Comentarios políticos de este fin de semana

Política

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Editó uno de sus comentarios más insulsos del verano. Por un lado alarma sobre algo no gravitante: que por el conflicto del Sur en enero la producción de petróleo bajó de 500.000 a 350.000 metros cúbicos.

Tratándose de un bien perecedero extraído -a diferencia de los productos industriales no elaborados o cosechas no recogidas a tiempo- la presunta «pérdida» sólo retrasará el momento en que el petróleo se acabe. Un país con existencia escasa de petróleo -quizá para no más de 15 años- si no se descubren nuevas reservas, la política de un gobernante-estadista inclusive debería ser limitante de la extracción, como hace Estados Unidos, que aspira a ser el último país en el mundo que sufra cuando se agote el petróleo. Nadie puede desear conflictos, y menos sangrientos, pero lo sucedido en Santa Cruz no es alarmante en ese sentido, salvo en el ingreso de las empresas y tampoco es gran daño: si el precio del petróleo puede llegar a 100 dólares el barril repondrán con ganancia lo que ahora no extrajeron por la huelga. Dice que la SIDE también había detectado un foco posible de violencia en Salta del mismo sector trotskista del Sur y expresa que había temor en el gobierno porque el gobernador Juan Carlos Romero no está en la línea del kirchnerismo de inmolar policías armándolos con balas de goma y sólo 4 chalecos antibalas para enfrentar a izquierdistas armados con balas de plomo. Habría que decir que menos mal que el temor al riesgo político, que hace hoy inhumana la política policial de resguardo de instituciones, no está en todos los gobernadores. Vaya a saber si es cierto este informe de la SIDE porque no se la cree capaz de deducciones en profundidad, por ejemplo que mientras el petróleo siga encareciéndose tanto en el mundo siempre surgirán conflictos graves como el de Irán e Irak entre otros, y más pequeños pero sangrientos como el de las provincias petroleras argentinas. El Congreso norteamericano y algo tan distante como Evo Morales en Bolivia han coincidido en que las ganancias de las empresas petroleras de 10.000 millones de dólares el año pasado son exorbitantes. Los Parlamentos protestan y los obreros también. Por eso un trabajador en Santa Cruz gana arriba de 3.000 pesos por mes y un policía 900, con un absurdo de salario básico de 90 pesos por mes estos últimos y llegan a esos 900 con extras perversas como enfrentar a manifestantes armados con rifles de mira telescópica y ellos con balas de goma.

El columnista «compra» la versión que quiere hacer difundir el gobierno de que los «malos» eran infiltrados cuando el gobernador Sergio Acevedo -que suena mejor informado- dijo que a lo sumo podría haber en la noche trágica de la muerte del policía Sayago alguna gente que no fuera del pueblo de Las Heras pero sí de los cercanos. También la lógica va contra el informe de «inteligencia» hecho para la Casa Rosada porque es difícil que lleguen infiltrados cuando hubo sólo una hora y media de diferencia entre que detienen al jefe trotskista Mario Navarro y el momento en que comienzan los ciento treinta balazos a la comisaría, las heridas de bala a cinco policías y el hierro en la cabeza contra el policía Jorge Sayago. El otro «mensaje» que difunde para el gobierno este periodista Van der Kooy es que «un número importante de esposas militantes de policías están hoy en la izquierda y organizan mitines en reclamo de mejoras salariales para sus maridos». ¿Por qué tienen que ser de izquierda si es más que lógico el reclamo de esposas que se vio que pueden quedar viudas cuando sus maridos ganan apenas 900 pesos de sueldo en un sur patagónico donde alquilar una vivienda de dos ambientes, medianamente digna, puede llegar a costar 800 pesos por mes. Cuando la esposa del teniente coronel Pedro Mercado reclama porque ella defendió a la Iglesia en su legítimo derecho de libertad de expresión y a su esposo el general Roberto Bendini del ejército lo manda a disponibilidad el gobierno la acusa de «derechista».

