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Polémica y dudas por liberación del "talibán estadounidense"

Acusado de graves delitos de terrorismo, el ex "detenido 001" de la guerra en Afganistán solo había sido condenado por cargos de gravedad menor. Su caso prueba la dificultad de tratar con los ciudadanos propios radicalizados en el exterior. Pasó 17 años preso.

Washington - John Walker Lindh, el “talibán estadounidense” capturado mientras luchaba con los insurgentes islamistas en noviembre de 2001, fue liberado en Estados Unidos ayer tras 17 años de prisión, informaron fuentes oficiales.

El hecho, revelador de los problemas para probar los cargos de terrorismo contra ciudadanos estadounidenses aparentemente radicalizados en el exterior, provocó cuestionamientos en el Congreso sobre cómo se garantizará que el hombre no vuelva a ser en el futuro, cuando se levanten los controles que le impone ahora la Justicia. Asimismo, el secretario de Estado, Mike Pompeo, calificó la decisión de “inexplicable e irrazonable”.

La Agencia Federal de Prisiones confirmó su liberación temprano en la mañana de la prisión federal de alta seguridad de Terre Haute, Indiana.

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El exconvicto, sospechado de mantener la ideología extremista que lo llevó a Afganistán, se instalará en Virginia bajo una estricta libertad condicional que limita su capacidad de conectarse o contactar a otros islamistas, dijo su abogado Bill Cummings.

Conocido como “detenido 001” durante la guerra contra el terrorismo emprendida por Washington, la liberación de Lindh reaviva los recuerdos de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York, tras los cuales él se convirtió para muchos en una de las caras de la amenaza yihadista en el país.

Pero además, subraya el hecho de que, casi dos décadas después, Estados Unidos continúa la batalla contra los talibanes sin que se vislumbre un final.

Su familia, que vive cerca de San Francisco, California, no hizo comentarios.

En una carta dirigida a la Agencia Federal de Prisiones, dos senadores citaron esta semana acusaciones no comprobadas de que Lindh apoya la violencia extremista “abiertamente” y se preguntaron cómo se logrará contener esa supuesta amenaza.

“Debemos considerar las implicaciones de seguridad y protección para nuestros ciudadanos y las comunidades que recibirán a individuos como John Walker Lindh”, escribieron.

Lindh, de 38 años, logró reducir tres años su pena original de 20 por buen comportamiento.

Hijo de una pareja de clase media que vivía en el norte de San Francisco, Lindh se convirtió al islam a los 16 años y viajó en 1998 a Yemen a estudiar árabe.

Tras regresar brevemente, volvió a Yemen en 2000 y luego a Pakistán para seguir estudiando en una escuela religiosa. A mediados de 2001, aparentemente atraído por las historias de maltrato a los afganos, se unió a la lucha de los talibanes contra la Alianza del Norte.

Después de que Estados Unidos interviniera en Afganistán tras los ataques en Nueva York, Lindh fue uno de los cientos de combatientes capturados en noviembre por las fuerzas de la Alianza del Norte.

El hombre les reveló su identidad estadounidense a dos agentes de la CIA. Uno de ellos, Johnny Micheal Spann, murió en una revuelta de prisioneros horas después de haber interrogado a Lindh, lo que lo convirtió en el primer estadounidense asesinado en el conflicto tras el 11 de septiembre en Afganistán.

Ya en Estados Unidos, fue acusado de múltiples cargos de terrorismo y conspiración para matar estadounidenses, al punto que políticos y altos jefes militares pidieron que se le aplicara la pena de muerte.

En julio de 2002, se declaró culpable de cargos mucho más reducidos relacionados con ayudar ilegalmente a los talibanes y de portar armas y explosivos.

Según la mayoría de las versiones, Lindh se aferró firmemente al islam durante su encarcelamiento.

Pasó años con unos pocos prisioneros musulmanes en la Unidad de Gestión de Comunicaciones de la prisión de Terre Haute, donde sus contactos con el exterior eran estrictamente controlados.

Un informe interno de 2017 del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, obtenidos por Foreign Policy, se decía que Lindh “siguió abogando por la yihad global y escribiendo y traduciendo textos extremistas y violentos”.

La acusación no fue respaldada por evidencia pública y los documentos judiciales nunca retrataron a Lindh como un partidario de la “yihad global”.

Pero Alexander Meleagrou-Hitchens, investigador en el Centro para el Extremismo de la Universidad George Washington, asegura que en prisión, Lindh se volvió cercano a Ahmad Musa Jibril, un árabe-estadounidense que desde su liberación en 2012 continúa predicando una versión extremadamente conservadora del Islam, popular entre los yihadistas.

El miércoles, la cadena NBC informó que Lindh escribió en 2015 en una carta a un productor de KNBC que el Estado Islámico está “haciendo un trabajo espectacular” y que “es claramente muy sincero y serio sobre el cumplimiento de los descuidados por mucho tiempo y la obligación religiosa de establecer un califato por la lucha armada”.

Tras ser liberado, Lindh estará bajo duras condiciones por los próximos tres años.

Pese a haber conseguido la ciudadanía irlandesa mientras estaba en prisión, no podrá obtener un pasaporte para viajar fuera del país. Solo podrá usar una computadora con internet o teléfono con permiso y bajo monitoreo de las autoridades.

Agencias AFP, Télam y ANSA

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