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Paola Krum: "Ser fiel a lo que se cree es a veces perturbador"

Dirigida por Javier Daulte, el elenco se completa con Jorge Suárez, Julia Calvo y Laura Grandinetti. Debuta en el Paseo La Plaza.

Nora Helmer regresa quince años después de haber dado el portazo y abandonado a su familia en la escena final de “Casa de muñecas”, de Henrik Ibsen, escrita en 1879, pero más vigente que muchos textos actuales. En “Después de casa de muñecas”, el norteamericano Lucas Hnath imagina qué habría sido de Nora (Paola Krum), el exmarido abandonado Torvald (Jorge Suárez) , su hija convertida en joven mujer (Laura Grandinetti) y la nana (Julia Calvo), quien se ocupó de cuidar a sus hijos luego de la partida intempestiva.

“Después de casa de muñecas” estuvo nominada a 7 premios Tony y batió el récord como la obra llevada a escena en mayor cantidad de salas (27) en Estados Unidos durante el año pasado. También se presentó en México y llega el sábado al Paseo La Plaza, con dirección de Javier Daulte. Va de miércoles a domingos. Dialogamos con Paola Krum sobre la obra y otros proyectos.

Periodista: ¿Hay que haber visto la original de Ibsen para comprender esta? ¿Con qué se encuentra Nora al regresar?

Paola Krum: No es necesario pero si se vio es más rica, de todos modos se entiende. Después de ese final en que abandona a sus hijos y marido, no se sabe qué pasó con ella y algunos estudiosos de la obra de Ibsen teorizan que finalmente vuelve al poco tiempo para rearmar su familia. En este caso lo más interesante es que Nora vuelve, pero no por su familia, sino porque inició un camino que se ve coartado por algo que no dejó hecho su exmarido. Entonces lo necesita para que resuelva la cuestión y ella poder seguir adelante. Decidió irse y a partir de ahí empezó un tránsito hacia el conocimiento de sí misma, en el que descubre su interés por las mujeres, por esas vidas y por cómo se maneja culturalmente la cuestión.

P.: ¿Qué vida imagina esta secuela para Nora Helmer?

  • K.: Se convierte en escritora. Pero no es fácil reencontrarse con quienes eran sus seres queridos, la nana, su exmarido, con quien tiene un montón de temas por resolver. De modo que Nora es golpeada por cada uno de esos encuentros, y desde luego el reencuentro con sus hijos. Y de nuevo tomará una decisión muy importante.

P.: ¿Cómo trabajó para interpretar a una madre que abandona a su familia?

  • K.: Tuve que dejar los prejucios propios para amarla y entenderla, pero para eso tuve que hacer un trabajo nada fácil. Ella resigna tremendas cuestiones, pero está muy decidida. Lo interesante es que uno puede empatizar con diferentes personajes de la obra y todos tienen razón en algún momento, inclusive ella. Como espectadora me aparecen cuestionamientos, pero también entiendo su pensamiento, lo que hizo, su dolor y su camino hacia lo que eligió. Es perturbador para cualquiera que se plantea en serio cómo sería de verdad ser fiel a lo que se quiere, se siente, se cree, escuchar la propia voz. Si uno de verdad se hace esa pregunta en lo mas íntimo, sin ataduras culturales, sin el deber ser, es un planteo bastante inquietante. Amo profundamente a mi hija pero cómo me gustaría tener un día de soledad y hacer lo que quiera. Ya el hecho de tener hijos implica cierta falta de libertad. Y a la vez amo ser madre, por eso fue tan difícil interpretar este papel.

P.: Daulte dijo sobre la obra que el ser fiel a la voz propia puede entrar en contradicción con reglas demasiado arraigadas, pero que el costo de desoírla lleva a que nuestras vidas dejen de pertenecernos.

  • K.: De hecho al personaje se lo da por muerto, Nora es una muerta social por oír su voz.

P.: ¿Qué puede decir de la puesta, el vestuario y la escenografía? ¿Son de época?

P.K.: Es una escenografía ascética, no es redundante; cada objeto que hay es de la época y tiene una razón de ser. Además sobre el escenario hay un tribunal, que en realidad será gente del público allí sentada, lo que implica mucha cercanía con los actores. La ambientación es moderna desde un nivel conceptual, pero los objetos y el vestuario son de época.

P.: ¿Cómo fue la experiencia de dirigir por primera vez para Microteatro el año pasado?

  • K.: Es un camino que espero poder ampliar, lo estoy observando a Daulte, tiene una inteligencia emocional que me deja perpleja, como lleva al actor y hace que entienda por dónde va, sus palabras son absoluto alimento, me ha guiado en momentos de la obra muy complejos y pude traducir física y emocionalmente lo que me pide. Ojalá pudiera lograr lo mismo como directora, lo que más me interesa no es tanto la puesta sino el trabajo con actores, sentirme una directora humana y conectada, entender las dificultades de cada persona. Somos un poco locos los actores, ¿quién nos manda a exponernos tanto?

P.: Grabó el año pasado “Otros pecados” con Polka y Flow, pero aún no se estrenó.

  • K.: No sé que pasó, la están demorando. Hice un personaje muy distinto de lo que había hecho en TV, era una maldita perra que castigaba a sus alumnos. Hice de una entrenadora de tenis profesional.

P.: ¿Otros proyectos?

  • K.: Estaba a la espera de “el proyecto” mientras veía hasta cuándo me alcanzaba la plata para seguir diciendo que no. Y llegó esta obra que es una joya en todo sentido, texto, equipo, y en esta época de ensayos tuve que rechazar dos películas porque no puedo hacer muchas cosas a la vez. Esta obra me demanda mucha energía física y emocional, no me imagino estar todo el día grabando y haciendo función, porque además quiero ver a mi hija. Si hago teatro no hago tele, busco mantener una vida normal en relación a mi hija, que es lo que me importa.

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