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“Nuestra civilización se mezcla con la barbarie”

• DIÁLOGO CON LA ESCRITORA AGUSTINA BAZTERRICA
Su libro “Cadáver exquisito” es una distopía sobre una sociedad que naturalizó el canibalismo y cría a los seres humanos como ganado.

Un virus infecta a todos los animales del mundo y deben ser sacrificados. En ese futuro sin carne los mataderos vuelven a funcionar, pero ahora la materia prima son las personas. Esa es la premisa de "Cadáver exquisito" (Alfaguara) de Agustina Bazterrica que recibió el Premio Clarín Novela 2017. El libro es una distopía sobre una sociedad que naturalizó el canibalismo y cría a los seres humanos como ganado. Pero al abolirse el tabú de la antropofagia se crean nuevas reglas y regulaciones para distinguir al "animal" de la persona. En un lenguaje contundente, la historia acumula imágenes impactantes al acompañar al protagonista por todo el proceso industrial en su extrema crudeza. Bazterrica traslada la crueldad que ve sufrir a los animales en el presente y pone en ese lugar a su victimario.

La autora nació en Buenos Aires en 1974, se licenció en Artes de la UBA y es una figura conocida en el ambiente cultural por coordinar el ciclo de lectura Siga al conejo blanco. En 2013 publicó la novela "Matar a la niña" (Textos Intrusos) y en 2016 el libro de cuentos "Antes del encuentro feroz" (Alción). Además dicta talleres de literatura.

P.: ¿El título "Cadáver exquisito" es un guiño a aquella técnica de los surrealistas de hace 90 años?

A.B:
Tiene varias lecturas. Hace referencia al juego que iniciaron en 1925 los surrealistas. Sobre un papel escribían una frase o dibujaban una figura que tapaban parcialmente y luego el siguiente la completaba y así hasta finalizar. En el primer juego salió la frase: "El cadáver exquisito beberá el vino nuevo". Otros leen el título simplemente como un oxímoron. Como algo contradictorio. La idea de cadáver es en sí misma repulsiva. Pero, además, el título promueve la literalidad. Existe una sociedad, esa que es imaginada en esta novela, donde vemos que hay cadáveres considerados exquisitos. También está el hecho de que dentro de la novela se nombra al juego de los surrealistas, sin embargo, está resignificado. Jugar a Cadáver Exquisito es adivinar qué sabor tendría una persona (con nombre y apellido, alguien que en ese mundo no es comestible). Y hay algo más. En la obra intenté reflexionar sobre la preponderancia del lenguaje, de cómo nos constituye. Mostrar que no es lo mismo decir bife, cadáver, corte de carne o pedazo de vaca asesinada. Cada palabra te ubica en un lugar distinto, en una manera de ver el mundo y de nombrarlo. Nicolas Calas, hablando del juego surrealista, sostiene que un cadáver exquisito "revela la realidad inconsciente del grupo que lo creó". Es por eso que considero que las palabras no son inocentes. Nombrarlas o dejar de hacerlo, incluso prohibirlas habla de nuestras limitaciones, miedos, prejuicios.

P.: La novela habla de la crueldad hacia los animales, solo que en ese lugar vos ponés humanos a sufrir las torturas. ¿El libro tiene un mensaje vegano?

A.B.:
La idea del libro surgió cuando dejé de comer carne. El cambio de paradigma fue radical. Estaba viendo lo mismo, un bife sobre un plato, pero para mí era algo diferente, se había convertido en un cadáver. Con esa lógica pensé que los humanos también somos carne y que el canibalismo podría estar legitimado. Sin embargo, me gustaría creer que el libro no tiene un mensaje cerrado, ni una moraleja. Me cuidé mucho de no escribir un panfleto aleccionador porque no me interesa convertir a carnívoros en vegetarianos. Intenté generar distintos estratos de análisis, de cuestionamientos y percepciones que venía elaborando hace tiempo. Una posible lectura tiene que ver con el maltrato a los animales y también con qué consumimos, qué comemos. Lo que está relacionado con el maltrato a nosotros mismos. Creo que si no comprendemos que comer no es lo mismo que alimentarse, ni somos conscientes de cómo se produce la comida no somos libres de elegir lo mejor para nosotros. Desde mi percepción, al comer carne, estamos insertos en un sistema de violencia que se perpetúa, pero no somos conscientes de eso o simplemente elegimos ignorarlo. Claro, la industria de la carne -así como la sociedad en general- se cuida muy bien de que lo ignoremos porque el sistema de creencias está muy arraigado y es funcional al modelo de consumo propuesto por el capitalismo. Pensemos en El Matadero de Echeverría y de cómo habla de la barbarie. Lo que intenté plantear en "Cadáver exquisito" es cómo nuestra civilización está fusionada con la barbarie, nunca la superamos, en todo caso la adaptamos, la refinamos. La ignoramos. A nadie le parece cruel ver a una persona viviendo en la calle. Tampoco, que a cada minuto estén aturdiendo una vaca para que tengas tu bife en el plato. Si nos pareciera cruel no lo toleraríamos.



