"Los datos son de quien los genera y tiene que decidir si le pone precio"

Negocios

Rodrigo Irarrázaval creó una aplicación para celulares, basada en una plataforma web, con la que los usuarios deciden qué hacer con sus datos personales. "No es justo que las empresas los usen gratis y sin tu consentimiento", afirma.

Una tarde de diciembre de 2017, un joven físico porteño se encuentra con un (aún más) joven ingeniero de origen chileno, pero que, para cuando este encuentro ocurre, ya ha cursado sus estudios, de la primaria a la universidad, en Argentina. Aunque nunca se han visto las caras, uno es el jefe del otro.

A los dos les apasiona aplicar la ciencia a la resolución de problemas. Son, en verdad, más que innovadores, inventores, al estilo de Tesla; sólo que, en el siglo XXI, todo ocurre en el plano digital, por supuesto. Ambos ostentan una buena dosis de imaginación, comparable con la de los locos de la azotea, esos argentinos que le pusieron la firma a la primera emisión radiofónica del mundo, en 1920.

En la charla -irreproducible por varios motivos- barajan argumentos acerca de la explosión de los datos que los dispositivos digitales recopilan. De hecho, el primero de ellos es pionero en el desarrollo de programas informáticos que procesan volúmenes gigantes de información. O sea, hace Big Data, y le va muy bien haciendo negocios con grandes corporaciones. Su nombre es Matías Travizano, y, aunque el encuentro ocurre en Buenos Aires, para entonces su vida transcurre, principalmente, en Silicon Valley.

El ingeniero, por su parte, lleva en la sangre el gen emprendedor. Acompañando a su padre en los negocios, y viendo a su madre salir adelante por su cuenta, apenas cruzó la puerta del ITBA con el título bajo el brazo, supo que iba a innovar tantas veces como fuera necesario hasta desarrollar un proyecto disruptivo y comercialmente viable, pero que, además, tuviera un impacto social valioso.

“Nos miramos con Mat y dijimos ‘si los datos son de las personas, por qué no hacemos algo para que cada uno de nosotros tenga el control de esos datos’. En dos meses teníamos la versión alfa, un prototipo. Yo estaba completamente abocado a esto, en un segundo habíamos puesto a trabajar a los programadores. Fue un enero intenso, toda mi familia sabía lo que estaba haciendo, ¡les hablaba del proyecto horas y horas a mis amigos! Cuando sos emprendedor, tu cabeza no para los fines de semana, no cortás nunca. Pero vale la pena, porque hoy Wibson es una realidad”.

Acompañame a conocer la historia de alguien que decidió caminar muchos pasos por delante de su tiempo: Rodrigo Irarrázaval.

Periodista: ¿Qué es Wibson, y por qué sostienen que empodera al usuario?

Rodrigo Irarrázaval: Wibson es una aplicación para celulares, basada en una plataforma web, con la que todos nosotros podemos decidir qué hacer con nuestros datos personales que, habitualmente, las empresas digitales utilizan sin preguntarnos. Cuando instalás la app en el teléfono empezás a saber cada vez que una empresa intenta tomar tus datos para perfilarte y luego ofrecerte sus productos o servicios; o quizá pretende vender, incluso, esos datos a otras empresas.

En ese sentido la propuesta nuestra es: como los datos son de quien los genera, o sea, cada uno de nosotros, tenemos que poder decidir si aceptamos ser perfilados digitalmente en forma gratuita, o si le ponemos algún precio a esos datos y, entendiendo que son un activo valioso, pedimos algo a cambio.

Desde que creamos esta solución, la pensamos en código abierto y colaborativo y por eso creamos el protocolo Wibson basado en Blockchain, que es el sistema de almacenamiento descentralizado que hoy se usa para garantizar que nadie tiene el poder sobre la información. Esto permite que, en el futuro, otras personas utilicen Wibson para crear otras soluciones que los usuarios necesiten, para controlar lo que se hace con la información de cada uno, y proteger la privacidad.

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Mauro Berchi y Rodrigo Irarrazábal analizan la web de Wibson

Mauro Berchi y Rodrigo Irarrazábal analizan la web de Wibson

P.: ¿O sea que con la aplicación cualquier persona que usa un smartphone puede vender sus datos?

R.I.: Sí, exactamente. Nosotros creemos que el usuario es dueño de sus datos, porque es quien los genera. Además, así lo establecen las normas en Europa – N de R: se refiere al RGPD (Reglamento General de Protección de Datos) que entró en plena vigencia en mayo de 2018, y que es el modelo de regulación del uso de datos más avanzado en el mundo-. Entonces, con herramientas como Wibson, si el usuario toma el control de sus datos, puede decidir darlos gratis según quién los quiere y para qué; pero, también, puede decidir venderlos, considerando que esa información les interesa a las empresas.

