1 de septiembre 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
LABORDA, FERNANDO.
«La Nación».


Tampoco se aparta este columnista (que reemplaza ocasionalmente a Joaquín Morales Solá) de la línea argumental de sus colegas, que se preguntan una y otra vez si los Kirchner alguna vez van a cambiar o no. Deben reírse a solas en el matrimonio los domingos cuando leen tantos argumentos sobre esta cuestión que se plantean estos observadores sin dar muchas explicaciones. Como Grondona, Van der Kooy y muchas veces Morales Solá, Laborda también se flagela ante unos Kirchner que no quieren cambiar. Debieran reparar en lo que el matrimonio presidencial dice todos los días: están muy conformes en cómo son, qué hacen y hasta presumen de haber dirigido el país en el ciclo más exitoso de su historia.

Este tipo de percepciones arranca del diagnóstico de la administración nacida en 2003, que pone el acento en las consecuencias negativas de una economía cerrada, con tendencia estatista, con control de precios y poco ánimo para dialogar con adversarios y también con su propia gente. Esta es, para esta mirada, una Argentina insoportable que debe cambiar. Quienes deben hacer ese cambio, encima, son los Kirchner, que tienen un diagnóstico directamente contrario. Fomentan el solipsismo a la hora de las decisiones, acumulan poder centralizando los pagos del Estado a proveedores y provincias, argentinizan empresas, nacionalizan las que pueden. Es decir, una administración peronista.

El pasado inmediato, en la mirada de Laborda, está teñido también de negatividades, más que nada porque al gobierno le aparecen adversarios donde antes no los tenía. Por ejemplo, en el sector empresarial y financiero, adonde ya no funcionan mordazas como en el período 2003-2007.

Se preocupa también por la posición de Sergio Massa, a cuyos asesores les atribuye el consejo de que dé un portazo si no se desatan los vientos de cambio en el INDEC y en el frente externo, dígase acuerdo con el Club de París. El mismo ánimo ve en Graciela Ocaña, que reclamaría a la Presidente que avale sus denuncias de presuntas irregularidades en el otorgamiento de subsidios a empresas y a obras sociales sindicales. Si así no lo hiciera, se animaría también a dar un portazo.

Ese panorama es para el columnista desolador, el gobierno aparentaría ser una nave a la deriva, sin viento de cola y con posibilidades de estrellarse contra un iceberg. Como auxilio de autoridad intelectual, cita el columnista una frase de Cicerón: «Todos los hombres pueden caer en un error, pero sólo los necios perseveran en él». Dramático para quienes comparten esta percepción que, sin duda, no alcanza a quienes ocupan la Casa de Gobierno y toman con displicencia estos augurios.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


El columnista titula la composición de ayer «Los Kirchner prefieren seguir así». Reseña el cambio de actitud de la sociedad desde que los números de la economía en lugar de sorprender, preocupan.

Como ejemplo de que Cristina de Kirchner no va a cambiar el rumbo, pone el caso de Guillermo Moreno, que sigue firme al frente de la Secretaría de Comercio y sigue manipulando el INDEC. Esta situación, según Van der Kooy, le fue quitando protagonismo al jefe de Gabinete, Sergio Massa, quien debió conformarse con que se cumplan en grageas algunas de sus sugerencias, como reducir el nivel de subsidios.

Massa, que piensa junto a los ministros más lógicos del gobierno que la Argentina debería normalizar su situación externa, debió desmentir que se vaya a pagar la deuda al Club de París y que se haga un trato con los tenedores de bonos que quedaron fuera del canje. Según Van der Kooy, el matrimonio presidencial no quiere negociar estas deudas porque no es el momento propicio, porque «sería trasuntar debilidad en el instante en que se arrojan enigmas sobre la economía».

«La cuestión de las apariencias es un trauma para el matrimonio, pero otro trauma es su vinculación con el mundo», agrega.

A continuación enumera los déficit de la Argentina en su relación con el mundo, del cual el más preocupante es la indiferencia que hay hacia la Argentina cuando se habla de Latinoamérica.

El analista descree que haya cambios. «Ocurre otra vez algo conocido en la trayectoria de los Kirchner, incluso en Santa Cruz. Oculto en un discurso de formato reformista anida en ambos un concepto bien conservador de la práctica política».

La conclusión del columnista es que mantendrán el maquillaje en el INDEC, apuntando hacia las elecciones de 2009. «Kirchner dejó su gobierno con un balance de cosas que hizo bien y otras mal.

Cristina enfrenta, en cambio, el riesgo de ser valorada en el futuro sólo por todo aquello que no se anima a hacer», concluye.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Esta semana el tema en el que coincidieron los analistas políticos es que el matrimonio Kirchner no va a cambiar el rumbo. Hace tiempo que la función presidencial dejó de ser identificada con la figura de Cristina de Kirchner.

Para Mariano Grondona, en su columna de «La Nación», el cambio que han hecho es «táctico», no «estratégico». Para el analista la meta de los Kirchner sigue siendo «obtener sobre los argentinos un poder total sin plazos en virtud de reelecciones sucesivas».

Como contrafigura, Grondona señala al demócrata Barack Obama con su consigna «hay que cambiar ya». «Obama pretende encarnar el poderoso deseo de cambios que hoy experimentan los norteamericanos».

El columnista indica que siendo los Kirchner «cortoplacistas» el objetivo es «ganar la elección intermedia de 2009, particularmente en la provincia de Buenos Aires» para preparar el camino a 2001.

La nota no tiene más datos relevantes. Al final Grondona opina que en las próximas elecciones la competencia no será partidaria sino «la lucha por un principio frente al cual el poder, que hasta ayer parecía inconmovible, podría demostrar finalmente lo que es en verdad: una burbuja salida de la crisis terminal de 2001, a punto de revelar su inconsistencia».

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