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Netflix y un ciberpunk de adaptación alterada

"CARBONO ALTERADO" ES UNA SERIE CAUTIVANTE EN LO VISUAL PERO CON UN FONDO SENTIMENTAL ESPECULATIVO - El nuevo producto del gigante del streaming busca sacar rédito del prestigio del género y la novela original de Richard Morgan, pero su paso a la pantalla abunda en golpes bajos con el fin de cautivar públicos más amplios, y por muchos momentos se vuelve hueca, lacrimógena y antigua.

Hace unas semanas Netflix estrenó su nueva apuesta: "Carbono alterado". La serie tuvo un generoso presupuesto para llevar a la pantalla este policial noir y hardboiled de ciencia ficción: cada capítulo de una hora costó un promedio de entre u$s6 y 7 millones. Se trata de otra gran inversión que busca sacar rédito de productos de comprobada fama que provienen de la literatura de género, como las exitosas "Game of Thrones" y "The handmaid tale", entre tantas otras. La publicidad en la vía pública y redes sociales da cuenta que la plataforma la considera otro de sus estrenos "fuertes".

"Carbono alterado" se ubica en el subgénero ciberpunk y su estética comparte mucho con "Blade Runner 2049" y "Ghost in the Shell", ambas con nuevas versiones el año pasado. La serie transcurre en un siglo 25 en el que existe la clave de la inmortalidad... Para quienes pueden pagarla. A través de una "pila" o memoria física que se les implanta al poco de nacer, las personas resguardan allí sus conciencias, pudiendo renovar sus cuerpos innumerables veces. Los cuerpos (o "fundas") pueden ser clones de sí mismos, o cuerpos de terceros que por una condena criminal han sido confiscados.

Takeshi Kobacs es despertado de su condena luego de 250 años. En su tiempo fue algo así como un militar de la tropa de élite más mortífera de la galaxia, un tipo duro. Pero se equivocó y terminó con su conciencia desconectada. Ahora Kobacs posee el cuerpo del que fuera un policía corrupto gracias a la intervención de un ultramillonario, Laurens Bancroft, un "mat" (por Matusalén, ya que es un inmortal) preocupado por haber sufrido un intento de asesinato. La destrucción de la "pila" es la "muerte real", lo único que verdaderamente da miedo a todos. Kobacs se hundirá en ese mundo como un detective a sueldo para desentrañar el misterio.



El sueco Joel Kinnaman -actor que ya tuvo papeles destacados en las series The Killing y House of Cards, y en los films Robocop y Suicide Squad- interpreta a Takeshi Kovacs. El millonario Laurens Bancroft (también de The Killing) es el británico James Purefoy y la policía poco respetuosa de la ley Kristin Ortega es la mexicana Martha Higareda. La creadora de la serie es Laeta Kalogridis, guionista de "La isla siniestra" (2010) y "Terminator Génesis" (2015), quien también está preparando las remake live action de "Alita: Battle Angel" y "Sword Art Online" (film y serie, respectivamente, ambas de ciencia ficción).

Kalogridis explota al máximo las posibilidades visuales de la historia (y del presupuesto) con la estética ciberpunk clásica de ciudades oscuras cubiertas de avisos publicitarios holográficos heredada por el género desde la "Blade Runner" original. El uso de efectos por computadora muy bien logrados junto con una dirección artística esmerada consiguen imágenes de gran impacto (llama la atención el uso constante de figuras geométricas que puede despertar un ataque de tripofobia en personas susceptibles).

Los cuerpos son una obsesión y casi no hay personaje principal que no se muestre ante la cámara completamente desnudo. La piel, las heridas, los músculos, el tacto y las formas están siempre en primer plano, en una contraposición de lo más natural que existe frente a la tecnología que, se alecciona siempre, deshumaniza.

Adaptación y ciberpunk

La idea original de la serie parte de la novela del mismo nombre, escrita por Richard K. Morgan y publicada en 2002 que recibió el Premio Philip K. Dick. El libro, el primero de una trilogía, retoma las ideas centrales de los fundadores del ciberpunk de hace cuatro décadas y las actualiza a estos tiempos.

