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Murió Bertolucci, último maestro del cine italiano

EL DIRECTOR DE "ÚLTIMO TANGO EN PARÍS", "EL CONFORMISTA" Y "EL ÚLTIMO EMPERADOR" TENÍA 77 AÑOS Discípulo y colaborador de Pasolini, su obra marcó a fuego la pantalla europea de la segunda mitad del siglo XX. Después de su controversial film con Marlon Brando y María Schneider, Hollywood le abrió las puertas y sus películas, empezando por "Novecento", ganaron fama internacional.

Con un simple entierro y varios homenajes públicos Italia despide hoy al maestro Bernardo Bertolucci, muerto ayer de madrugada en su casa de Monteverde Vecchio, Roma. Tenía 77 años, 15 largos, 8 cortos, una serie documental, más de 50 premios internacionales, incluyendo Oscars y Premios a la Trayectoria brindados por Venecia, Cannes, San Sebastian y la Academia Europea, un libro de poesía, varios juicios por obscenidad, un hermano y una esposa de ley, que siempre lo ayudaron, y una silla de ruedas. Su última obra la dirigió desde allí, como John Huston.

Nacido en Parma, ya bajo la guerra, hijo de un poeta y una profesora, tenía apenas 20 años cuando ganó el Viareggio por su libro “In cerca del mistero”, al tiempo que entraba al cine como asistente de otro poeta, su amigo Pier Paolo Pasolini, en la aventura de “Accatone”. Casi enseguida pasó a dirigir sus propias películas, al tiempo que participaba en guiones de policiales y western-spaguetti como “Érase una vez en el Oeste”, de Sergio Leone. Así fue aprendiendo el oficio sobre la marcha, desde la sencillez de “La commare seca”, sobre texto de Pasolini, a la exquisita complejidad, y creciente presupuesto, de “El conformista”, basado en la novela de Alberto Moravia, “La estrategia de la araña”, sobre el “Tema del traidor y del héroe”, de Jorge Luis Borges, y el consagratorio y polémico “Último tango en Paris”, que le valió su primera candidatura al Oscar, significó la resurrección de Marlon Brando y motivo de escándalo público.

A esta altura Bertolucci había enamorado al público general, los psicoanalistas, los intelectuales de izquierda y las majors de Hollywood, que financiarían sin mayor queja el inmenso relato histórico “Novecento”, de elenco y despliegue portentosos, amén de 320 minutos de duración original. Por supuesto, para el mercado mundial la distribuidora hizo una versión de 245 minutos, que llegó a estas playas reducida a 238 y con 7 (siete) años de demora, censura mediante. Le seguirían “La luna” (otro escándalo, esta vez por la sombra del incesto), “La tragedia di un uomo ridículo”, con Ugo Tognazzi (no estrenada en el país), y la obra magna: “El último emperador”, suma de todo su arte, y su capacidad de unir armoniosamente diversas miradas sobre la historia, la civilización, las pulsiones íntimas y la tierna fragilidad humana, en este caso el último heredero de la dinastía manchú, reducido a simple mortal en la mera intemperie. 57 premios recibió esa obra, incluyendo 9 Oscars. Después vendrían “Refugio para el amor”, sobre la novela de Paul Bowles “El cielo protector”, y, con igual calidad pero cada vez con menos despliegue, menos repercusión, y más intensa sencillez, “Pequeño Buda”, “Belleza robada”, “Cautivos del amor”, “Los soñadores”, evocación agridulce de la primavera del 68, y, por último “Io e te”, con elenco y decorado mínimos. Y entre medio de todo eso, unos cuantos cortos documentales, trabajos en común con otros colegas, alguna actuación amistosa, la muerte de Giuseppe, su hermano y mano derecha, también director de talento, largas discusiones dentro y fuera del Partido Comunista Italiano, al que se unió en su juventud y cuya disolución le tocó presenciar.

Enfermo, retirado desde 2012, solo acompañado por Clare Peploe, su esposa, coguionista y asistente desde 1978, años atrás fue acusado de haber engañado y llevado a la violación a la protagonista de “Último tango en Paris”, justo en la escena más comentada. El propio director de fotografía de esa película, el maestro Vittorio Storaro, negó esa versión en reiteradas oportunidades, una de ellas en Mar del Plata, aunque el propio Bertolucci la terminó admitiendo en un reportaje ofrecido a la televisión francesa (ver recuadro). Queda en el recuerdo el chiste de otro poeta, Jorge Luis Borges, que en viejos tiempos solía decir: “Yo estoy muy agradecido de un señor Bertolucci, que me dicen que es un gran director, y ha tenido la gentileza de hacer una película inspirado en un cuento mío”. Como esa película estaba prohibida en estas pampas, nunca faltaba alguien que dijera “Lástima que no la podamos ver”. Y socarrón Borges agregaba “Ah, fíjese. Yo tampoco”.

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