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Un escándalo de corrupción complica más al debilitado Guaidó en Venezuela

El autoproclamado presidente ordenó la separación de los sospechados. "No permitiré que se ponga en riesgo lo que hemos sacrificado", dijo, en momentos en que su popularidad cae y sus convocatorias contra Nicolás Maduro pierden fuerza.

Caracas - Denuncias de corrupción contra aliados del autoproclamado presidente venezolano, Juan Guaidó, desataron ayer una crisis en la oposición justo cuando su estrategia para expulsar del poder a Nicolás Maduro luce debilitada.

Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (AN, parlamento), anunció en Twitter que investigará las presuntas irregularidades dentro de las filas del antichavismo después de que un medio de comunicación señalara a un grupo de sus diputados de hacer gestiones de manera informal para favorecer a un empresario vinculado al gobierno de Maduro.

El líder opositor reaccionó a una historia publicada por el sitio web Armando.info sobre la presunta vinculación de nueve legisladores de los partidos opositores Primero Justicia (PJ) y Voluntad Popular (VP, al que pertenece Guaidó) y el empresario colombiano Carlos Lizcano, vinculado con un programa de Maduro para distribuir alimentos subsidiados.

Lizcano es identificado por el portal como “subalterno” de otros dos empresarios colombianos, Alex Saab y su socio Álvaro Pulido, sancionados el pasado 25 de julio por Estados Unidos tras acusaciones de sobreprecios en sus importaciones de comida para los llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

Saab y Pulido enfrentan acusaciones de la justicia estadounidense por lavado de dinero proveniente del plan de Maduro, que la oposición denuncia como una estrategia de control social.

Los legisladores, según la investigación, enviaron comunicaciones a autoridades de Colombia y Estados Unidos pidiendo “indulgencia” para Lizcano, al considerar que no estaba involucrado en los ilícitos de Saab y Pulido.

“No permitiré que la corrupción ponga en riesgo todo cuanto hemos sacrificado. Ni al régimen ni a un grupito de inmorales que quieren fracturar a los venezolanos. No vamos a tapar los delitos de nadie”, reaccionó en la madrugada de ayer Guaidó, quien a lo largo del día fue ampliando la información sobre las medidas que tomaría respecto a los presuntos legisladores corruptos.

Además de pedir a los actores civiles y al medio de comunicación información sobre las irregularidades, aseguró que “quien se niegue a colaborar con cualquier investigación es el primer conspirador contra su honor, contra el Parlamento, contra sus hermanos y contra la causa de la libertad”.

También fueron separados de la AN todos los sospechados y quedaron sin efecto las gestiones que se realizaron a través de la comisión de Contraloría, órgano mediante el cual se realizaron las presiones a favor del empresario colombiano.

Pero no es el único caso que salpica al entorno del autoproclamado presidente, reconocido por un centenar de países.

El viernes, después de que Guaidó lo destituyera como su embajador en Colombia, Humberto Calderón Berti acusó a representantes del líder antichavista del manejo indebido de recursos destinados a la manutención de 148 militares que desertaron en febrero en apoyo al llamado gobierno interino y huyeron a Colombia.

“Las autoridades colombianas me dieron la alerta y me mostraron documentos donde se hablaba de prostitutas, de licor, de cosas indebidas”, relató Calderón Berti a la prensa, indicando que su relación con Guaidó se había cortado desde hacía meses.

El excanciller venezolano (1992) se abstuvo de culpar al jefe parlamentario. Tampoco precisó el origen de los fondos ni los nombres de los implicados, que habrían realizado facturaciones ficticias.

Los escándalos estallan cuando Guaidó intenta reactivar las mermadas protestas contra Maduro, con convocatorias a manifestaciones que tuvieron pobre respuesta.

La aceptación del opositor viene cayendo mientras el mandatario socialista resiste con apoyo de un sector de la población, los militares, Cuba, Rusia y China.

Su popularidad, que llegó a 63%, bajó a 42% en octubre, según la firma Datanálisis.

“Una ventaja que tuvo Guaidó es que no era identificado con la política tradicional y sus vicios. Su liderazgo podría ser amenazado si es percibido como ‘más de lo mismo’”, opinó Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos.

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