Cadáver Exquisito. Imagen de portada del libro de Agustina Bazterrica.

P.: ¿El tabú del canibalismo funciona como un llamado de atención a los lectores? ¿Qué devoluciones tuviste?

A.B:
No fue concebido como un llamado de atención, fue pensado como respuesta a la pregunta ¿qué pasaría si el canibalismo simbólico se convirtiera en literal? Sin embargo, a los lectores los impacta porque nadie quiere suponer que al mejor amigo se lo pueden comer. Nadie se quiere imaginar siendo faenado en un frigorífico. Lo que generan estos temas tabú es un profundo rechazo y una enorme atracción. Las reacciones de los lectores son increíbles. Ocurre que cuando lo terminan de leer se sienten movilizados, aturdidos. Dependiendo de las distintas sensibilidades hubo gente que lloró, otra que tuvo que tomarse un calmante, alguna que sintió náuseas al pasar por una carnicería, varias que me dijeron que me odiaron y amaron con la misma intensidad a lo largo del libro. Otras personas, que conocían algo de la trama y tenían cierta resistencia con el tema, me escribieron para decirme que lo leyeron con mucho placer e interés. En pocas palabras, hubo infinidad de reacciones. Igualmente la reacción que me da mayores alegrías pasó hace unos días. La hermana adolescente de una amiga me llamó para decirme que había sido el primer libro que la había enganchado al punto de dejar el celular por cuatro horas hasta terminarlo y que le habían dado ganas de leer más, otros libros.

P.: ¿Por qué escribir la historia como una distopía? ¿Qué ventajas te dio ese subgénero?

A.B.:
Creo que las buenas distopías como "1984", "Nosotros", "Un mundo feliz", "El cuento de la criada" están denunciando problemáticas del período en el cual fueron escritas. Al momento de escribir la novela no pensé racionalmente en estas cosas. Fue un proceso más intuitivo y un fuerte ejercicio literario. Pero después tomando distancia entiendo que había muchas cuestiones que venía cavilando y que las volqué en la novela. Por eso en la obra trabajo con distintos estratos de reflexión, porque no me interesa quedarme sólo en la anécdota del canibalismo. Supongo que elegí contar la historia desde el marco de una distopía y no de una historia de terror o dramática porque quería ir más allá. Desde la cercanía explorar a fondo algunos escenarios, realizar una especulación sociológica que implique al lector, imaginar un mundo que aún no existe de manera concreta, aunque intuimos, como te comentaba antes, que sí existe de manera simbólica. Por otro lado, si bien es un riesgo imaginar un mundo nuevo, con reglas distintas, porque podés caer en el inverosímil o en la descripción excesiva, también es una ventaja porque te da más libertad.

P.: ¿Cuál es tu relación con la ciencia ficción? ¿Hay otras obras que te hayan influenciado?

A.B.:
Es una buena relación como la tengo con otros géneros. Supongo que hay una influencia porque "1984" y "Un mundo feliz" me impactaron sobremanera, así como la obra de Asimov y Bradbury por nombrarte algunos autores. Destaco que al momento de escribir la novela investigué mucho, leí y releí libros que no tienen nada que ver con la ciencia ficción. En ese sentido la novela de Ana Paula Maia "De Ganados y de Hombres" fue una enorme guía al momento de escribir sobre el frigorífico. También "Cuadernos de campo" de Carlos Ríos. Leí de Elías Neuman "El Patrón, radiografía de un crimen" donde se habla de un caso real de un empleado de una carnicería que se ve obligado a adulterar la carne. Leí el artículo "Todos somos caníbales" de Lévi-Stauss, la tesis doctoral "Pensar caníbal" de Adolfo Chaparro Amaya. Releí "El Entenado" de Saer, "Robinson Crusoe" de Defoe, "La Vegetariana" de Han Kang, "Comí" de Caparrós. También leí "Extraños animales" de la filósofa argentina Monica Cragnolini que habla de los derechos de los animales desde un punto de vista filosófico. Incluso para escribir la única escena erótica de la novela leí "Lolita" de Nabokov, "El traductor" de Salvador Benesdra, releí "El limonero real" de Saer y "La sierva" de Rivera, todo eso para escribir dos páginas y para tratar de no caer ni en lo porno ni en lo cursi.

