"Cita con Videla": las confesiones del dictador que obtuvo una estudiante de periodismo a sus 20 años

Opiniones

"Cita con Videla" es el libro de la periodista Vanessa Cerone, quien a los 20, como estudiante de periodismo, quiso entrevistar y "tener en frente" a Jorge Rafael Videla. El dictador le confesó, entre otras cosas, que los desaparecidos "en realidad son muertos".

El libro “Cita con Videla” de la periodista Vanessa Cerone relata la cronología de cómo siendo estudiante de periodismo, con 20 años, contactó al ex presidente de facto, Jorge Rafael Videla para entrevistarlo como trabajo final de una materia de la carrera.

Desarrollado en 14 capítulos, “Cita con Videla” relata los múltiples encuentros entre Cerone y Videla. “Lo entrevisté en su casa en ocho o nueve oportunidades esporádicamente. Lo entrevisté en Campo de Mayo y la última vez que lo vi fue en la cárcel de Bouwer, en Córdoba”, comentó la periodista que visitaba a Videla en condición de “amiga”, como así él mismo la denominó.

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En diálogo con Ámbito, Cerone contó que entrevistó a Videla “en búsqueda de la verdad”, y “porque si la dictadura hubiese ocurrido en mí época, hoy sería una desaparecida”.

Entre confesiones del militar como “Los desaparecidos en realidad son muertos”, y que “se arrepentía de haber sido presidente”, este es el diálogo sobre las conversaciones que tuvo la autora del libro con uno de los protagonistas de la época más trágica de la historia argentina, la última dictadura militar.

Periodista: En tu libro afirmas que a pesar de que para vos Videla era “el dictador y el asesino”, siempre lo quisiste entrevistar, ¿por qué?

Vanessa Cerone: A los 15 años descubrí “Carta abierta a la Junta Militar” de Rodolfo Walsh, y no pude entender lo que estaba leyendo, cómo en nuestro país hubo un presidente que permitió desaparecidos y torturas.

Ya en la facultad, a los 20, una profesora preguntó a quién queríamos entrevistar para un trabajo final, y yo le dije: “A Jorge Rafael Videla”. Quería tenerlo en frente y preguntarle por todo lo que hizo.

La profesora nos pidió conseguir a ese entrevistado para aprobar la cursada. Eso fue un empujón. Fui, le toqué timbre en su departamento de Colegiales y le llevé una carta. Sabía que era muy probable que me diga que no, ya que no había dado hasta el momento entrevistas a ningún periodista.

Para mi sorpresa me atendió. Le dije por el portero quién era, me presenté y le dije que tenía que hacer un trabajo para la facultad, que lo tenía que entrevistar. Me dijo que no era su gracia dar declaraciones, entonces le comenté que le dejaba una correspondencia.

Finalmente le pedí que tenga en cuenta que si su respuesta era no, no me iba a ir de este mundo sin lograr mis objetivos.

Videla me dijo que se arrepentía de haber sido presidente, que él nunca quiso serlo" (Vanessa Cerone, periodista y escritora de "Cita con Videla").

P.: En el capítulo 2, “Videla llama por teléfono”, afirmas que sabías que tarde o temprano Videla te iba a responder. ¿Por qué estabas seguro de eso?

Yo supuse que me iba a llamar porque al ser estudiante del Instituto Monseñor Jorge Novak, uno de los obispos que más combatió la dictadura, y al escribirle la carta, de alguna manera mi actitud fue atrevida.

Creí que había muchas posibilidades de que me responda, más que nada porque, como dice Agustina Kämpfer en el prólogo, yo era “una muchachita ignota que iba por una misión”, y así fue.

P.: ¿Cuál de todas las cosas que te confesó en sus encuentros te sorprendió más, y por qué?

V.C: Me hizo muchas declaraciones que me llamaron la atención y que no salieron en ningún medio.

La primera vez que lo entrevisté le pregunté si se arrepentía de algo, y me dijo que se arrepentía de haber sido presidente, que él nunca quiso serlo. Me dijo que “le tocó ser presidente y que se tuvo que hacer responsable” de lo que en ese entonces era “una guerra entre hermanos”, y que “en una guerra se combate: era matar o morir”.

Le pregunté si había pensado en renunciar en algún momento y me dijo que sí, pero que también pensó en quién quedaría en su cargo si renunciaba. Me lo nombró a Massera y señaló que él era más moderado. Me dio a entender que Massera era muchísimo más duro y que las cosas podrían haber sido peor.

