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"Nuestras mentes están diseñadas para poder disfrutar del sufrimiento de los demás"

Julia Shaw publicó el libro "Hacer el mal" que habla desde la capacidad de matar del humano hasta distintas formas de hacer daño. Incluye las conductas pasivo-agresivas.

Muchas veces se emplea la palabra “mostruo” o “perverso” cuando se habla de asesinos para separarlos de nosotros. Sin embargo una psicóloga criminalista asegura que todos los seres humanos somos “superdepredadores” y que incluso con conductas consideradas menores, podemos “disfrutar del sufrimiento de los demás”.

Se trata de Julia Shaw, quien lleva años explorando los rincones más oscuros de la mente humana. Esta experta nacida en Alemania pero afianzada en Londres, doctora en Psicología por la Universidad de British Columbia, en Canadá, y en la actualidad investigadora en la Universidad London College publicó recientemente su libro “Hacer el mal”, un estudio pormenorizado sobre nuestra infinita capacidad para dañar y que demuestra por qué no somos tan buenos como creemos.

“A los seres humanos nos gusta matar. De hecho, somos superdepredadores, matamos a más animales y en mayor número que ninguna otra especie. ¿Estamos programados para matar?”, reproduce la BBC en referencia a los interrogantes del título de la experta.

Y agrega que los humanos siempre tuvimos que matar para sobrevivir: nuestros cuerpos matan bacterias, matamos plantas y animales para comerlos y también, desde tiempos ancestrales, nos matamos los unos a los otros cuando nos sentimos amenazados o tenemos algo que ganar.

Por raro que pueda sonar, matar es esencial para la condición humana. ¿Pero tenemos todas las personas un asesino dentro? ¿O bien, somos todos capaces de matar en un determinado momento? De acuerdo con la experta, “a todos solo nos separa una mala decisión de dañar de manera trágica a los otro, como un empujón, o un arranque de locura”. Y si bien esto no significa que sea probable que todos actuemos igualmente de manera horrible, significa que todos debemos asumir que somos capaces de causar un gran daño a los demás.

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Julia Shaw.

En mi libro ‘Hacer el Mal’ hablo de varios estudios al respecto. En uno de ellos, la mayoría de los participantes (tanto hombres como mujeres) confesaron que habían tenido fantasías sobre el asesinato: fantaseaban con matar a personas como sus colegas o sus seres queridos”, indicó Shaw. Y agregó: “Estos pensamientos son normales, por suerte llevarlos a la realidad no lo es”.

De hecho plantea que fantasear con ello puede ser útil para no causar daño, ya que tras pensarlo, la persona puede concluir que no quiere sus terribles consecuencias. “Vemos a menudo que aquellos que terminan cometiendo asesinatos no fantasearon con eso, como lo hacen los malos de las películas; en cambio, con frecuencia es el resultado de una pelea que va demasiado lejos o de los celos”, indicó la experta.

De hecho, Julia Shaw plantea que la mayoría de las veces, el asesinato no es el resultado de la planificación meticulosa de un sádico o un psicópata, sino una mala decisión que persigue a las personas por el resto de sus vidas.

Pero si matar está en nuestra naturaleza, ¿por qué consideramos el asesinato de un ser humano a manos de otro como algo monstruoso? La psicóloga propone que no somos honestos con la postulación porque el común de la gente “no ve a todos los asesinatos como malignos”. Y ejemplifica aquellos que son en defensa propia o los de los soldados a los que se los suele llamar héroes cuando abaten a tropas enemigas.

“Lo que la gente está de acuerdo en calificar como maligno es el asesinato de personas consideradas ‘inocentes’, y en particular cuando ese acto parece motivado por el sadismo. Pero este tipo de asesinato es muy raro, tan raro que vive casi exclusivamente en nuestra imaginación y en las películas de asesinos”, indicó.

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Shaw indica que al pensarnos como “buenos”, subestimamos nuestra capacidad de hacer daño y que urge “conocernos mejor a nosotros mismos”. De hecho, la experta cita experimentos realizados para mostrar lo que algunos científicos llaman "sadismo de todos los días". A los participantes se les pidió que hicieran daño a otras personas a través de varios métodos, como administrando ruidos muy fuertes o matando insectos. “La investigación reveló que si bien muchos de nosotros estaríamos dispuestos a hacer daño a una víctima inocente, solo aquellos que obtienen una puntuación más alta en sadismo lo hacen cuando se dan cuenta de que la otra persona no se defiende”, indicó,

“Todas nuestras mentes están diseñadas para poder disfrutar del sufrimiento de los demás, como cuando experimentamos júbilo cuando un colega al que odiamos falla en algo importante, pero afortunadamente sólo lo hacemos de vez en cuando”, cerró la experta.

También el libro se sumerge en las agresiones pasivas, como por ejemplo no responder un llamado o no hablarle a las personas queridas. Con los amigos podemos ignorar un mensaje de texto de disculpa, con los padres podemos llegar tarde para frustrarlos y con los amantes podemos negarnos a mantener relaciones sexuales para castigarlos por el mal comportamiento que percibimos que han tenido. ¿Por qué hacemos esas cosas?

“Una razón podría ser que este tipo de comportamiento es fácil de negar. Si te descubren y te acusan de comportarte de manera pasivo agresiva en una discusión, siempre puedes decir: ´¿Qué? Si yo no hice nada’. Podemos decirnos a nosotros mismos que, como se trata de agresión por inacción en lugar de acción, no tenemos culpa. Sin embargo, la agresión pasiva puede ser tan perjudicial para las relaciones y el bienestar psicológico de los demás como los otros tipos de agresión”, por tanto “debemos ser cuidadosos para controlar la ira o la frustración que generalmente subyace, para que podamos minimizar el daño tanto como sea posible”.

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