P.: ¿Y cómo se cobra por la venta de los datos?

R.I: Nosotros planteamos que, como esto es completamente incipiente, lo mejor es que las transacciones se realicen con una criptomoneda que también creamos: los Wibson Tokens, o Wibs. En definitiva, son unidades de valor que cada usuario acumula, para luego canjear.

Hoy estamos creando el Marketplace – una suerte de Mercado Libre- negociando con empresas que quieran sumarse a la iniciativa, para que ofrezcan sus productos y la gente pueda comprarlos usando sus Wibs. En definitiva, y aunque hoy no represente demasiado, se trata de tomar conciencia de que tus datos son valiosos, y que no es justo que las empresas los usen gratis y sin tu consentimiento, como pasa actualmente.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo technos…

Blockchain es el furor de hoy en materia de almacenamiento de información. Es un modo virtual de almacenar datos que, por su propia arquitectura, enlaza bloques que poseen vínculos con otros bloques, de forma tal que se puede guardar información con la certeza de que nadie será capaz de alterar un bloque sin alterar los demás bloques encadenados. La técnica criptográfica de almacenamiento es clave para que esto funcione.

Por otro lado, Bitcoin fue la primera criptomoneda mundialmente conocida. En palabras de Rodrigo, “Bitcoin es el primer subproducto de Blockchain que se dio a conocer”. Basada en esa técnica de almacenamiento criptográfico, Bitcoin surgió en 2009 como protocolo de código abierto que, simplificando, permitió pensar en unidades digitales de valor sin que hubiera, por detrás, toda la infraestructura financiera propia de las monedas tradicionales.

Alrededor de las criptomonedas (hoy existen, en todo el mundo, más de 2.961 según el portal CoinMarketCap) hay una cantidad enorme de controversias, producto de la relación entre dos actividades sumamente técnicas, sofisticadas y complejas: la economía financiera y la programación.

No obstante, a partir de que Facebook anunciara la creación de su propia criptomoneda, Livra, y que China también informara oficialmente que está trabajando en ello, no hay dudas de que las monedas virtuales – junto con los bancos y los entornos digitales de intercambio- son un poquito de nuestro presente, pero mucho de nuestro futuro cercano.

Pues bien, a esa ola se subió Rodrigo al crear Wibson -marca que surge como acrónimo de Willam Gibson, escritor fetiche de los amantes de la ciencia ficción tecno . Ocurre que, para empezar, resulta todo un esfuerzo comprender que los datos, que hoy se acumulan automáticamente y por millones, son de quien los produce. Dado que se trata de algo completamente novedoso y para nada tangible, esto ya es un desafío.

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Rodrigo Irarrazábal charla con ambito.com probando Wibson en el celular

Rodrigo Irarrazábal charla con ambito.com probando Wibson en el celular

De allí, hay que saltar al contexto de la economía de este siglo, sin espacio ni tiempo, en el que los datos son el petróleo, frase ya un tanto trillada pero cierta. Las empresas necesitan más y mejor información de sus clientes potenciales para poder ofrecerles productos y servicios adecuados a cada perfil.

Al mismo tiempo, tenemos modos electrónicos de pago, y, en definitiva, mercados y movimiento de capitales, todo completamente digital: Ripio es un ejemplo de billetera virtual, mientras que Brubank es un banco que no tiene sede física.

Y la frutilla del postre: en dos minutos, cualquier persona puede tener su usuario de Blockchain y, al ingresar, ver cómo fluctúa el valor de las criptomonedas en el mundo. Se puede comprar y vender, comparar con las monedas físicas tradicionales… y leer, en uno de los márgenes, “sea usted su propio banco”. Todo un cambio de paradigma económico.

Este es el complejo escenario que entendió Irarrázaval. En este marco, y considerando un usuario lo suficientemente informado, es posible pensar que cada uno de nosotros puede dominar las variables descritas y decidir con suficiente soberanía a quién permite usar la información que surge de su móvil. Más aún, con Wibson, puede que ganemos algo de dinero por ello. Han cantado bingo.

