Economía

Plan Megatel de los 80 hoy es "energía total"

Cuando la educación y el mérito son desplazados por la ideología y el populismo, es habitual que junto al poderoso aparezca una figura que pretende destacarse, aunque no siempre por su inteligencia. En el siglo XVII, los papas Clemente VIII y Paulo V contaban con el cardenal Bellarmino («Martillo de herejes», como él se autodenominaba) para que el Tribunal del Santo Oficio sugiriera a Galileo que no molestara más con las ideas de Copérnico (el sistema heliocéntrico), pensando que se trataba de una conspiración de Lutero para desprestigiar a Roma. En la Unión Soviética, Stalin se decidió por Laurenti Beria, un advenedizo controlador de la pureza ideológica. En Alemania, Hitler entronó a Heinrich Himmler, un chupamedias de escasa formación. Todos estaban a cargo de las respectivas policías «políticas», que intervenían en cada caso en donde los teólogos o los políticos no encontraban excusas para cuestiones matemáticas que sus teorías no pudieran explicar.

Bellarmino fue santificado, aunque Roma debiera hace poco disculparse por su torpeza. Himmler se suicidó en Nüremberg para evitar el patíbulo, luego de que Hitler ordenara su detención para fusilarlo en mayo de 1945, cuando quiso alzarse con el poder en las últimas horas de Berlín. Beria fue ejecutado por Kruschev al pretender suceder a Stalin tras una intriga palaciega. ¿Qué pasará con el licenciado Guillermo Moreno, a quien uno jamás le otorgaría la siniestra característica de los otros personajes, aunque se esfuerza por lograr un sitio particular dentro de la mínima historia?

Cuando falta algo (dólares, carne o cualquier otra cosa), los burócratas toman decisiones de «repartir lo que hay» sin detenerse por un momento a pensar cómo hacer para que no falte, ya que eso no se les ocurre. En 2002 faltaban dólares, porque a Remes Lenicov se le había ocurrido que no debía haber transacciones en dólares para ser un «país normal», pero se le ocurrió que él debía fijar el valor del dólar. Ahora, el gobierno ha instaurado un nuevo corralito, esta vez algo más insoluble que aquel corralito monetario: el corralito energético, que promete episodios desopilantes.

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    El gas no contiene sólo metano, y no se utiliza sólo para ser quemado a través de la red, aunque el pobre Moreno no se da cuenta. El gas que se extrae contiene casi 90% de metano, con 9.300 Kcal/m3, con un valor de u$s 1,3 por millón de BTU, y es el típico gas para autos, calor o generación de energía eléctrica, y 4% de etano (10.700 Kcal/ m3) y u$s 3 por millón de BTU, que se utiliza para la producción de etileno y su polímero, el polietileno: el resto es propano (11.000 Kcal/m3) y butano (17.000 Kcal/m3) que se pagan unos 17/18 u$s por millón de BTU, y se utilizan para el gas en garrafa. Pero como el gas ya no se separa para incrementar la provisión, hace días que el polo petroquímico está parado por falta de insumos; es probable que en poco tiempo hasta los supermercados vendan huevos envueltos en papel de diario, como en los almacenes de ramos generales hace 100 años, y que quienes carecen de conexión a la red no consigan garrafas de gas. Además, ningún ama de casa debe extrañarse si observa una llamarada en la cocina, ya que la diferencia de poder calórico de los gases no separados puede causar problemas.

    La ideología y el populismo han sido los más encarnizados enemigos de los servicios públicos. Los gobernantes que mantienen «tarifas baratas» sin molestar a los consumidores ganan popularidad. Cuando dejan de funcionar, se deben afrontar «tarifas incómodas» y costos políticos, y desarrollar la infraestructura nuevamente. En los 80, el populismo tarifario arrasó los servicios públicos a un extremo tal que se convirtieron en un modelo de ineptitud funcional, en promotores de inflación, cuando los gremios obligaron al Tesoro a atender las demandas salariales con emisión, y en el hazmerreír del mundo al publicarse avisos en los cuales se vendía una propiedad «sin teléfono, pero con Megatel». La expansión de la telefonía celular ha evitado, por ahora, regresar a la misma situación, gracias a los progresos en tecnología de comunicaciones que no son desarrollados en Venezuela, sino en el G-7. Recuerden que el Megatel no se cumplió, al igual que los contratos de energía en demanda firme hoy.

    Para no tocar las tarifas de luz y gas (por el terror del pobre Moreno al índice de precios), el gobierno impuso el viernes a las petroleras la venta de combustible líquido al precio del GNC, asignando unos 11 millones de M3/día de gas que demanda el parque de autos a la generación de energía eléctrica. Para cargar una racionada cuota de combustible a ese precio es necesario hacer una cola y completar un formulario, de manera similar a lo que sucedía para comprar dólares a precio oficial en 2002. Pero como el sábado salió el sol, Moreno no estudió el fenómeno como lo hubiera estudiado Stephen Hawking. Siguió la teoría de los mayas (adorar el sol) y dispuso reanudar inmediatamente la provisión de GNC, aunque deje el agujero negro para la semana que viene. En pocos días, el modelo puede colapsar si el gobierno no se decide a renegociar de buena fe los contratos, en los términos de la Ley de Emergencia 25.561, según sus pautas: impacto de las tarifas, calidad de los servicios, interés de los usuarios, seguridad y la rentabilidad de las empresas. Es hora de abandonar los prejuicios y recurrir a la ciencia y a los libros, antes que la degradación derive en una parálisis semejante a la de algunos países del Africa. China demanda 5 módulos de generación por año de 800 Mw. ¿Cuál será la prioridad de entrega de Siemens o de General Electric, China o la Argentina? El peligro de un black-out está latente, y el asincronismo entre centrales de 800 y de 3.500 rpm podría significar una semana entera sin energía eléctrica.

  • Fuera de servicio

    El Megatel de los 80 se llama «energía total». Cualquiera que vea el estado de las nuevas centrales anunciadas en Rosario y Campana (Timbúes y General Belgrano) se da cuenta de que no generarán hasta 2009. El viernes pasado, el gobernador de San Juan inauguró después de 20 años la central Cuesta del Viento, aunque aclaró que esa energía era para los industriales de su provincia y no para la red nacional. Hay actualmente más de 30 centrales hidroeléctricas fuera de operación, que podrían agregar 200 Mw al sistema, pero nadie se preocupó en reparar.

    El pobre Moreno debe pensar, dentro de sus límites intelectuales, que si se reestructuran los contratos se generará inflación (posible aun sin ajuste de tarifas, habida cuenta de los 4 mil millones de expansión monetaria del BCRA en el primer semestre), se discriminará a quienes no puedan pagar y se incrementará la marginación. Puro cuento. El aumento de tarifas puede ser disminuido en los servicios manteniendo el valor presente de los contratos mediante la prórroga del plazo, en instrumentos de máxima seguridad jurídica, en servicios al usuario sin alteración y con tarifas en flotación, como lo ensayó Brasil en una crisis parecida. Al retrasar el proceso, el gobierno debería ensayar otras estrategias que eviten un incremento de tarifas, como obligar a los atletas en los gimnasios a generar energía eléctrica con dínamos en las bicicletas. Para mejorar su imagen, Moreno puede incluir el impacto del subsidio en el índice de precios, aduciendo que los combustibles líquidos bajaron 50%. Pero deberá buscar otro gerente para sus sacrificios humanos anteriores a Tales de Mileto.
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