¿Cuánto puede influenciar el nivel de aprobación de gestión de Alberto Fernández en la economía?

Opiniones

El Presidente tiene un 60% de imagen positiva, pero si se habla de sus medidas, surge de nuevo "la grieta". ¿Faltan incentivos para los emprendedores?

“La búsqueda de la aprobación se convierte en una zona errónea sólo cuando se convierte en una necesidad en vez de un deseo”, expresó el psicólogo norteamericano Wayne Dyer en su libro “Tus zonas erróneas” en 1976. En parte es lo que le sucedió a Mauricio Macri en la última etapa de su gestión. La necesidad lo llevo a puertos que abandonaron los deseos y los principios de su base partidaria.

Alberto Fernández arranca claramente mejor en muchos aspectos. Hasta ahora, en su corta gestión, las malas noticias las dio de entrada. Suba de impuestos y más ajuste sobre el sector privado. Clase media desdichada. Clase baja y sectores sociales vulnerables con intento de compensación vía distribución social de los ingresos.

De acuerdo a la encuesta elaborada por la consultora Zuban Córdoba y Focus Market en conglomerados urbanos a nivel nacional sobre la base de 1855 el nivel de imagen positiva de Alberto Fernández es del 60,2 %. Mientras que la imagen positiva de Mauricio Macri cayó al 37,3 %.

Por su parte, hasta ahora el nivel de aprobación de la gestión de Alberto Fernández es también importante. El 24,7 % aprueba todo lo que hizo hasta ahora y el 34,9 % aprueba algo. Casi 59,6 % de aprobación.

Cuando pasamos al campo de la economía, que es lo que nos interesa en esta nota, el 40,5 % de los argentinos considera que las medidas tomadas hasta ahora son correctas para sacar el país adelante. Sin embargo, aquí aparece la grieta. El 28,4 % considera que las medidas no van a terminar con la crisis y el 21,5 % opina que son incorrectas y van a dañar al país.

La política y el nivel de imagen condicionan en muchas ocasiones la percepción social sobre el buen devenir de la economía a futuro. Daniel Kanheman, psicólogo y premio Nobel de economía, en su libro “Pensar rápido, pensar despacio” le puso un nombre a esta situación: efecto halo o coherencia social exagerada. El concepto apunta a que: “Si nos gusta la política del presidente, es probable que nos guste su voz y su apariencia. La tendencia a gustarnos (o disgustarnos) todo de una persona — incluyendo cosas que no hemos observado— es conocida como efecto halo. La denominación se ha utilizado en psicología durante un siglo, pero no se ha extendido al lenguaje cotidiano. Y es una lástima, porque el efecto halo es una buena denominación para los sesgos comunes, que desempeñan un papel importante en la conformación de nuestra manera de ver a las personas y las situaciones”. Es decir, es una forma que adoptamos para representarnos el mundo más simple y más coherente que lo real que puede terminar siendo.

Volvamos a nuestra pregunta inicial. ¿Un nivel de aprobación alto de la gestión puede influenciar positivamente en el devenir de la economía? La economía es una ciencia social pero la formación sobre el conocimiento económico no es social. No hay correlación positiva entre lo que percibimos de una gestión y lo que realmente se está haciendo si desconocemos la materia. Sin embargo, si la selección o capacidad de un líder viene de la mano de una distribución social de recursos escasos como son los ingresos, podemos percibir que el curso es positivo porque el resultado es inmediato en la mejor situación de un sector y amplio de la sociedad que la está pasando muy mal: el 40 % de la población es pobre en nuestro país.

La intervención del Estado en la economía es determinante para el buen funcionamiento y desempeño de la sociedad. En los países desarrollados, la forma en cómo el Estado recauda dinero y en qué lo gasta influye mucho en la vida de las personas. En las naciones en vías de desarrollo o subdesarrollados se subvierten los principios. El alto nivel de gasto implica siempre mayor necesidad de recaudación. De los tres agentes responsables de la actividad económica solo uno permite que una sociedad sea más o menos rica: la empresa. Ese agente decide extraer más riqueza o renunciar a esa decisión, y este último paso es clave. Si el Estado se anticipa a esa decisión y la obliga a tomar cada vez mayor proporción de la riqueza generada la renuncia será más habitual y la generación de la riqueza menos frecuente e intensa. Argentina no crece en términos reales desde hace 9 años. Su PBI ha caído notablemente, su moneda ha perdido valor en forma constante y su niveles de inversión sobre ese PBI es uno de los más bajos de América Latina.

Solo una pequeña porción de la población es la que genera riqueza. Para que tomemos como parámetro, el mayor volumen del nivel empresario en Argentina son las Pymes: el 97 % del total. Sin embargo, son solamente 853.886 empresas (último dato del Ministerio de Producción de la Nación a Enero 2020) en un país de 43 millones de habitantes. No alcanza la generación de riqueza actual para distribuir tanto en relación a un elevado nivel del gasto y deuda que tiene nuestro Nación.

