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Pesadilla para personajes y espectadores

Dos parejas van a hacer turismo a un alejado sitio en medio de la nada y el viaje se convierte, rápidamente, en una pesadilla cuando la hija del dueño del hotel aparece muerta en circunstancias extrañas, con uno de los forasteros como principal testigo. Como el breve prólogo muestra gente degollada y desangrándose en lo que parece ser algún tipo de ritual, no hay mucha sorpresa sobre lo que va a ocurrir. Lo que sorprende es la serie de incoherencias y agujeros argumentales de esta mediana muestra de terror tucumano que, por comparación, hace que “Martes 13 IV” luzca profunda como una de Bergman (y encima como aquí los protagonistas no son adolescentes sino treintañeros, ni siquiera hay escenas de sexo antes de los clímax sangrientos). Los personajes cometen las tonterías típicas de las películas berretas del género, pero el director debutante, Ignacio Rogers, tampoco compensa las cosas con alguna pizca de imaginación a la hora de las escenas cruentas, al punto de que alguno de los asesinatos ocurren en off. Lo más rescatable es la colorida fotografía y el buen uso de locaciones tucumanas, que por suerte están disfrazadas de algún otro sitio indeterminado ya que de lo contrario no alentarían el turismo.

“El diablo blanco” (Argentina, 2019). Dir.: I. Rogers. Int.: E. Díaz, V. Urtizberea, J. Tello.

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