Espectáculos

Murió George Hilton, el cowboy uruguayo

En un duelo final ocurrido el domingo en una clínica romana, George Hilton, 85 años y todavía alto, pintón, simpático, perdió contra la Muerte. Recién ayer Gabriela Reston, su compañera, tuvo fuerzas para contárselo al mundo a través de facebook. Ella había sido su amor de juventud. Después cada cual hizo su vida hasta que, hace poco, se reencontraron y al fin se unieron. Una linda historia, digna del personaje de cine que fue Hilton.

Nacido Jorge Hill Acosta, se inició como actor en su Montevideo natal. Pronto cruzó el charco, se rebautizó Jorge Hilton, la pantalla argentina lo amó y salió en tapas de revistas hasta que un día, huyendo de una mujer acosadora, voló a Italia. Allí, sucio, a los tiros, se convirtió en George Hilton, hizo western-spaghetti, policiales, terror, capa y espada, comedias, fue una estrella mundial del cine popular de los ’60-70, siguió trabajando, y hace poco, mientras preparaba otra película, empezó a recibir homenajes, desde Punta del Este hasta Ghana, Nigeria, China y Vietnam.

De su larga carrera destacaba “Tiempo de masacre”, “La cola del escorpión”, “Mi querido asesino” y “Los cuatro despiadados”. A señalar también, como muy representativos, “Póker con pistolas”, “Voy, lo mato y vuelvo”, “Uno más al infierno”, “Vendió su pistola y se compró un cementerio”, “En Ghentar se muere fácil”, “El extraño vicio de la señora Ward”, “A cena col vampiro”, en fin. Lo dirigieron varios autores buenos, como Lucio Fulci, Lamberto Bava y Sergio Martino, y unos cuantos malos. Trabajó con Franco Nero, Edwige Fenech, Agostina Belli, Fabio Testi, Alberto de Mendoza, Klaus Kinski, Ernst Borgnine, Fernando Rey, Carrol Baker, Salvo Randone. También Carlos Monzón, en “El macho”.

De esa película, comentaba “Era horrible, ¿verdad? Dije ‘firmo el contrato solo si puedo pegarle sin que él me pegue’, porque ya había mandado varios extras al hospital”. Hilton contaba su vida como una serie de afortunadas casualidades y felices encuentros con gente dispuesta a ayudarlo. Si recordaba alguna desgracia, que también tuvo, era para destacar todo el afecto que recibió en ese momento. Era un hombre agradecido, nada fanfarrón, siempre laborioso y de buen humor. Sólo lamentaba tres cosas: no tener nietos, no haber visto concretado el “Keoma Rises” que Castellari quería hacer con Bud Spencer, Tomas Milian, él y otros héroes del viejo western-spaghetti, y haber tenido siempre un público mayormente masculino. “Que aplaudía a rabiar, eso sí”.

Paraná Sendrós

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