Los Maniacs y el duro desafío de la reinvención

Placeres

La banda galesa Manic Street Preachers lanzó "Resistance is Futile", su primer trabajo de estudio en cuatro años. Cada vez más alejado del punk, el grupo abraza nuevos sonidos pop.

Cuatro años después de su última aventura discográfica, la banda galesa Manic Street Preachers regresa al ruedo de la mano de Resistance is futile (Columbia) su nuevo disco de estudio que vio la luz en abril pasado y que fue acogido con buenos ojos por los fanáticos.

Este grupo, que supo ser de culto, combina el rock alternativo, el punk y el post punk con elementos pop y góticos, y se vio en la difícil misión de reinventarse a si mismo tras la trágica desaparición de su guitarrista y letrista, Richie Edwards, de quien no se supo más nada desde 1995 y que fue declarado muerto en el 2008.

A partir de entonces, la formación atravesó un sendero musical más alejado del punk para abrazar el uso frecuente de sintetizadores y otros elementos propios de géneros modernos, fórmula que se plasma en este nuevo álbum que, si bien no presenta una novedad con respecto a los últimos trabajos del conjunto, es una buena muestra de su vigencia.



Conformado por 12 canciones, Resistance is futile, se reparte entre melodías sencillas y entradoras, con guitarras juguetonas que arrojan pequeñas notas, como pistas que se desparraman en la paleta sonora que compone la placa, oscilando entre la década de los 80 y los 90, pero sin perder el herramental técnico propio de estos tiempos.

No es un álbum agresivo, a diferencia de los primeros de los Maniacs, sino que podría calificárselo como cancionero. Seguramente se puede interpretar algunos de sus temas en una guitarra acústica y se lograría un resultado positivo. Cabe destacar la potente voz de James Dean Bradfield, quien se luce en odas como People give in y Squeels of forgotten wars, por caso.

En resumen, si bien plantea una novedad, la placa cumple, un tanto como consecuencia de una banda con una carrera de más de 30 años que puede apoyarse en el pasado para dar vida a un presente/futuro no tan innovador, pero que sigue estando a la altura de lo que se espera.

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