15 de abril 2008 - 00:00

El debate descoloca a opositores; hasta Carrió, precursora

La iniciativa del gobierno de lanzar una reforma de la ley de radiodifusión que impida la formación de oligopolios de información descoloca no sólo al kirchnerismo, que se benefició durante varios años del apoyo del monopolio «Clarín». También saca de escuadra a muchos opositores que reclaman ahora que el gobierno admita que también ayudó a la consolidación de ese conglomerado de prensa. Un gobierno peronista como el de Carlos Menem suspendió, a poco de asumir, la vigencia del artículo 45° de la Ley de Radiodifusión que impedía la posesión de medios gráficos y electrónicos en la misma zona de influencia, cláusula que venía trampeándose en los hechos pero que quedó derogada por una de las leyes de reforma de emergencia que promovió Menem. Otro gobierno peronista como el de Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires asoció a ese estado a una empresa del monopolio. También Duhalde promovió en 2002 la suspensiónde la figura del cram-down en la ley de quiebras para impedir que empresas endeudadas (como el Grupo «Clarín») pasaran a manos de sus acreedores, y después la llama ley cultural que limitó a los capitales extranjeros en empresas de medios. Néstor Kirchner como presidente le extendió al monopolio (y a otros grupos de medios audiovisuales) la licencia de sus canales de TV y, antes de dejar su oficina en diciembre pasado, le aprobó la fusión de las dos canales de cable (Multicanal y CableVisión). Entre las fuerzas que tratan de encontrar su perfil en este debate está la Coalición Cívica de Elisa Carrió, algunos de cuyos dirigentes, como Patricia Bullrich, se alinean en defensa del monopolio. Más reticente, Carrió recuerda sus viejas campañas contra el monopolio «Clarín», que no son de ahora. Cuando se discutió en el año 2002 la llama «ley cultural», al entonces diputada Carrió fustigó ese proyecto en estos términos:

En pleno debate lanzado por el gobierno sobre los monopolios de prensa, en pocas horas se conocerá una biografía «autorizada» del mandamás del monopolio «Clarín», Héctor Magnetto, de la cual adelantamos la portada.
En pleno debate lanzado por el gobierno sobre los monopolios de prensa, en pocas horas se conocerá una biografía «autorizada» del mandamás del monopolio «Clarín», Héctor Magnetto, de la cual adelantamos la portada.
«Señor presidente: el año pasado votamos por unanimidad la modificación de la ley de quiebras. Luego de eso vino una exigencia del Fondo Monetario Internacional para que se incorporara el cram-down, mediante la modificación de la modificación que habíamos hecho a la ley de quiebras. De modo que el texto del que estamos hablando constituía precisamente la exigencia del Fondo Monetario Internacional, contradictoria con lo que la Cámara había votado unos meses antes.

Lo que se está haciendo acá tiene nombre y apellido, y nosotros lo queremos decir muy claramente. Se trata precisamente de respetar la dignidad nacional de los señores diputados nacionales y el interés nacional de todas las empresas nacionales, no sólo de «Clarín» y «La Nación».

Un Parlamento que hace dos días dijo que iba a cambiar no puede dictar una ley que otorgue un privilegio a empresas con nombre y apellido en desmedro de las restantes empresas nacionales. Esto último nos torna indignos a nosotros y nos hace dictar una ley claramente inconstitucional por ser violatoria del artículo 16 de la Constitución Nacional.

¿Cuál es la razón para excluir del cramdown a «La Nación» y a «Clarín» y no al sector agropecuario o al metalúrgico, cuando además el cram-down no es salvataje en la Argentina sino el medio para que los bancos se apoderen de las empresas argentinas? Esto es así porque cuando votamos esa ley no se puso ninguna condición en el sentido de que se mantuviera la empresa, con lo cual podrán desguazarla para hacer más monopólico el mercado argentino. Entonces, digamos la verdad.

  • Cram-down

    Propongo que en vez de sancionar leyes inconstitucionales y tener personas allí controlando qué diputados votan y cuáles no, deroguemos el artículo del cram-down para todas las empresas. Porque nosotros estuvimos en contra de este instituto, y si hoy lo derogamos para todas las empresas nosotros votaremos afirmativamente. No estamos votando para los grupos, sino para el interés nacional de todas las empresas argentinas. Pero no podemos hacer esto que estamos haciendo.

    Por último, ¿de qué interés nacional estamos hablando? ¿Los negocios de un grupo periodístico responden al interés nacional? ¿Cuándo esos grupos defendieron el interés nacional, si defienden sus propios intereses empresarios? El presidente electo dice que algunos diarios no responden al interés nacional, ¿de qué interés nacional estamos hablando?

    Señalo esto porque realmente me resulta muy dolorosa nuestra propia indignidad. Entonces proponemos claramente el rechazo a este artículo y que esta Cámara derogue el artículo 48, con lo cual solucionaremos el problema a todos los empresarios nacionales, no a dos o tres de ellos.

    Por eso no dimos quórum, no porque no queremos estar aquí sino para que esto no se haga en nuestro nombre, con nuestra complicidad. Esta es la verdad, lo sabemos todos, cada uno de los que estamos sentados en estas bancas.

    Les pido que reflexionen. Si igualmente pueden estar beneficiadas estas empresas y beneficiar al resto de las empresas nacionales. ¿Cómo vamos a poder explicar esto a través de la historia? Es vergonzoso y yo denuncio en esta Cámara el lobby escandaloso, de carniceros, que se ha hecho durante muchos meses a cada uno de los diputados y bloques de esta Cámara. Lo denuncié con la ley de salud reproductiva, cuando sectores de la Iglesia hacían el mismo lobby. Sería injusta si ahora no denuncio en esta Cámara de Diputados el lobby escandaloso y vergonzoso, con empleados de empresas circulando por cada uno de los despachos y llamando a cada uno de los lugares para presionar.

    Defendamos a todas las empresas. Porque es cierto que las empresas periodísticas nacionales deben ser defendidas, pero no pueden ser defendidas sólo ellas a costa del resto de las empresas nacionales.»
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