Opiniones

Para empresas: la gestión financiera en épocas de volatilidad

En épocas de crisis la primera reacción es paralizarse y esperar que buenas mejores épocas. Es un error

El título de esta nota se dice fácil pero la realidad es extraordinariamente difícil. No hay dos empresas iguales y por lo tanto la volatilidad económica las afectas de diversas maneras.

No todas las empresas pierden ventas, algunas (por ej con segundas marcas) pueden aumentarlas. No todas pueden subir sus precios al mismo ritmo de sus costos, no todas puedan ajustar sus gastos. Por lo tanto, van algunas ideas generales, con dos principios fundamentales: no perder clientes y no perder los mejores empleados. Una empresa debería focalizarse en mejorar continuamente su calidad, buscar nuevos productos y mercados. En épocas de crisis la primera reacción es paralizarse y esperar que buenas mejores épocas. Es un error. La primera reacción debería ser resguardar la caja y poder cumplir con el pago de insumos críticos para el funcionamiento. Mantener un mínimo de liquidez es prioritario. Cierto, dejar de pagar AFIP es caro, pero perder un buen proveedor puede ser peor. Es decir, la empresa debe tener una especie de “tablero de Comando” conociendo sus costos y qué elementos no pueden faltar para poder producir.

Acumular stocks fue la receta durante los saltos inflacionarios de las últimas décadas pero no necesariamente es válido ahora. Las razones son múltiples: puede convenir liquidar stock y dejar de pagar un descubierto, si se cree que los productos que haya en stock no puedan subir al mismo ritmo. También conviene liquidar si hubiera un fuerte costo por financiarse con proveedores. A esto llamamos el costo financiero de mantener stocks. Otra razón por la que no necesariamente es conveniente mantener stocks es la obsolescencia: una empresa de retail, por ej moda femenina, no debería guardar producto para la próxima temporada. Esto tiene consecuencias de todo tipo. No lo digo en chiste: ¿tendremos una nueva grieta en la vestimenta, con productos atemporales (todo negro para mujeres) o algo de mucha moda que realmente tiente desde las vidrieras?

Al manejo de los costos operativos hay que sumarle los costos financieros de mantener la obscena carga tributaria. Anticipos, retenciones y demás yerbas tienen un costo elevado si hay atrasos. Atención que en las últimas semanas ha sido “más barato” dejar de pagar al municipio correspondiente o a la AFIP, que tener un descubierto.

La necesidad de reducir costos, unido a las nuevas formas de comercialización, fuerzan a acelerar el manejo de stocks y tal vez buscar nuevas formas de distribución, sin negocios u oficinas a la calle ni empleados, con representantes o ventas por internet, de la fábrica al cliente final. Esto es válido desde dejar las oficinas elegantes y permitir el home-office, hasta la fábrica en alguna provincia que deja de tener depósitos cerca de sus centros de consumo. Al igual que en el resto del mundo estos cambios vendrán de todas maneras, haya volatilidad o estabilidad, haya recesión o crecimiento. Nuestros competidores lo harán. La crisis fuerza a hacerlo antes y en forma tal vez precaria.

Vuelvo al tema de no perder clientes. Siempre deberían ser el foco, porque son la razón de existir de la empresa y porque es carísimo recuperarlos. Si, ya sé que la volatilidad conlleva dedicar muchísimo tiempo a entender lo que está pasando, qué políticas nuevas habrá, o qué pasa con el dólar. Los diarios dedican espacio a explicar todo tipo de trucos con bonos y el dólar con lo cual el empresario se siente tonto frente a la mal llamada timba financiera. Por supuesto, sin caja para pagar los sueldos e insumos, la empresa desaparece. Pero si se logra el mínimo de caja para mantener viva la empresa, no se debe desviar la atención de lo importante: lograr el mejor producto con la relación apropiada precio/calidad para nuestros clientes.

Respecto al personal… ¿qué decir? Sin ellos, la empresa no tiene posibilidad de operar. Hay un gran costo, ciertamente, y los conflictos internos aumentan con la volatilidad del entorno. No tengo una respuesta a estos problemas. Sólo sé que estamos todos en el mismo barco, que se llama Argentina.

(*) Economista- Universidad CEMA

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