Opiniones

No hay crecimiento sin capital humano

Este siglo XXI es el siglo de la ciencia y la tecnología; los avances son cada vez más acelerados, por ejemplo, en el área de la robotización de los procesos industriales, de la comercialización y los servicios. Año a año se destruirán cada vez más empleos no calificados y aumentará la demanda por más recursos laborales de alta preparación. Esto significa que el nivel educativo de un país será esencial para determinar el ritmo de crecimiento del empleo y del futuro nivel de vida de su población. El avance económico de una nación hoy no depende principalmente de la existencia de abundantes recursos naturales (agro, minería, pesca, hidrocarburos), sino del nivel de calificación de su fuerza laboral.

Las naciones que avanzan y reducen la pobreza, mejorando al mismo tiempo la equidad en la distribución del ingreso, lo hacen siempre fortaleciendo el proceso de acumulación de capital. Pero en una visión integral del proceso de desarrollo, el capital es algo más importante que la mera acumulación de bienes materiales, como máquinas, fábricas, puertos, rutas, oleoductos, trenes, centrales eléctricas, minas y pozos petroleros. En este siglo XXI el capital humano es más importante que este capital físico; ahora bien, este capital humano es aportado esencialmente por la educación superior, con una muy importante participación de la Universidad.

Como este siglo es el siglo de la ciencia y la tecnología, es razonable prever que las naciones que mejoren los niveles y la calidad de su sistema educativo terciario tenderán a liderar el crecimiento de la economía mundial. Una nación no puede asegurar su crecimiento económico y desarrollo tecnológico sin una significativa graduación universitaria de sus jóvenes en las disciplinas vinculadas con los acelerados cambios tecnológicos. Las naciones están dejando atrás una época en que la producción de bienes y la acumulación de capital estaban basadas en los recursos naturales. El nuevo capital es el capital humano, por esta razón cada día que pasa es más importante la Universidad y el nivel educativo de los estudiantes secundarios que acceden a ella.

En este siglo nosotros nos estamos quedando rezagados en América Latina, ya que Brasil, Chile, Colombia y México vienen avanzando en su graduación universitaria a un ritmo superior al nuestro. Si tenemos en cuenta el tamaño de las poblaciones, nosotros matriculamos más estudiantes universitarios que estos países. Uno debería suponer que si tenemos más estudiantes, deberíamos tener más graduados, pero no es así, sino todo lo contrario. Este rezago se ha acentuado en los últimos años; por ejemplo, Brasil incrementó en el período 2003-2016 su graduación más del doble que nosotros.

Esta diferencia en el avance en la graduación nos está diciendo que nuestro ritmo de acumulación de capital humano calificado es insuficiente, ya que incide negativamente el hecho que nuestra deserción universitaria es muy alta. Esta deserción es inferior en Chile, Brasil y México, donde más de la mitad de los ingresantes concluyen su carrera universitaria, mientras que entre nosotros apenas la concluyen 3 de cada 10 estudiantes.

Como en estos tiempos, de grandes transformaciones tecnológicas, es cada vez de mayor importancia la graduación universitaria en la acumulación de capital humano, es preocupante observar nuestra escasa graduación en las carreras científicas y tecnológicas que demanda crecientemente el siglo XXI. Por ejemplo, mientras graduamos anualmente alrededor de 19.000 abogados, graduamos apenas 6 ingenieros nucleares, 14 ingenieros hidráulicos y 61 ingenieros en petróleo.

Si bien nuestra graduación universitaria es muy escasa, el ingreso a las universidades es cuantitativamente muy significativo. Prestemos atención al hecho de que nuestro sistema universitario es uno de los pocos del mundo que carece de una transición ordenada desde el ciclo secundario al universitario, sea este estatal o privado, ya que la mayoría de las naciones implementan exámenes estatales de evaluación de conocimientos al finalizar el ciclo secundario. La ausencia de este tipo de exámenes generales al finalizar el secundario es una clara desventaja para nuestros alumnos, ya que deteriora el proceso de estudio en este nivel. Es común escuchar a nuestros profesores universitarios de primer año destacar las grandes deficiencias en la preparación de los estudiantes secundarios y la elevada deserción.

En los próximos años no habrá un sostenido y prolongado crecimiento económico sin inversión, particularmente en capital humano preparado para los grandes cambios tecnológicos que ya vive el mundo globalizado, no sólo en las antiguas naciones industrializadas, sino especialmente en las emergentes como China, India y Corea, más países latinoamericanos que vienen creciendo de una manera más sostenida que nosotros en los últimos años. Este es el escenario mundial en el cual viviremos en el futuro.

Dentro de pocos meses tendremos elecciones generales, por esta razón deberíamos esperar que se presenten propuestas políticas consistentes y bien fundamentadas que nos expliquen qué debemos hacer para mejorar la educación. Esperemos que los candidatos que aspiran a gobernar el país estén a la altura de lo crítico de nuestra situación, y no agoten sus discursos en promesas impactantes pero infundadas. Esperemos propuestas que sean ambiciosas pero realistas, dejando atrás las abundantes proclamas incoherentes que son tan comunes en los discursos electorales.

Los años que vienen serán críticos, ya que estará en juego nuestra capacidad de aprender de los errores del pasado, y encauzar nuestra economía por el sendero no sólo del crecimiento económico, sino también de la igualdad de oportunidades y la inclusión social. Para todo esto será esencial el fortalecimiento de nuestra educación.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario