Opiniones

Plan primavera electoral

El Gobierno anunció una serie de medidas para tratar de sacar la economía de la depreflación (depresión productiva con inflación en ascenso) y generar una primavera económica electoral. El carácter electoral del programa no es escondido por el oficialismo, ya que la duración de las medidas anunciadas es de 6 meses. El dramático deterioro productivo y social que muestran todos los indicadores y la yapa de una inflación de 4,7% en marzo, parecen haber convencido al oficialismo y su tutor externo (el FMI), que sin una tregua electoral, sus chances políticas se desvanecían.

El plan primavera electoral tiene 2 grandes ejes. Por un lado, intentar moderar la inflación y, por el otro, impulsar la actividad. Para moderar la inflación se anunció un acuerdo de precios con supermercados y frigoríficos, más un congelamiento de tarifas luego de los aumentos ya pactados. El acuerdo con los frigoríficos es irrelevante, ya que la venta de 120.000 kilos de carne por día es insignificante frente a un consumo interno diario cercano a los 7 millones de kilos en carne vacuna (que supera los 10 millones al considerar otras carnes). En el caso de los supermercados, las dudas son sobre las garantías de su cumplimiento, especialmente si la inflación y el dólar continúan su marcha ascendente, y los precios congelados quedan desfasados. El congelamiento de las tarifas es más efectivo, al menos en los distritos donde la distribución es regulada por el Estado nacional. En este caso, las dudas son sobre su costo fiscal y la presión que genere respecto a la meta de déficit cero acordada con el fondo (una preocupación que parece haber quedado para después de octubre).

La otra pata del programa es el intento de relanzar la actividad económica a partir de una amplia política de créditos con los fondos de la ANSES (“la plata de los jubilados”, tal como la denominaba el presidente cuando era opositor y se oponía a tales medidas). Más allá de las consideraciones morales sobre endeudar a los beneficiarios de la AUH, jubilados y pensionados, comprometiendo hasta un 30% de sus ingresos futuros, las medidas anunciadas generarán cierta alza del consumo en la previa electoral. Los bondadosos montos de hasta $ 200.000 para jubilados y $ 12.000 por hijo, podrían implicar créditos por un total de $ 124.000 millones. De esa manera, se impulsaría hasta un 5% del consumo privado trimestral del país en los meses previos a las elecciones. Los créditos Pro.Cre.Ar., por la demora temporal que tienen desde el anuncio hasta el ladrillo, no van impactar en la actividad de la construcción.

Más relevante que todos esos anuncios para el éxito del plan primavera electoral, es el congelamiento de la banda cambiaria, ya que una suba importante del dólar pondría fuera de madre todo el programa. El congelamiento de la banda implica que si el dólar toca los $ 51,45, el banco central podría sumar una oferta de u$s 150 millones a los u$s 60 millones que está autoriza el Gobierno a licitar diariamente. Los u$s 210 milones pueden ser insuficientes para un mercado cambiario que suele mover u$s 500 millones – u$s 600 millones por día y hasta más de u$s 1.000 millones en momentos de bruscas corridas. Para reforzar el poder de fuego, es esperable una intervención más discrecional del ANSES y los bancos públicos, con los dólares que van a recibir por sus tenencias de bonos que vencen en los próximos meses.

Aun así, la política cambiaria continúa siendo el talón de Aquiles del programa, ya que si el dólar se fuera cerca de los $ 50 y asumiendo un escenario optimista donde lo puedan parar, esa devaluación del 20% haría crujir el acuerdo de precios, implicaría un costo fiscal muy grande para mantener el congelamiento de las tarifas (poniendo en riesgo la meta fiscal pactada con el FMI) y, generaría un deterioro del consumo y la inversión que anularía el efecto expansivo de los créditos de la ANSES.

* Director CESO

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