Y sin embargo no es imposible…

“Si bien yo no soy una persona técnica, y de hecho fui a un colegio con orientación económica, siempre fui el que arreglaba las cosas en casa, y el que entendía la tecnología. Me acuerdo que, de chico, hacíamos viajes largos con mi familia. Eran unas 15 horas arriba del auto, y llevábamos la laptop de mi viejo para ver películas. Entonces mandé hacer una esponja grande como para meter la computadora ahí adentro y que no saltara el CD, y ver las películas tranquilos. Después vino la play, e hicimos otra esponja para eso, y me hice un enchufe especial para cargarla en el auto (…)”.

Ese es el primer recuerdo de Rodrigo inventando soluciones. Contar cómo se le ocurrió la ‘esponja - soporte - de - laptop’ es mucho más difícil que entender cómo funciona si uno pudiera verla; incluso, ya con imaginarla se explica sola. Algo así pasa con Wibson. Al buscar la app en Google Play e instalarla, o verla en la PC, toda la complejidad técnica queda por detrás.

Wibson me da la bienvenida y propone ayudar a ganar dinero con los propios datos. De hecho, se presenta como tu gestor de datos e, inmediatamente, detecta potenciales compradores de mi información. Luego me pregunta si quiero vendérsela, y me cotiza la transacción, todo inmediatamente. En mi caso, podría ganar 310 Wibs sólo haciendo clic en ‘aceptar’. ¿A cuánto equivaldrán 310 Wibs? Buena pregunta, que aún no posee respuesta.

Por ahora, esas unidades de valor se acumularán en mi alcancía (el chanchito negro es la imagen dominante de la app) hasta que, este año, Wibson lance el entorno en el que ese dinero virtual pueda ser canjeado por productos y servicios. Como las millas o los puntos de las tarjetas de crédito. O como cuando alguien cobra con Mercado Pago, y dispone del dinero en su cuenta pudiendo gastarlo en Mercado Libre.

Claro que, en este último caso, uno puede materializar su plata. Pero allí inciden, también, la devaluación, los impuestos, y las comisiones bancarias. Buena parte de todo ello no existe en el mundo de las monedas virtuales. Ese es un atractivo que, para cualquier argentino curtido en crisis económicas, no pasa inadvertido.

En otra pestaña, Wibson conecta directamente con su perfil en sitios como Medium, de información de calidad en los que podés enterarte de las novedades del mundillo de las criptomonedas. Además, hay una comunidad en Telegram -N de R: parecido a WhatsApp, pero más seguro y de perfil más bajo- en la que los usuarios de todo el mundo intercambian pareceres acerca de la compra y venta de datos, el valor de las monedas digitales, etcétera.

Mientras pruebo la app y charlo con Rodrigo, Fiorella Scantamburlo, responsable de marketing de Wibson, apunta: “la aplicación que ves va a cambiar completamente en marzo. De hecho, va a estar centrada en el control de la privacidad del usuario; brindar información detallada acerca de lo que ocurre con sus datos personales, su seguridad, y cómo tomar decisiones respecto de eso. Allí estará el fuerte. La monetización y el mercado de compra y venta serán secundarios”.

La aclaración viene perfecto para desarrollar otro costado de Wibson: su inserción en el debate mundial acerca del uso de los datos personales por parte de las empresas, y su finalidad apostando al bien común, con el protocolo abierto y en Blockchain.

P.: ¿Qué es PIMCity y por qué lo convocó a ustedes?

R.I.: PIMCity es un proyecto de noviembre del año pasado, lanzado por la Unión Europea, en el que contactaron a empresas, universidades y ONGs de todo el mundo que estén trabajando en el tema de la economía de los datos. Entonces, vieron lo que estábamos desarrollando, y nos invitaron a sumarnos.

Ellos dispusieron un presupuesto para financiar la creación de un kit de herramientas de control de datos personales, o PIMS – Personal Information Management Systems- que permitan a los usuarios tomar el control de sus datos personales, y poder defenderse del uso inapropiado o no consentido que las empresas pudieran hacer.

Lo más llamativo es que pretenden que se cree abiertamente un mercado de datos, pero en el que los organismos de control estatal, las empresas y los usuarios puedan dialogar abiertamente, en pie de igualdad. Obviamente nosotros estamos en esa línea, porque Wibson es, antes que un negocio, una forma de tomar conciencia del valor de nuestros datos.

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Uf. Bueno. Es demasiada información a esta altura de la tarde. Termina el encuentro con Rodrigo Irarrázaval y salgo al sol de enero, cerca de la costanera de Olivos. El calor de más de 30 grados turba más la mente. Hay unos paradores, y gente en actitud más que heroica, haciendo gimnasia. No serán las playas de Cuba, pero sin embargo recuerdo que Hemingway sostenía que la vida se ve mejor con uno, o a caso dos, mojitos diarios. Hoy le hago el honor.

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