Me admitió que “los desaparecidos en realidad son muertos”.

Le pregunté por las madres y abuelas de Plaza de Mayo, y me llamó la atención su respuesta porque hizo una diferencia: me repreguntó a cuáles me refería, si a las que realmente sufrieron la muerte de un hijo, o a las que usaron eso para hacer política.

Me dijo que a unas las ayudaría y les daría todas las respuestas que tenga a su alcance para colaborar con su dolor, y con las otras directamente no se podría hablar.

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P.: Cuando hoy, a la distancia, pensas en la primera charla que tuvieron, ¿recordas qué sentiste? ¿Qué te pasaba por la cabeza cuando lo escuchabas?

V.C: Sentí lo que cualquier ser humano siente al tener en frente al responsable de desaparecer 30.000 personas. Pero como periodista, fui inherente a todo. Además, siento que tuve una gran capacidad para afrontar emociones fuertes.

Principalmente nunca me olvidé de esa piba de 15 años que se horrorizó leyendo “Carta abierta a la Junta Militar” de Rodolfo Wlash, y quiso tener a Videla en frente. De hecho Kämpfer escribió en el prólogo que yo pude “sentir en el pecho el dolor de una Argentina que aún todavía hoy sangra”, y por eso pude lograr mi misión.

Los desaparecidos son en realidad muertos, pero así se los llama" (Jorge Rafael Videla, miembro de la Junta Militar y presidente de facto en "Cita con Videla").

P.: Fuiste a su casa y le entregaste una carta con la intención de hacer un trabajo para una materia de la carrera a los 20. Casi 15 años después publicas un libro sobre la experiencia de tus encuentros con él. ¿Cuánto cambió esa idea que tenías de la primera entrevista a lo que terminó siendo el libro “Cita con Videla”?

V.C: Siempre fui con el objetivo de hacer de este trabajo para la facultad, un libro. Una vez que conseguí la primera entrevista seguí en contacto con él y le dije que mi objetivo era escribir un libro.

Me respondió que eso “no estaba permitido”, porque en ese momento tenía prisión domiciliaria y cualquier declaración que se filtrara en los medios lo podía perjudicar y podía perder ese beneficio que era lo que él más quería: estar en su casa con su familia.

Lo acepté, pero siempre pensando que en algún momento mi libro iba a poder salir a la luz, quizás una vez concretada su muerte.

Además a esa edad yo no estaba preparada ni era el momento de lanzar el libro, pero siempre fue mi objetivo contar esta historia y contarle al país las declaraciones que obtuve de “El dictador”, muchas reveladoras porque prácticamente Videla casi ni habló con los medios.

P.: ¿Cuánto cambió tu percepción de Videla antes de conocerlo y después de entrevistarlo en la intimidad de su casa, con su familia y en la cárcel?

Mi percepción hacia él nunca cambió, nunca dejó de ser el Jorge Rafael Videla que yo quería entrevistar. Siempre tuve presente que fue un asesino y dictador. Pero en los encuentros siempre fue de mucho respeto, mutuamente.

A pesar de que yo tenía 20, me sentaba con “el traje” de periodista y me centraba en eso.

Además, la imagen de Videla con la que me encontré no era la misma que había visto en los libros. Salvo por su mirada, que sí era la misma: una mirada impenetrable y de dureza.

Di con un Videla avejentado y mayor. Tampoco me producía tanto temor ver a esa persona que tenía en frente porque no la asociaba al Jorge Videla del ´76 que yo veía en los diarios y revistas.

P.: ¿Cuándo fue la última vez que te encontraste con Videla?

La última vez que lo vi fue en en la cárcel de Bouwer, Córdoba. Me encontré con un Videla “en su etapa final”. Lo encontré distinto, con una mirada entristecida y mal físicamente.

Videla murió a los 87 años por el 17 de Mayo de 2013 en el penal de Marcos Paz.

“Unos meses antes de decidir editar el libro me contacté con su mujer para preguntarle cómo había sido la muerte de Jorge Videla”, contó Cerone. “Me dijo que ella se enteró de la muerte de su marido por televisión, que estaba solo en una celda forrada con papel de diario y aislado porque había recibido un anónimo de que lo iban a matar; que estaba mal”, agregó la autora.

“A Videla, por lo que yo percibí, lo mató la cárcel común”, sentenció la periodista.

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