17 de enero 2003 - 00:00

Las postales de una extraña renovación

Jorge Telerman y Lorenzo Pepe, ambos primaverales, dialogaban ayer en San Vicente sobre Cultura. Uno es secretario del área de Aníbal Ibarra; el otro, jefe de la superpoblada Biblioteca del Congreso.
Jorge Telerman y Lorenzo Pepe, ambos primaverales, dialogaban ayer en San Vicente sobre Cultura. Uno es secretario del área de Aníbal Ibarra; el otro, jefe de la superpoblada Biblioteca del Congreso.
Eduardo Duhalde lanzó ayer una curiosa «renovación» desde la quinta de San Vicente: desde Gustavo Béliz a Juan Carlos Mazzón, pasando por su ex vocero Jorge Telerman -infaltable a la hora de inaugurar lealtades-y los inefables Hugos del PJ de Buenos Aires, Toledo y Curto. Todos bajo la advocación de Néstor Kirchner, quien parecía mirar hacia un costado ante algunas imperfecciones del nuevo emprendimiento.

Para comenzar, resultó inesperada la animada tertulia entre Béliz y Mazzón. Hasta compartieron butacas vecinas, durante el lanzamiento de Lupín, quien logró lo que no pudo Carlos Menem: unir al otrora joven ministro del Interior con la ex mano izquierda de José Luis Manzano. Basta recordar que, cuando dio el portazo a la cartera política, Béliz denunció que había estado sentado «en un nido de víboras», algo que sonó ofensivo a oídos de Manzano y, por supuesto, de Mazzón, a quienes había ido a reemplazar (algún día el ex senador de Río Negro, Remo Costanzo, contará cómo lo hicieron representante de su provincia en la Cámara Alta y quedará explicado en qué consiste la «renovación» según Mazzón).

A Telerman y Lorenzo Pepe se los puede catalogar de «renovadores raros», ya que hasta en verano lucen primaverales. Pepe mantuvo un animado aparte con Telerman, a quien contempla como un discípulo, algo así como aquél «pequeño saltamontes» de Kung Fu.

La apoteosis de la «renovación» de Kirchner se resumió en 3 nombres: el responsable de Aduanas Mario Das Neves (sobre quien pesan varios pedidos de informes referidos a containers destinados a la acción social), el vandorista Curto y Toledo, «ministro» de Obras Públicas que ejerce el cargo mientras aclara: «Yo no existo».

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