Sobre la identidad ciberpunk de "Carbono alterado" comentó para ámbito.com el escritor uruguayo Ramiro Sanchiz: "La serie se esfuerza notoriamente por hablar de las fronteras entre el cuerpo y la tecnología, ese tema del ciberpunk más clásico (ya en 'Neuromante' hay mucho sobre toxinas artificiales que afectan al sistema nervioso de manera específica y de diseño) que después se convirtió en un subgénero en sí mismo, el biopunk; pero lo hace desde el cliché de la tecnología como amenaza a una presunta esencia de lo humano, y por eso -además de que inserta de manera bastante tosca algo que podría resultar vagamente problemático ahora en un futuro relativamente remoto: y qué poco se notan en la serie el paso del tiempo, incluso cuando es un elemento de la trama y de la construcción del protagonista-, al final, 'Carbono alterado' resulta tan conservadora y humanista en el peor sentido como lo más flojo de 'Black Mirror'".



Otro escenario que se instala con la nueva oleada de películas de ciencia ficción y específicamente de ciberpunk es que las ideas de futuros posibles que plantean no avanzan demasiado respecto a lo imaginado a comienzo de los años ochenta. ¿El futuro permanece estático, pensado desde el pasado?

"El tema del agotamiento del futuro eclosiona después del ciberpunk. Cuando salió 'Neuromante', Bruce Sterling dijo algo así como 'despídete de los futuros rancios', porque parecía que por fin se ofrecía una alternativa a los futuros más o menos predigeridos de la ciencia ficción más floja de los setentas, esa que era una especie de revival de la época clásica de Asimov, Heinlein y Clarke y lo más duro de la ciencia ficción que se escribió entonces. Pero esos futuros parecían agotados: ninguno podía compararse al punto álgido de esa ficción del futuro remoto, es decir la saga de 'Dune', de Frank Herbert; es cierto que Ursula LeGuin hablaba de futuros que podían ser remotos o que en principio parecían no rastreables en relación al presente, pero no creo que fuera la norma. Por eso el ciberpunk hablaba más bien de pasado mañana y ampliaba el registro de la ciencia ficción hacia la novela hardboiled, con su propia poesía high-tech. Pero después, ya para mediados o fines de los noventas, la cultura pareció desacelerarse. Culturalmente, esos noventas del ciberpunk más tardío son más bien nuestro futuro que nuestro pasado. De ahí que mirar hacia el ciberpunk implica una lógica de 'Back to the future", por decirlo de alguna manera. Si pensamos en 'Blade Runner 2049' y en el lado más estético y visual de 'Carbono alterado', acaso estemos presenciando un nuevo momento del ciberpunk: un neociberpunk si se quiere", explicó Sanchiz.

Más allá del impacto inicial, todos los puntos fuertes de "Carbono alterado" decaen al sucederse los capítulos. La adaptación falla cada vez que se desvía de la novela original, tal vez por necesitar más historias para completar las casi 10 horas que suma la temporada. Los personajes secundarios cobran protagonismo pero no suman y demoran la trama principal que por momentos se pierde de vista. La serie evita, más allá de la mirada superficial, sumergirse en temáticas con potencial como la de una población religiosa que prefiere morir junto a su cuerpo en vez de perdurar con ayuda de la tecnología, o mismo las complejidades de la inmortalidad. También extraña que en ese futuro en el que cambiar de cuerpo es fácil como comprar un auto se le da tanta importancia al cuerpo con el que nacen y se vive como una desgracia perderlo.

Sin embargo, el golpe más duro a la historia es el melodrama familiar y la profusión de flashbacks de un pasado rebelde y romántico que abundan al promediar la serie, puro relleno concebido por Kalogridis que le quitan ritmo y por momentos da la sensación de estar viendo una telenovela. "Los clichés de 'police procedural' a los que se le saca poco jugo o se les niega una buena vuelta de tuerca; la demasiado obvia gravitación de nuestro presente (o quizá nuestro pasado inmediato, mejor), con sus minorías y su pretensión multicultural", son otros aspectos negativos que Sanchiz menciona junto al humanismo tecnófobo que marca el tono de la serie.

La interrogante surge siempre cuando una adaptación es fallida. ¿Por qué tomarse tantas libertades al adaptar un producto de éxito comprobado? Los desastres son infinitos. El film "Death Note", una producción de Netflix del año pasado, es otro ejemplo. Mientras tanto, ante el renovado interés por Kobacs, el autor de las novelas ya evalúa seguir escribiendo sobre ese personaje y, si la serie marcha bien, no descarta que se puedan completar 5 temporadas, aunque aún no se habló ni de la segunda.

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