18 de octubre 2001 - 00:00

Es difícil de producir

París (AFP) - La temible bacteria del ántrax constituye una amenaza tanto más seria si se considera que no es difícil encontrarla ni muy difícil cultivarla. La dificultad radica, más bien, en su producción a un nivel masivo y «militar» y en su diseminación en áreas pobladas.

El mal es endémico en varios países y hay más de 100 laboratorios veterinarios que lo manipulan, indicó ayer Olivier Lepick, de la Fundación para la Investigación Estratégica y autor de un libro sobre armas químicas y biológicas. Sus fuentes no faltan: un animal enfermo, un sitio contaminado. Los terroristas podrían robar los bacilos e incluso beneficiarse de las investigaciones realizadas por algún Estado.

Fosa tecnológica

Lepick precisa que entre el envío de cartas contaminadas como en Nueva York, Washington y Florida y atentados en gran escala hay una «fosa tecnológica» que al parecer todavía no ha sido posible saltar.

Para tener efectos peores habría, como han hecho los rusos, que «militarizar» la bacteria volviéndola más patógena, más resistente a los antibióticos y darle un vector misilístico capaz de difundirla eficazmente.

Una cuestión central es el tamaño de las esporas (especie de caparazones muy resistentes al medio ambiente en las que se refugian los bacilos). Si éstas son muy grandes son detenidas por las barretas protectoras del organismo, como los pelos de la nariz y los hilos de los bronquios. Y si son muy pequeñas, podrán entrar en los pulmones pero también podrán salir, explicó Lepick.

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