Hay solo un agente económico con capacidad de asumir riesgos para crear riqueza a base de creatividad, innovación y buena gestión: el emprendedor. A mayor espíritu emprendedor, mayor progreso económico tendrá una sociedad. Según la AFIP, entre 2018 y 2019 cerraron el 2,1 % de las Pymes. De ellos, el 91 % son microempresarios, es decir pequeños emprendedores. Mercedes Marco del Pont, titular de la AFIP expresó que parte de su equipo está estudiando un proyecto para aliviar el salto que implica el paso del Monotributo al Régimen Impositivo General. El mejor estudio sería llamar a alguno de los 17.931 empresarios que quebraron en el último año por no poder soportar la carga tributaria en contexto de caída económico. El segundo estudio sería llamar a los 853.886 restantes y preguntarles por qué incluso generando condiciones para el consumo no pueden ser más competitivos y lograr mayor productividad. El tercer estudio sería pegar un llamado a Uruguay o Chile y tomar como ejemplo sus cargas tributaria progresiva, inclusiva y gradual de acuerdo al nivel empresario Pyme (emprendedor monotributista, micro, pequeño y mediano). En tres llamados de teléfono el estudio está terminado.

Sin embargo, el problema es que el nivel de gasto público tampoco permite mucho margen para tomar las decisiones que hay que adoptar para lograr que la iniciativa empresaria sea el gran beneficiario del crecimiento y desarrollo económico argentino.

Muchas Pymes por su parte se financiaron con los bancos para pagar deudas a la AFIP. De acuerdo a la CAME, las deudas del sector con el sistema financiero son $ 400 mil millones. Sólo por intereses se destinan más de 16 mil millones por mes. La composición de la Deuda en pesos son $236.663 millones y en dólares U$S 2.581 millones. Según BCRA la tasa morosidad empresas, era de 1,1% hace 18 meses. Se multiplicó por cinco veces, llegando a 5,7% en Noviembre 2019. La tasa de mora es la más elevada desde diciembre 2006 (año en que el BCRA comenzó a difundir esta ratio). La morosidad Pymes es mayor que las grandes empresas. Emprender no tiene motivo más que el castigo.

A los empresarios, que tienen capacidad de organizar los factores de producción para generar más y mejores bienes y servicios, se los funde en forma consecuente. Son los mayores corredores de riesgo. Más que cualquier bonista internacional. Son las pymes. No encuentran su máxima retribución: el “beneficio”. Así, los incentivos para la inversión se diluyen.

El gran reflejo de esta situación es el llamado a la “Moratoria Pyme”. Es fiel muestra que no pueden soportar la carga tributaria del Estado y que la única forma que pueden hacerlo es mediante una máscara y bomba de oxígeno en 20, 60 o 120 cuotas. O bien el plan que elijan para saldar su deuda mientras en el proceso se contrae más deuda con el mismo organismo que intenta salvarlo de la muerte “post mortem” de muchos colegas que, siendo fiel a los principios tributarios, intentaron pagar lo que correspondía y se los llevó al cementerio de los empresarios.

El dinero tiene utilidad marginal decreciente. Los primeros pesos se destinan a las actividades más necesarias por ejemplo adquirir máquinas y contratar empleados pero, al final de cuentas, luego de abrir la caja hay cada vez menos pesos producto de la inflación, suba de costos e impuestos que deterioran los márgenes de ganancia con una utilidad cada vez menor.

La Economía utiliza la ley de los grandes números, que sostiene que, en promedio, podemos predecir la conducta de la gran mayoría, aunque siempre habrá personas que se desvíen de este comportamiento. Sin embargo, en relación al empresario, la economía nos otorga mucha más información que frente a la gran mayoría u otro agente económico. Los incentivos para emprender actúan sobre la motivación. Las sociedades que se han querido organizar sin esa motivación esencial han fracasado. Tiene nombre y apellido: incentivos. La ausencia de ellos es el peor de los males: la desidia.

Di Pace responde a su pregunta inicial. ¿Un gran nivel de aprobación puede influenciar en el devenir económico? Si hemos sacado 10 en matemática pero hemos tenido inconvenientes para dar el vuelto en el mostrador del almacén, implica que hemos aprobado la materia pero no la gestión sobre las facultades adquiridas vía el conocimiento para ejercer la misma. El equipo económico no puede desconocer lo que hablamos en esta columna. El nivel de tiempo y aire que implica la aprobación política no debe retrasar decisiones en el área económica. La aprobación política se licua en el tiempo sino se toman decisiones valientes para aprobar en el campo de la economía. Alberto Fernández corre con ventaja. Fue oposición del gobierno oficialista kirchnerista por muchos de los conceptos aquí vertidos. Se unió a ellos para lograr el actual nivel de aprobación política. Solo el liderazgo lo llevará a inducir a los equipos a que tomen las decisiones que el mismo supo criticar con quien hoy son sus aliados políticos.

Ignorar estos conceptos es abonar la tierra de las creencias sin fundamentos. La ciencia mata las creencias. Su única aprobación es el dato y el resultado obtenido en relación a la aplicación de los fundamentos técnicos cuya base de aplicación universal han mostrado mejores resultados empíricos.

(*) Damián Di Pace es analista económico y director de la consultora Focus Market

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