Espectáculos

"Muralla", o de cómo la ficción se propone afear la realidad

El 27 de diciembre de 1995 el arquero Carlos Laime, del San José de Oruro, con una pierna lastimada y algodón en la nariz, tapó no uno sino dos penales, dándole a su club el título de campeón boliviano del año. Después se supo que tenía el tabique nasal roto y que debía operarse la rodilla. Ya curado, el hombre integró la selección nacional, jugó hasta 1999, luego se hizo director técnico, estudió y se recibió de abogado, presidió el Fondo de Inversión para el Deporte y siguió yendo a la cancha con su familia. Otro mérito: su modelo fue el Pato Fillol.

Curiosamente, la ficción que ahora vemos imagina a un ficticio Coco Rivera, alias “Muralla”, consagrando a San José en ese campeonato. Ese tal Muralla vive ahora en la mala, apenas chofer de una combi trucha como las famosas “05” de La Matanza, bebedor, separado y para colmo con el hijito internado a la espera de un trasplante. Sólo le quedan recuerdos, angustias, y la desesperación por el paso del tiempo. No tiene modelos, sino un mal consejero que lo mete en el tráfico de personas para conseguir el dinero del trasplante.

Después vendrán los cargos de conciencia, la necesidad de reparar el daño, purgar la culpa, castigar al comerciante de los cuerpos y resignarse al calvario a manos de la mafia. El asunto es fuerte, pero el director, el debutante Gori Patiño, evita caer en mayores truculencias. Apenas las sugiere, al tiempo que combina realismo con simbolismo religioso (ese sincretismo propio del lugar, que enriquece la imaginería cristiana) hasta lograr un cierre bien preciso. Intérprete, Fernando Arze. Para el respiro, Pablo Echarri en el papel de un criminal cínico y divertido. Para la reflexión: ¿por qué una película sobre Laime pagaría menos que ésta?

  • S.

“Muralla” (Bolivia. 2018). Dir.: G. Patiño. Int.: F. Arze, C. Mercado, P. Echarri.

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