Opiniones

Nuevo modelo para gestionar lo público: planificación, consensos y profesionalismo

Planeamiento estratégico participativo es la propuesta. Un plan construido con rumbo y trayectoria, pero elaborado con la participación activa de todos los actores políticos, económicos y sociales. Isidoro Luis Felcman (*)  

Hace 2000 años, Séneca decía: “Nunca tendrás vientos favorables si no sabes adonde vas”. Esta frase resume la idea del planeamiento estratégico, instrumento que sirve para marcar el rumbo; establecer objetivos y metas; identificar oportunidades y amenazas; conocer fortalezas y debilidades; generar políticas que reduzcan la brecha entre lo que tenemos y lo que queremos, establecer la “hoja de ruta” para llegar a la meta deseada.

Al poner en marcha lo planificado, nos enfrentaremos con problemas. Algunos llaman a esto “viento de frente”, a diferencia del “viento de cola” que favorece nuestro impulso hacia el destino final. Sin embargo, una vieja frase de marineros dice: “No podemos cambiar los vientos, pero si ajustar las velas”; esto significa que, para un buen capitán, siempre es posible orientar el barco hacia el objetivo, aunque a veces sea necesario “zigzaguear” y cambiar la trayectoria.

Un plan estratégico de gobierno se puede armar “desde el escritorio”: un grupo de iluminados que, “trabajando en equipo”, se creen capaces de diseñar un plan para una comunidad, un sector económico o inclusive un país. Sabemos que este tipo de planes (conocidos como “planes libro”), solo tienen como destino final adornar los anaqueles de las bibliotecas.

¿Por qué sucede esto? Muy sencillo. Cuando el plan se pone en marcha, aparecen los actores políticos, económicos y sociales concretos, que desarrollan un juego social con intereses sectoriales contrapuestos entre sí: los empresarios quieren maximizar lucro, los trabajadores no quieren perder salario, los jubilados quieren comer todos los días, los políticos necesitan votos.

Un plan de gobierno debe elaborarse más allá del trabajo en equipo; es necesario salir del escritorio, ir en búsqueda de los actores reales y sumarlos al plan. La clave: transformar intereses individuales en bienestar colectivo a partir una visión compartida de futuro. En concreto, si no incorporamos a los actores, las bibliotecas seguirán llenándose de papeles. Nada mejor para sintetizar la idea del plan libro, que una letra de Los Beatles he's a real nowhere man, sitting in his nowhere land, making all his nowhere plans for nobody” (traduccion libre: “un hombre de ningún lado, sentado en un país inexistente, haciendo planes para nadie”).

Planeamiento estratégico participativo es la propuesta. Un plan construido con rumbo y trayectoria, pero elaborado con la participación activa de todos los actores políticos, económicos y sociales. Solo de esa forma, un plan de gobierno se transforma en el plan de una comunidad organizada.

Todo lo anterior, ¿tiene valor a la hora de gestionar un gobierno? Lo tiene y mucho. Cuando los actores saben adónde va el Gobierno, cuáles son sus metas a corto, mediano y largo plazo, cómo piensa lograr lo que se propone y además participan en la elaboración del plan, allí si es posible pedir “pongamos el hombro”, sacrifiquemos algo hoy para obtener mas beneficios mañana, generemos un compromiso colectivo. Allí si se pueden establecer acuerdos de inversión, crecimiento y desarrollo equitativo. Consenso es la clave de un buen gobierno.

Todo lo anterior es imposible materializarlo sin una administración pública acorde a los desafíos que enfrentamos. Ello requiere de funcionarios públicos altamente preparados, competentes, imparciales, íntegros y comprometidos con los valores democráticos. Ellos tienen la enorme responsabilidad de gestionar recursos, bienes e información de todos; de regular, controlar, atender y responder a las demandas sociales; de evitar la cooptación por poderes fácticos, sectoriales y particulares asegurando el bien común; de impedir el derroche, el uso ineficaz y la corrupción, de atender los asuntos públicos, con imparcialidad, apego a la legalidad y velando por los derechos ciudadanos.

La ocupación de la burocracia pública por los clientelismos corporativos ha contribuido, entre otros factores, a deteriorar la capacidad del Estado y la calidad de sus políticas. Un servicio civil profesional es una institución y un patrimonio de la sociedad toda, y su preservación es una responsabilidad del conjunto de los partidos políticos y demás actores que hacen a la gobernabilidad democrática.

Estas ideas llevaron a un calificado grupo de profesionales, académicos y cientistas sociales a elaborar una propuesta denominada “Consenso por una función pública profesional para la Argentina del siglo XXI”, dando un primer gran paso hacia la generación de consensos y visiones compartidas para el futuro de una administración pública profesionalizada.

Es impostergable fomentar diálogos y acuerdos entre todos los actores en torno al imperativo de consolidar una política de Estado para el servicio civil y, para ello, los promotores de este Consenso han elaborado una propuesta cuyo texto completo puede verse en este link.

Los aspectos centrales de esta propuesta se basan en garantizar la igualdad y transparencia para los concursos de los funcionarios públicos; construir un servicio civil profesional con acreditación de idoneidad y buen desempeño; planificar estratégicamente y con sustentabilidad financiera los planteles de personal; institucionalizar un régimen de funcionariado civil superior de carrera; evitar la discriminación negativa, en especial en materia de género, precarización o subcontratación laboral; invertir en capacitación y actualización tecnológica; jerarquizar y fortalecer los órganos a cargo de la gestión de las políticas de la función pública.

Ya son más de 600 los adherentes a esta propuesta. Invito a todos aquellos interesados en ingresar a la referida página web, interiorizarse de sus contenidos y sumarse a este emprendimiento que garantizara un mejor futuro para todos nosotros.

(*) Profesor Consulto Facultad de Ciencias Económicas / UBA.

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