Espectáculos

"No te quiero más": una novela escrita en el nombre del padre

La historia de un amor que involucró a César Fernández Moreno con una pintora catalana que terminó casada con un amigo de Dalí.

En medio de una crisis matrimonial, una mujer recibe de Cataluña un mail que le informa que en un pueblito de Gerona hay cartas y una novela inédita de su padre, un poeta que no escribía novelas. La intriga la lleva a ir en busca de esos legados y allí se encontrará desenvolviendo secretos. “No te quiero más” (Alfaguara), la nueva novela de Inés Fernández Moreno, está basada en la historia real de papeles de su padre, Cesar Fernández Moreno, que estaban en una ayuntamiento de la Costa Brava. Inés Fernández Moreno ha publicado cuentos y novelas, con “El cielo no existe” ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Por qué, justamente en estos tiempos de feminismos, algunas escritoras argentinas se han puesto a escribir sobre su padre?

Inés Fernández Moreno: Una vez, hace mucho, en el taller de Abelardo Castillo, donde empecé a escribir, él dijo que había observado que muchos cuentos de mujeres trataban del padre en relación con la escritura y que le parecía que en eso acaso había un pedido de permiso implícito, una forma de poder romper una cierta prohibición donde la palabra es la palabra del padre, y que de ese modo las mujeres se hacían cargo de la palabra. Es posible que esto sea así. En mi caso familiar es muy claro.

P.: Una dinastía de escritores…

I.F.M.: Los que escribían en la familia Fernández Moreno eran Baldomero, César y Manrique. Clara también escribía, pero era más lateral. Mi abuela Dalmira López Osornio, la mujer de Baldomero, escribía poesía. Baldomero estaba furioso, no quería saber nada. ¡Y poesía! ¡Cómo una mujer iba a mostrar su corazoncito, su intimidad, escribiendo poesía lírica! No quería saber nada con que ella escribiera. Dalmira le pasaba a máquina los poemas a Baldomero, y escondía en sus cajas de costura lo que ella escribía. Cuando se murió Baldomero mi abuela tenía como 85 años, César y Manrique la empujaron y publicó un librito de sonetos. Recién entonces.

P.: Para usted escribir fue algo natural: cinco libros de cuentos, con ésta tres novelas, ser parte de la estirpe. ¿Por qué la inspiró su padre en “No te quiero más”?

I.F.M.: La novela vino a mí. No fui a buscarla. Cuando murió mi viejo escribí un cuento sobre su muerte. Fue una decisión mía. Esta historia se me impuso. Me empezó a escribir un funcionario del ayuntamiento de Blanes, Gerona, Cataluña. Había conseguido mi mail por Jorge Fondebrider. Me decía que tenía poesía, cartas y una novela inédita de mi padre. ¿Qué hacían papeles de mi viejo en un pueblito de la Costra Brava? Me decía: son cartas que resumen poesía. Parecía demasiado cauteloso sobre las cartas. Zás, me dije, son cartas a una mina. Hábleme con libertad, no tengo dramas. Sí, son a una pintora que no trascendió, de la que su padre estuvo muy enamorado. Después ella se casó con un pintor catalán bastante famoso, amigo de Dalí y de toda la catalanidad intelectual. A los 95 años, sintiendo que se iba al barrio de arriba, le entregó al ayuntamiento todo su fondo personal: fotos, cartas, críticas. Entre esos papeles aparecieron los de su padre. Parece ser que cuando mi viejo estuvo en París por una beca conoció a esa chica, una joven filipina muy exótica, y tuvo un amorazo. Para seducirla le mandaba poemas y cartas. Me encontré en Barcelona con Muriel, mi hermana francesa, hija de otro de los matrimonios de mi padre, y nos fuimos juntas a ver esas cartas. Muriel temía que mi padre hubiera tenido esa historia cuando estaba con su madre. No fue así. Era raro para las hijas acceder a cartas de amor de su padre. Nadie quiere saber nada con la sexualidad de los padres. No se termina de saber de ellos. Siempre se llega a lo secreto. Cuando abrieron la caja de esas pertenecías lo primero que apareció fue una foto mía con papá, yo debía tener 10 años. Fue algo mágico. Fotocopiamos las cartas, un ensayito sobre Graham Greene, poesía, que después se publicó. Las cartas no tenían nada incómodo. Una decía: hay un océano entre nosotros, y bueno, era más que un océano, él en ese momento andaba con Mara Lamadrid, que después fue la mujer de Juan Gelman.

P.: En la novela su padre se llama Celso Hernández, y el pintor Oriol…

I.F.M.: Cuando conocí al Oriol real quedé impresionada. Tuve la impresión de que era mi viejo. Era tan pintón como mi viejo. Pensé: dos tipos parecidos en disputa por la filipina Charo, que en la novela se llama Chana. Una novela que desenvuelve secretos. Empecé ahí.

P.: ¿Qué pasó con esa novela inédita?

I.F.M.: Era horrible, abominable, cursi. No había una línea de mi padre. Llorábamos de risa leyéndola. Finalmente descubrimos que era una obra de Charo. O tal vez del pintor, que también escribía. Todo fue muy novelesco.

P.: ¿El “Ya no te quiero más” a quien se lo dice?

I.F.M.: La novela se iba a llamar “Ahora que no me ve”, que es un verso de un poema que me dedicó mi viejo. Una chica me dijo: cuidado, mira que “ahora que sí nos ven” es una frase militante de las feministas. Y yo no iba a entrar en eso. Recordé que en otro poema mi viejo le decía a una mina “no te quiero más”, y eso tenía que ver con la novela que yo había escrito. Eso podría haber dicho él a Charo. Yo nunca le habría dicho eso a mi viejo porque lo adoraba. Y él se pasaba estimulándome.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

I.F.M.: Estoy volviendo a mi cuentos. La novela es muy trabajosa para mí. Esta historia requería la forma novela, era larga, intrigante, íntima, diferente de lo que escribí hasta ahora. La cuestión es cómo se mantiene el entusiasmo por la escritura, que sin duda es algo maravilloso.

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