construido", dijo Juan Pablo II, que dirigió un mensaje de esperanza para que se impulse un cambio "si se quiere evitar que pueblos enteros, y quizás también la humanidad misma, se hundan en el abismo".

A los gobernantes representados por los 174 embajadores que integraban su auditorio les conminó a "tener el valor para decir 'no'" a la muerte, "que atenta a la incomparable dignidad de cada ser humano", al egoísmo, "que excluye a los demás", y a la guerra.

Con el eventual ataque a Irak como telón de fondo, el Papa subrayó que los conflictos armados son siempre "una derrota de la humanidad" y apeló al derecho, al diálogo y a la solidaridad como los medios "más dignos" para solucionar los contenciosos.

"La guerra nunca es un medio como cualquier otro, al que se puede recurrir para solventar disputas entre naciones", afirmó tras referirse al problema iraquí y al riesgo de que un posible ataque afecte a "poblaciones extenuadas por más de doce años de embargo".

El Pontífice hizo extensiva su reflexión al conflicto entre palestinos e israelíes, cuya solución aseguró que "no podrá ser impuesta recurriendo al terrorismo o a los conflictos armados, pensando que el desenlace consiste en victorias militares".

Pese a su alegato contra el uso de las armas, aludió a la Carta de la ONU y al Derecho Internacional, que lo legitiman en casos extremos, y pidió una decidida protección en esos supuestos para la población civil.

Junto a sus tres expeditivos "no", el Papa pronunció otros tantos y no menos enfáticos "sí" en favor de la vida, el respeto del derecho y el deber de solidaridad.

"Todo empieza por respetar la vida", argumentó Juan Pablo II antes de reiterar sus habituales condenas al aborto, la eutanasia y la clonación humana.

Del respeto del derecho hizo bandera y solución de todos los contenciosos: "El mundo -dijo- sería totalmente diferente si se comenzaran a aplicar sinceramente los acuerdos firmados".
Pero también se refirió en este punto al diálogo ecuménico con las otras religiones, en particular con el Islám, como "el mejor antídoto contra las desviaciones sectarias, el fanatismo y el terrorismo religioso".

La sombra de las fricciones con las autoridades religiosas de obediencia ortodoxa y políticas rusas afloró en este contexto con la denuncia por el trato recibido por las comunidades católicas y la expectativa de que se resuelvan las diferencias.

El Papa, que no ha podido ver cumplido su ansiado sueño de viajar a Moscú, pidió al Gobierno de la Federación Rusa que "obre en conformidad a los compromisos internacionales suscritos, porque los católicos rusos quieren vivir con la misma libertad y dignidad que sus hermanos del resto del mundo".

El último "sí" del anciano Pontífice fue para recordar que el futuro del mundo se juega sobre el tablero de la solidaridad: "un joven sin trabajo, un minusválido marginado, personas ancianas abandonadas, países atenazados por el hambre y la miseria hacen que demasiado a menudo el hombre desespere (...) y ceda a la violencia.".

Como contrapunto positivo se refirió al proceso de ampliación de la Unión Europea -volvió a reclamar la referencia a las Iglesias en el futuro Tratado constitucional- y los avances registrados en países africanos como Angola, Burundi, Sudán o la República Democrática del Congo".

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