Finalmente viene Chávez

Política

Duró pocas horas el festejo del gobierno: Hugo Chávez estará el fin de semana en Buenos Aires pese al problema de agenda que había insinuado. Su visita no puede ser más incómoda para Néstor Kirchner, quien además de temer que le «contaminen» a Aníbal Ibarra, recibe por las mismas horas al enviado de George Bush, Roger Noriega. Este, encargado de América Latina del Departamento de Estado, es uno de los funcionarios a los que Venezuela imputó el golpe de hace un año y medio contra Chávez.

Hugo Chávez visitará Buenos Aires y permanecerá en la Ciudad cuatro días. Obligó así a la Cancillería a desmentir la información divulgada por su oficina de prensa el martes por la noche. Se había dicho que el presidente de Venezuela postergaría su viaje a la Argentina para setiembre. Al parecer se trató solamente de un malentendido. Chávez tuvo un problema de agenda que no explicitó y pidió postergar la llegada un par de días. Kirchner, para no ser menos, también adujo compromisos previos, por lo que la cartera de Rafael Bielsa sugirió que la visita se realizara en setiembre. Fue esta opción la que no aceptó el venezolano, quien ratificó el cronograma originario. Ayer llamó personalmente a Kirchner para decirle que estaría en Buenos Aires el sábado, después de asistir a la asunción del nuevo presidente de Paraguay, Nicanor Duarte Frutos. Conclusión: Chávez visitará Buenos Aires, llegará el sábado, tendrá una intensa agenda política y recién el martes se entrevistará con su colega Kirchner.

Hasta aquí, una historia casi burocrática, que sólo puede atrapar los expertos en protocolo del Palacio San Martín. Pero existen algunos datos que obligan a pensar en una trama distinta. Amigos argentinos de Chávez, que están preparando sus actividades políticas, aclararon ayer a este diario que en ningún momento tuvieron dudas sobre la visita. Confesaron no comprender las razones del anuncio de la Cancillería sobre su suspensión y especularon sobre motivaciones políticas poco claras. Ninguno de estos «bolivarianos» de la Argentina tiene antipatía por el gobierno de Kirchner. Más bien todo lo contrario.

• Incomodidad

Puesta sobre la gira de Chávez, la lupa delata la creciente incomodidad del gobierno. La fortuna de Aníbal Ibarra se ha vuelto azarosa y ahora cualquier brisa puede derrumbar el barrilete que con tan poca dificultad subía hace un par de semanas. ¿Podrían los elogios de Chávez al gobierno de Kirchner afectar al veleidoso electorado de clase media porteño y volcarlo hacia Mauricio Macri de manera irreversible? Los estrategas de campaña del jefe de Gobierno creen que sí. No habrá fotos de Ibarra con el militar «bolivariano», a diferencia de otras ocasiones en que el candidato pedía a los diarios que publiquen su retrato con Chávez y Fidel Castro, como sucedió en la asunción de Lula Da Silva.

• Negociación

Kirchner también quiere evitar alguna «contaminación». No sólo está obsesionado por las fluctuaciones porteñas. Además, está en plena negociación con el Fondo Monetario Internacional, es decir, depende más que nunca de «hacer buena letra» con gente a la que Chávez le resulta totalmente inconveniente. Para peor, el cable azul promete tocarse con el colorado justamente en Buenos Aires: el martes estará también Roger Noriega, subsecretario de Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos, visitando a Kirchner. Por suerte el despacho presidencial tiene doble circulación y habrá maneras de que este «washingtoniano» no se cruce con el «bolivariano» en un pasillo. A Noriega los «chavistas» le imputan haber actuado en la conspiración que desembocó en el golpe de Estado que tuvo a su jefe fuera del poder por un par de días, hace más de un año.

Hay más indicios de que la visita de este «amigo latinoamericano» terminó siendo inoportuna o de que Noriega juega fuerte y le creó un problema a todos sus anfitriones (también a Jorge Batlle, a quien los dos peregrinos visitarán en Montevideo). Chávez llegará el sábado pero deberá internarse en el hotel Four Seasons sin ver a Kirchner hasta el martes. Con el Presidente habrá pocas apariciones públicas. Compartirán un almuerzo en el Palacio San Martín (no habrá cena de gala en Olivos), se realizará una reunión conjunta en el Congreso (no una asamblea legislativa) y nadie está seguro de que se vaya a brindar una conferencia de prensa conjunta.

Por suerte Chávez tiene amigos políticos en la Capital, que le preparan una entrevista con las Madres de Plaza de Mayo, una clase magistral en la Facultad de Medicina y un encuentro con intelectuales en el teatro ND Ateneo. Este último capítulo está en manos de Enrique «Pepe» Albistur, el secretario de Medios de Comunicación del gobierno, quien «no baja las banderas», como aquellos radicales que se negaron a convalidar las leyes de Punto Final y Obediencia Debida en los '80. Sólo faltaron los piqueteros: en su reciente viaje a Venezuela, Juan Carlos Alderete había prometido la cancha de Racing, pero ahora tiene «problemas de agenda». Al parecer, también le teme a Noriega.

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