Cuando las mujeres de policías sureños piden por el sueldo de sus maridos, de « izquierdistas». Muy poco serio: las organizacionesde derechos humanos cuando se pronunciaban contra los militares argentinos eran «buenas». Ahora que lo hacen contra el «gobierno» por intentar dominar la Justicia y limitar la libertad de prensa pasaron a ser «malas y erradas».

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Este columnista introdujo este domingo el interrogante más valioso para ser analizado en base a las palabras del presidente Néstor Kirchner sobre que «la Policía santacruceña, desarmada y democráticamente, tuvo un comportamiento absolutamente correcto. Rescato el hecho de que por primera vez en muchísimos años no se puede decir que la Policía fue culpable ni mucho menos. Es un caso contrario a otros que han pasado en tiempos recientes en la Argentina».

Grondona cala hondo al expresar «estas declaracionesson inquietantes. Eligen como ideal, por lo pronto, el de una Policía desarmada frente a agresores armados»- ¿El rol del policía, para ser alabado por el gobierno, es entonces dejarse matar? ¿El mejor policía es el policía muerto? Luego dice que no es el ideal una Policía «brava y sin límites» pero es obvio que tampoco lo sería una Policía obligada a inmolarse para salvar la imagen política del gobierno. Grondona dice «no hay dos sino tres opciones: matar fuera de la ley (como los policías bonaerenses hicieron con los piqueteros Santillán y Kosteki en Avellaneda durante la gestión Duhalde), dejarse matar impunemente o actuar enérgicamente cuando sea necesario, pero siempre bajo la contención y el límite que impone la ley».

Luego afirma -aunque aquí es de dudar dado que este gobierno siente el complejo de no tener carisma y arriesgarse a todo para no afectar su imagen como harían gobernantes más seguros de sí mismos- que «más temprano que tarde el presidente Kirchner tendrá que optar». No parece que necesariamente será así.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

El comentario de este columnista del fin de semana es confuso, y por momentos incoherente, comenzando por el arranque de la nota donde compara un «río enfurecido» (que parecería el Uruguay del conflicto papelero) y «el desierto patagónico taladrado a balazos». Comparación demasiado rimbombante.

Luego habla de «el revuelo de los simples peatones» (¿ serán los bárbaros que mataron al policía Sayago, aunque de «simples peatones no tengan absolutamente nada?).

Vuelve a desquiciarse el columnista cuando dice que Néstor Kirchner «se pasó casi tres años diciéndoles palabras demagógicas a los argentinos de a pie» con lo cual parece insinuar que nunca se refirió el primer mandatario a los que andan en auto. Pero después sigue mal cuando dice que el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, « soliviantó» a la sociedad entrerriana cuando ese mandatario en realidad debió ponerse a la cabeza de un movimiento espontáneo de masas por aquello que decía Perón: «Si los dirigentes no marchan a la cabeza del pueblo, el pueblo va a ir por la cabeza de los dirigentes». Incluye luego otro concepto más que discutible como es que «la temporada turística de veraneo en Uruguay ha sido un desastre». Trajo inconvenientes pero fundamentalmente al paso de materiales para construcción de las papeleras en el Uruguay. El turista que quería viajar lo hacía por el puente más al norte o bajando a Buenos Aires porque no le es fácil a un veraneante cambiar bruscamente su destino cuando ya tiene reservas hoteleras o casas que lo aguardan. Pero lo menos creíble de Morales Solá viene después al decir que es imposible una solución con las papeleras uruguayas. No toma en cuenta que el Banco Mundial hará dos reuniones y podría surgir que no financie 15% de las obras. No es tan importante, pero en cambio influye terriblemente en los bancos internacionales que deben financiar el 85% restante. Existe la posibilidad -que en definitiva satisfaría a todos- de que finalmente se construyan las papeleras en Fray Bentos (Uruguay) pero ambos gobiernos y el Banco Mundial podrían financiar a largo plazo lo que las empresas finlandesa y española no quieren, que es usar uno de los dos métodos ecológicos para el blanqueo de la pasta celulósica y descartar el más barato pero dañino al ambiente en base a dióxido de cloro. Morales Solá se queda en la superficie de todo eso. Luego refiriéndose al conflicto del Sur, sin agregar nada, dice que el sacerdote mediador Juan Carlos Molina es «extrañamente patagónico y componedor». Ha sido un «buen componedor», sin dudas, pero de «patagónico» no tiene nada porque proviene de la conspicua zona de San Isidro, en el Gran Buenos Aires. Para terminar su mal día, el columnista dice que en Santa Cruz «la solución al fin llegó». Todo hace suponer que va a ser un drama político permanente si no se encuentra a los asesinos del policía Sayago y no se da solución al mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias elevándolo con el grave riesgo de que si el nuevo tope se logra con excepciones que tengan sólo tinte patagónico -como ser descontable vivir en zona inhóspita- se generalicen conflictos en el mismo sentido si se crean excepciones particulares dado que es un impuesto nacional y elevarlo en su mínimo no imponible requiere ley del Congreso. Si no trató bien el columnista el conflicto en el Sur donde escribe, «La Nación» brindó la mejor cobertura desde Santa Cruz este fin de semana.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».

