Misión imposible: gremios de CTA pedirán hoy volver a CGT

Política

La central que encabeza Hugo Yasky hará hoy un congreso con la participación de Alberto Fernández y Hugo Moyano.

El sindicalismo hará hoy una exhibición de unidad con vistas al cambio de gobierno pero que quedará sólo en anuncios: con el auspicio y la presencia de Alberto Fernández y Hugo Moyano, la CTA de los Trabajadores votará por abrir una negociación para el retorno de sus gremios a la CGT luego de un cuarto de siglo de enfrentamientos. La gestión, destinada al fracaso a pesar de tener al candidato del Frente de Todos como principal promotor, servirá al menos como fotografía para la campaña electoral en un acto donde también participarán Máximo Kirchner y Verónica Magario.

Será esta tarde a partir de las 15 en el microestadio de Lanús con la convocatoria formal del Congreso anual de la central alternativa que conduce el docente Hugo Yasky. El gremialista someterá a debate y logrará el aval de la dirigencia que lo respalda para iniciar el trámite de vuelta de las organizaciones que componen esa CTA a la CGT. También se resolverá el apoyo formal de la central al Frente de Todos y al propósito de Alberto Fernández de convocar a un acuerdo económico y social.

El acto tendrá como principal resultado una foto de buenas intenciones que le servirá al postulante peronista como carnet de gobernabilidad un día después de haber expuesto ante la mesa directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA). Además de Fernández acompañarán a Yasky los camioneros Hugo y Pablo Moyano, el bancario Sergio Palazzo y el mecánico Mario Manrique (Smata, adjunto de Ricardo Pignanelli), todos al margen de la conducción formal de la CGT.

El carácter meramente enunciativo y voluntarista del anuncio de hoy quedó patente con los presentes confirmados: ninguno de ellos integra el Consejo Directivo de la CGT, más allá de que los organizadores daban por sentado que al menos uno de ellos irá. Las razones que preanuncian que el operativo retorno se verá frustrado tienen una raíz puramente sindical y otra política: el grueso de la dirigencia tradicional objeta el historial “izquierdista” que le asignan a los actuales referentes de la CTA, y también rechaza concederle a Alberto Fernández el rol de decisor en el movimiento obrero.

Además, facilitar el arribo a la CGT de los líderes de la central alterna puede convertirse en un búmeran para los “gordos” de los grandes gremios de servicios y los “independientes”, los sectores más afincados y que sostienen la actual conducción, en vista de la cercanía expresa de Yasky y sus aliados a Hugo Moyano, el principal rival interno de Héctor Daer y Carlos Acuña.

Daer, de hecho, fue un gestor inicial del desembarco de la CTA en cumplimiento de un pedido de Alberto Fernández. Pero chocó la semana pasada con la negativa rotunda de la “mesa chica” de la CGT. Algunos detractores: Roberto Fernández (UTA, colectiveros) por la participación en la CTA de los “metrodelegados” que se asentaron en el subte a sus espaldas; Sergio Romero (docentes, UDA), por la competencia del sello mayoritario Ctera en el rubro educativo, Omar Maturano (maquinistas de trenes, La Fraternidad), refractario a cualquier tendencia de izquierda, y el resto de la plana mayor de dirigentes de la industria y los servicios que forma parte de la conducción.

Un razonamiento habitual en la CGT en los últimos días señalaba que la CTA se constituyó con el argumento central de la denuncia contra la mayor organización sindical por burocrática y dialoguista. Hasta ayer todo indicaba que no se les cerrarán las puertas definitivamente a los sindicatos que la componen pero el planteo quedará sujeto a un estudio detallado y de conclusión indefinida. En el mejor de los casos, dijeron en Azopardo, podrá exponerse en el eventual congreso de renovación de autoridades pautado para agosto del año que viene.

Yasky y sus aliados tenían la maniobra en planes desde hacía más de un año. Incluso cuando Mauricio Macri se encontraba carrera y con grandes chances de reelegir. De hecho, gremios como los docentes que componen la Ctera nunca dejaron de integrar formalmente la CGT: según pudo establecer este diario, simplemente dejaron de pagar la cuota de afiliación pero jamás fueron expulsados. La vuelta, en ese sentido, demandaría o bien un plan de pagos o una condonación de deudas.

La división de la CTA entre la de los Trabajadores y la Autónoma, que en la actualidad conducen Ricardo Peidró (visitadores médicos) y Hugo “Cachorro” Godoy (estatales, ATE) dejó a la central de Yasky sólo con un puñado de gremios en condiciones de regresar eventualmente a la CGT. En esa condición –que implicaría contar con personería jurídica plena y no competir con otras organizaciones afiliadas a la central mayor- se encuentran muy pocas organizaciones, entre ellas la Asociación del Personal Aeronáutico (APA).

Por lo demás, la entidad creció desde su creación en 1992 con la incorporación de gremios sin pleno reconocimiento legal (con inscripción pero no personería) o de organizaciones sociales y de la sociedad civil como la Tupac Amaru, de Milagro Sala, o la Federación de Tierra y Vivienda, de Luis D’Elía.

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