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Narla: "El mercado editorial sigue girando sobre unos ejes inmutables"

Con su último libro conquistó el Primer Premio Narrativas Históricas Edhasa 2018. "Muchas novelas llamadas históricas podrían calificarse de aventuras con trasfondo histórico. Beben de las novelas de Dumas y Dickens".

“Más allá del premio, me enorgullece el haber entrado en una colección de clásicos de la novela histórica” confiesa Francisco Narla, quien con “Laín, el bastardo” conquistó el “Primer Premio Narrativas Históricas Edhasa 2018”. Narla es piloto, comandante de una línea aérea, ha publicado desde poemas a un libro técnico de su especialidad, y entre otras obras, “Ronin”, “Assur”, “Donde aúllan las colinas”, que lo consagraron en la novela histórica española. Dialogamos con el galardonado Narla.

Periodista: ¿La novela histórica se ha vuelto novela de aventuras?

Francisco Narla: No, hay muchas que entran en otros subgéneros, como el misterio o el suspense. Uno de los puntales del género, “El nombre de la rosa”. Sigue las pautas de las clásicas novelas de misterio. Muchas novelas llamadas históricas podrían calificarse de aventuras con trasfondo histórico. Y “Laín” es una de ellas, esa era la idea desde el principio. Bebe de las de Dumas y Dickens. Y no es que se haya buscado recuperar la novela popular del siglo XIX, es que el mercado editorial, pese a sus transformaciones y cambios, sigue girando sobre unos ejes inmutables y la novela, en general, lo que debe hacer es entretener al lector. Al hablar de los clásicos nos olvidamos que fueron todos auténticos best sellers, es decir: populares.

P.: ¿El escenario justifica llamar novela histórica a una de pasiones y crímenes?

F.N.: La novela trate lo que trate puede considerarse histórica cuando en sus páginas se percibe un tiempo histórico concreto, ese debe ser su atributo central, respirar una época, un momento. Debe servirse del entorno histórico para plasmar una realidad y esa realidad es la que debe contener la trama de un modo en que el lector no pueda desprenderse de él. En todas las páginas, en todos los párrafos debe haber elementos que sitúen la historia en un tiempo concreto. Pero el novelista no puede verter todo lo que ha aprendido, debe usar esa documentación para dar verosimilitud, pero nunca olvidar que el objetivo es contar una historia, y que debe, ante todo, entretener.

P.: ¿“Laín” es la historia de una venganza como en “El conde de Montecristo”?

F.N.: En cierto modo lo es. La venganza y cómo ésta transforma al protagonista son elementos de “Laín”. Es difícil que la historia funcione si el protagonista no se transforma con el paso de las páginas y, en “Laín”, la venganza es uno de esos motores de transformación. Y es un hijo bastardo que busca el reconocimiento de su padre, trasiega por la vida intentando encontrar la posición que su nacimiento le ha negado, y buscando a su padre aprenderá a su vez a ser padre. Es una epopeya que recorre de la Galicia medieval hasta el Imperio de Gengis Khan. El viaje es un recurso del escritor, el viaje físico resulta una alegoría del viaje interior, el cambio del protagonista.

P.: ¿Por qué quien cuenta la historia es un trovador gallego?

F.N.: Estudiando el período me topé con la enigmática figura de Martín Códax, trovador cuyas composiciones se han interpretado por orquestas sinfónicas de medio mundo. Pese a ser uno de los nombres más relevantes de la lírica medieval no tenía biografía. Su vida era un completo misterio. Ahí había una novela: un trovador que busca la gran historia de su tiempo, que busca componer su propio Cantar del Mio Cid, su Chanson de Roland. En la novela, Martín Códax se convierte en protagonista de la gesta que desea narrar. Buscando una gran historia acabará involucrado en ella.

P.: ¿Alfonso El Sabio además de sabio fue corrupto?

F.N.: No puede decirse que fuera corrupto, como rey no tenía que rendir cuentas a nadie, pero hizo un uso más que discutible del tesoro real. Era más complicado de lo que pueda parecer por el apelativo. Se preocupó por la cultura, fue mecenas de trovadores, potenció la traducción de textos, sus intereses astronómicos generaron un cráter de la luna que lleva su nombre. Pero buena parte de sus ansias culturales tenían que ver con el deseo de asemejarse a los emperadores del Sacro Imperio y a los califas de oriente. Sus proyectos fueron una forma de publicitarse como candidato al trono instaurado por Carlo Magno. En pos de ese ideal sus gastos estuvieron a punto de llevar a Castilla a la quiebra. Fue un hombre sin escrúpulos. Mandó asesinar a uno de sus hermanos, a otro lo obligó a exiliarse. Acabó solo y repudiado, abandonado por su esposa y en pugna con su hijo.

P.: ¿Usted inventó una Cruzada gallega para competir con franceses y británicos?

F.N.: No inventé nada, es un hecho histórico. ¿Hubo gallegos en las Cruzadas?, se cumple el tópico: ¿dónde no hay gallegos? En la cruzada que organizó Teobaldo de Navarra hubo nobles gallegos, que algunos se perdieran en los desiertos de Judea me pareció en extremo interesante.

P.: ¿Cómo fue el comercio de las reliquias?

F.N.: Incalculable. Toda la cristiandad se peleaba por tener las reliquias más atractivas, cualquier iglesia quería un pedazo de santidad con el que atraer a más fieles. Se cometieron robos, asesinatos, estafas de todo tipo. Hubo obispos y cardenales que asaltaron catedrales para robar reliquias. Pícaros que vivieron a cuerpo de rey gracias a las falsificaciones. Incluso una suerte de mafia que intentó regular el comercio de reliquias. Aún se conservan reliquias medievales tales como seis prepucios de Jesucristo, leche de la Virgen María, el suspiro de San José al enterarse del embarazo de su esposa, guardado en una botellita, plumas del Espíritu Santo. Hay una carta de Jaime I en la que se queja de que los templarios estaban intentando venderle un seno incorrupto de Santa Águeda, cuando a él ya le habían vendido otros tres. Al pobre rey le costaba imaginar que, por muy santa que fuera, tuviera cuatro pechos.

P.: ¿Qué le significó ganar el Premio Narrativas Históricas Edhasa?

F.N.: Una recompensa enorme al trabajo de estos años. Por supuesto, los lectores tienen la última palabra, pero que la industria en la que trabajas reconozca tu labor siempre es una satisfacción enorme. Pasar a formar parte de una colección que cuenta con Premios Nobel es un orgullo.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

F.N.: Tengo varios proyectos, incluyendo uno con el cine, algo que me hace mucha ilusión. Todos ellos de ambientación histórica, aunque en diferentes épocas.

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