La entrega de ayer de este periodistaasesor debería incluirse en el capítulo «No afloje Presidente». Repasa la crisis de Santa Cruz repartiendo elogios a todos los protagonistas, desde la Policía que liberó al detenido Mario Navarro al delegado presidencial enviado a la zona del conflicto, Luis Tibiletti -hombre a quien Verbitsky promovió a la Secretaría de Seguridad Interior- y actor de, dice, una «conducción política idónea», pasando por Néstor Kirchner por sostener la «aversión al camino represivo» ante las protestas como la que le costó la vida al policía Jorge Sayago en Las Heras.

Los incidentes de Santa Cruz le sirven sin embargo para darle consejos de dudosa eficacia al Presidente: sobre el reclamo petrolero, que se les calcule a los petroleros la imposición a Ganancias sobre el básico y no sobre los adicionales (solución que si el gobierno pudiera aplicar sin desbaratar todo el impuesto ya lo habría hecho) o que las empresas se hagan cargo de parte de los impuestos a las Ganancias (un facilismo de difícil aceptación por parte de los accionistas de las empresas contratistas de la extracción petrolera). Esto implicaría además un alza en los costos de la actividad, que en algunos casos debería luego trasladarse a los precios.

Para resolver la profundización de la brecha entre los más ricos y los más pobres que este gobierno ha ampliado, le acerca el consejo más simple e indocumentado: que el gobierno modifique la estructura impositiva « volviéndola más progresiva», que es como decir que termine con el mal imponiendo el imperio del bien. Es decir, otra frase de muy difícil traducción a la política real con un gobierno que se sostiene precisamente con lo contrario, acumulando recaudación para tener con qué repartir desde el Estado y a cuenta de respuestas clientelísticas, que es la forma más regresiva de distribuir el ingreso nacional. No tiene en cuenta además experiencias anteriores, donde con la intención de dar un vuelco «progresivo» al sistema tributario, José Luis Machinea inventó en 2000 el «impuestazo» que terminó con lo que en ese momento era un principio de recuperación del proceso recesivo.

Un recuadro con la firma del mismo periodista aconseja -recogiendo datos de un informe de la FLACSO (un think tank estatista) también aumentar las retenciones a las exportaciones a la carne dado que la rentabilidad del sector lo permitirían, dice, «sin consecuencias negativas para la producción y con efectos benéficos para la equidad social». ¿Por qué haría eso el gobierno? Porque en la provincia de Buenos Aires quienes concentran la actividad pecuaria son empresas que llevan los mismos nombres «de ese sector que alguna vez fue conocido como la oligarquía». Otro simplismo. Más si se tiene en cuenta que la recomendación aparece luego de una semana donde la Argentina volvió a tener aftosa con las consecuentes pérdidas de mercados para las exportaciones de carne, lo que hará que esa «rentabilidad» de la que habla FLACSO desaparezca.

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