P.: ¿Qué diferencia hay entre ser publicada por el camino tradicional y serlo a través de un premio que tiene mucha difusión?

A.B.:
Antes del Premio Clarín no había sido publicada por editoriales grandes. Me habían publicado dos editoriales independientes, pequeñas, con pocos recursos con lo cual, al ganar el premio, el salto fue exponencial. Objetivamente había tenido una mínima visibilidad porque en ambientes especializados hubo interés en mis dos libros y ya había ganado otros premios. Pero, nunca había experimentado el enorme alcance masivo.

P.: ¿Cómo ves el presente de los nuevos autores de la literatura argentina?

A.B.:
Excelente. Lo digo con conocimiento de causa. Gracias a los diversos ciclos y espacios literarios a los que asisto tengo un panorama bastante actualizado y amplio de lo que se escribe hoy y hay muchísimo talento en nuestro país y alrededores. Por ejemplo, en el ciclo de artes que coordino con Pamela Terlizzi Prina que se llama Siga al Conejo Blanco cada invitado es una muestra de mi afirmación sobre la calidad de los nuevos autores. Invito a que exploren la página (www.sigaalconejoblanco.com ) y aunque, corro el riesgo de ser injusta, porque hablaría no sólo de literatura, sino de artistas plásticos, críticos, editores, músicos, cocineros, y todo tipo de creadores de aquí y de países hermanos, te adelanto algunas obras de escritores argentinos que recomiendo fervientemente: "Tres veces luz" de Juan Mattio, "Hotaru" de Martín Sancia, "La mujer que escribió Frankenstein" de Esther Cross, "La Comemadre" de Roque Larraquy, "Las aventuras de la China Iron" de Gabriela Cabezón Cámara.

P.: ¿Los talleres sirven para formar a un autor?

A.B.:
Depende de qué taller, de qué autor y del ciclo de vida cultural de esa persona. Recuerdo que cuando era adolescente tuve la oportunidad de conocer a Adolfo Bioy Casares, en la Primera Bienal de Arte Joven. Mi madre le contó que yo escribía desde chica y le preguntó si tenía que ir a algún profesor. Bioy la desalentó. Me habló a mí, directamente. Me dijo: "Ahora seguí escribiendo. No vayas a que te enseñen nada. Registrá tus emociones y tus experiencias". "Yo todavía", dijo Bioy Casares, "busco mis cuadernos de aquella época, lo que escribía en mi adolescencia, para inspirarme. La técnica la adquirís con el tiempo. Las vivencias no se recuperan. No pierdas la oportunidad de registrarlas. Como sea, como lo sientas, seguí escribiendo". Considero que fue un buen consejo por mi edad. Pero, es algo muy personal, cada cual tiene que transitar su propio recorrido. Seguí el consejo de Bioy y sólo con los años participé en talleres literarios. Me sirvieron y mucho. Fui al taller de Liliana Diaz Mindurry durante bastante tiempo. Si bien ya no voy a sus talleres de manera sistemática, la sigo consultando cuando estoy trabajando en alguna obra. Más recientemente asistí al taller de Nicolás Hochman. Ahora aplico lo que aprendí y lo que considero valioso en mi propio taller de lectura -lo coordinamos junto a Agustina Caride- donde se disfruta la lectura, pero también hay un trabajo intenso. Nos interesa construir mapas dinámicos de lectura, conexiones, intertextualidades. La lectura es la antesala a la escritura. En definitiva, creo que un taller puede ser un espacio de aprendizaje, respeto y compromiso vital. Aunque no tengamos la intención de escribir todos podemos ser grandes lectores. Pero, pienso que seguramente no hay un buen escritor que no haya sido primero un gran lector.

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