Democracia y sistemas económicos

Opiniones

El próximo Gobierno deberá elegir bajo qué tipo de sistema económico gobernará. Si será uno regido por la competencia de precios, o uno regido por controles cuantitativos donde los precios están determinados por los impactos de estos controles. Y hay un tercer, que rara vez fue implementado en democracia.

El próximo Gobierno deberá elegir bajo qué tipo de sistema económico gobernará. Esencialmente hay dos: uno regido por la competencia de precios, o uno regido por controles cuantitativos donde los precios están determinados por los impactos de estos controles. Hay un tercero que rara vez ha sido implementado bajo democracia y se ubica cerca de un sistema económico comunista incluyendo medidas de reforma agraria que originaría caos económico y social que la experiencia indica disminuyen severamente la posibilidad de sobrevivencia de la democracia.

Centrando la atención en las dos principales alternativas, cabe destacar en primer lugar que un sistema económico basado en la competencia de precios debe ser complementado por una sólida determinación en favor de evitar abusos asociados a posiciones monopólicas. Estar dispuesto a enfrentar estos poderes es bastante crucial para lograr el éxito económico. De acá surge una de las consideraciones sobre la tremenda importancia de los consensos políticos.

Por otra parte, bajo una economía guiada por controles cuantitativos, la asignación de los recursos productivos entre distintas actividades está determinada fundamentalmente por las políticas que al respecto siga el gobierno y las circunstancias bajo las cuales son introducidos y mantenidos.

En Argentina ambos sistemas han logrado éxitos de corto plazo pero han fracasado en el sentido de que no han logrado ubicar al país en un sendero de crecimiento económico. En este resultado creo que subyace una de las causas de la confusión reinante en nuestra sociedad respecto a las bondades relativas de estos dos sistemas económicos bajo los cuales han sido gobernados alternativamente durante las últimas tres décadas. Como en el largo plazo ninguno ha sido exitoso, la población no ha podido aprender y destilar los pros y contras de uno u otro.

En los hechos, el único sistema que ha demostrado tener una probabilidad importante de ubicar la economía en un sendero de crecimiento sostenido es el basado en mercados competitivos. Menem tuvo un éxito de corto plazo cuando se acercó a un sistema económico competitivo y por eso fue reelegido, pero por causas bien conocidas incluyendo el crecimiento del desequilibrio macroeconómico, al poco tiempo fracasó. Por su parte, los gobiernos de los Kirchner enfrentaron la crisis del precio de los alimentos entre 2006 y 2008 instaurando restricciones cuantitativas sobre varias exportaciones agropecuarias y en consecuencia los precios de algunos alimentos disminuyeron. Sin embargo, estas restricciones perduraron durante varios años en que la crisis alimentaria había sido superada y en consecuencia la economía entró en un sendero de estancamiento.

Más atrás en el tiempo, y con el propósito de regular la administración de las divisas disponibles, recordamos que en 1933 el gobierno introdujo tipos de cambio múltiple y si bien hacia fines de esta década las consecuencias de la crisis del 30 habían sido en gran medida superadas, los sucesivos gobiernos mantuvieron los controles y eventualmente la asignación de divisas a sectores y empresas muy ineficientes originaron un estancamiento comercial y productivo que duró casi dos décadas.

¿Por qué tienden a perdurar los controles cuantitativos cuando las crisis que las justificaron han sido superadas? Creo que parte de la respuesta está en la naturaleza humana. La administración de estos controles genera lazos de confianza entre el gobierno que los administra y las empresas que los reciben y se benefician de ellos. Cuando las crisis han sido superadas, los gobiernos carecen de la información necesaria para saber si están asignando los recursos a las empresas más eficientes. Sin embargo, los lazos de confianza sumados al temor de las consecuencias de desmantelar los controles son a los ojos del gobierno, incentivos poderosos para mantenerlos. Una vez tomada esta decisión, la economía es llevada hacia un sendero de creciente ineficiencia y bajo crecimiento.

La tarea de un buen gobierno es evitar que esto ocurra eliminando los controles cuando la crisis ha sido superada. Dado el actual control de cambio, el próximo gobierno deberá enfrentar el desafío de desmantelar este mecanismo cuando la crisis haya sido superada si quiere tener una probabilidad de encauzar la economía por un sendero de crecimiento.

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Finalmente es importante destacar que contrariamente a lo que algunos observan, un sistema económico basado en la competencia de precios es independiente de los parámetros que guían las decisiones respecto al nivel del gasto público. Bajo democracias administradas por competencia de precios, el rango en que varía la importancia de este gasto es considerable. Suecia y Noruega tienen (según la OECD) un gasto público equivalente al 50% del PBI mientras que Estados Unidos tiene un gasto de 38%. Sin embargo los tres han optado por sistemas económicos competitivos y desde 1990 sus senderos de crecimiento han sido bastante similares.

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