Ambito BIZ

Perspectiva alentadora

Quisiéramos no tener que hacer una evaluación sobre los últimos casi cuatro años de nuestra actividad porque, lamentablemente, nos confrontaría con una seguidilla inédita de resultados negativos históricos. Quisiéramos no tener que referirnos a la confianza defraudada de una actividad que apostó fuerte a una gestión que prometía eliminar una serie de trabas que podrían potenciar el negocio inmobiliario. Pero los datos son tan contundentes que ni siquiera queda margen para una mirada teñida de un optimismo que tiene más que ver con el autoengaño antes que con la resiliencia.

No hay un solo indicador de mejora en la actividad inmobiliaria registrado en estos años. Cayeron las operaciones de compra venta a los niveles de la crisis económica más feroz que se recuerde: la de 2001/2002; se depreció fuertemente el valor de la propiedad, con lo que además de la caída de ingresos de los corredores inmobiliarios por menores ventas, también se operó por baja de precios de prácticamente todo el rango de inmuebles: desde los comerciales hasta el de viviendas.

Los alquileres muestran otro panorama desolador: si bien notamos una loable vocación de pago de los inquilinos en estos últimos meses, es verdad también que ella fue acompañada por una muy destacable actitud de responsabilidad social por parte de los propietarios que resignaron ajustes de las mensualidades que los hicieron perder año a año contra la inflación hasta casi aceptar cobrar un 50% menos.

Ante semejante escenario, la única reacción del Gobierno fue lanzar medidas antes apuntando al marketing político que a la resolución concreta de los problemas de vivienda de millones de argentinos. Por un lado, intentó lanzar una ley de alquileres sin consensos, inconsulta y de impracticable aplicabilidad que para lo único que sirvió fue para generar tensión entre los directos interesados de sostener los contratos: locatarios y locadores.

En materia de financiación, también se provocó más daño antes que soluciones concretas a quienes necesitan su techo. Los créditos UVA fueron lanzados con una avasalladora campaña de marketing oficial que los presentaba como la panacea de la casa propia. Desde un comienzo denunciamos que eran un engaño, una propuesta insostenible. Y ahí tenemos a los miles de damnificados por estos préstamos ajustados por inflación en un país en el que este año, muy probablemente, el índice de precios llegue al 60%.

Los brutales aumentos se tarifas de servicios y expensas hicieron el resto, afectando a toda la cadena inmobiliaria: propietarios que no pudieron alquilar sus locales por la recesión, o que tienen sus casas desocupadas por falta de demanda e inquilinos que sacrifican consumos básicos para sostener su alquiler.

Creemos que después del 10 de diciembre el horizonte para nada se presenta carente de nubarrones y dificultades. Pero entendemos que quienes tengan la responsabilidad de gobernar deben hacerlo con mayor vocación de diálogo para atender las urgencias de todos los sectores. Es de esperar que se incrementen las restricciones cambiarias por el descalabro financiero y por el problema de la deuda. Y consideramos también que atento a que la vivienda es un derecho básico, las futuras autoridades deberán instrumentar las medidas necesarias para reactivar el sector. No solamente por el interés de poner en marcha una cadena de valor central en la economía de un país. Sino porque en la Argentina existe un déficit de casi 8 millones de viviendas –entre construcción y reconstrucción- y alguien deberá hacer algo para empezar a cubrirlo.

Presidente del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de la Pcia. de Bs. As.

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